A los 82 años, el cantante salteño Zamba Quipildor confirmó que ya piensa en retirarse y adelantó que trabaja en un espectáculo de despedida para 2026, luego de más de seis décadas difundiendo la Misa Criolla en Argentina y el mundo. El anuncio llegó después de un show especial en la Explanada del Palacio Libertad, en Buenos Aires, donde compartió escenario con figuras de la música popular y lo presentó como una de sus últimas grandes apariciones públicas.
El histórico cantor salteño Zamba Quipildor, referente indiscutido de la Misa Criolla, anunció que comenzó a organizar su retiro artístico con un concierto final previsto para 2026, pensado como una despedida que quede grabada en la memoria de su público. Con 82 años recién cumplidos, el músico adelantó que ese espectáculo marcará el cierre formal de más de 60 años sobre los escenarios, tanto en el país como en el exterior.
Antes de este anuncio, Zamba Quipildor protagonizó un show en la Explanada del Palacio Libertad, en la ciudad de Buenos Aires, al que presentó como una de sus últimas actuaciones masivas. Allí volvió a poner en el centro a la Misa Criolla de Ariel Ramírez, la obra que lo acompañó a lo largo de su carrera y que lo llevó a cantar en salas de distintos continentes.
En una entrevista reciente, el artista explicó que su decisión de dar un paso al costado no está ligada a cuestiones laborales, sino principalmente a motivos familiares. Dijo que busca disponer de tiempo para sus ocho hijos, sus treinta y cuatro nietos y sus catorce bisnietos, con quienes quiere compartir una etapa distinta, lejos del ritmo intenso de giras, ensayos y viajes constantes.
Zamba Quipildor mira el retiro tras seis décadas de trayectoria
Durante la charla, Zamba Quipildor recordó que su nombre completo es Gregorio Nacianceno Quipildor y que su historia artística empezó en el norte argentino, cantando en provincias como Jujuy, Salta y Tucumán. Señaló que, si bien en Buenos Aires suma 55 años de carrera, el recorrido total llega a seis décadas desde aquellos primeros escenarios en la región.
“Uno está culminando 60 años de trayectoria”, resumió, al repasar ese camino que lo llevó de festivales y peñas del norte a teatros líricos de otros países. El músico remarcó que siempre vivió su oficio como “un placer” y habló de la música como un verdadero abrazo cultural, donde se mezclan paisajes, costumbres y la identidad de su gente.
En esa línea, Zamba Quipildor subrayó que la Misa Criolla se transformó con el tiempo en el eje central de su propuesta artística. Relató que, desde la década del 70, llevó la obra de Ariel Ramírez a escenarios de distintas partes del mundo y destacó que esa experiencia le permitió mostrar sonidos e instrumentos propios de la región andina y del folclore argentino ante públicos muy diversos.
El intérprete contó que comenzó a cantar la Misa Criolla a partir de una invitación directa de su autor. Recordó que Ariel Ramírez lo escuchó en vivo y, a partir de ahí, lo convocó al proyecto en 1974, luego de una prueba en su casa-estudio del barrio porteño de Belgrano. Desde entonces, la obra se convirtió en marca registrada de Zamba Quipildor y en una referencia obligada en cada presentación importante.
Según relató, llegó a interpretar la Misa Criolla en “noventa países” y en “teatros líricos de todo el mundo”, donde la pieza fue recibida como una obra clásica por la combinación entre coro, piano, percusión e instrumentos regionales como charango, siku y quena. Afirmó que, en las giras junto a Ramírez, las entradas se agotaban con rapidez y que cada función cargaba con la responsabilidad de representar al “pueblo argentino, el paisaje y las costumbres”.
Un show emotivo en Palacio Libertad y la decisión de priorizar a la familia
El recital en la Explanada del Palacio Libertad, en Buenos Aires, fue uno de los hitos de esta etapa final para Zamba Quipildor. El salteño lo describió como una verdadera celebración entre amigos y colegas, donde se reencontró con artistas con los que comparte escenarios y anécdotas desde hace décadas.
En esa ocasión, estuvo acompañado por Chaqueño Palavecino, Jairo, Sandra Mihanovich, Carlos Di Fulvio, Tomás Lipán, Las Hermanas Vera, Adelina Villanueva y el Coro Nacional de Música Argentina (Conama), entre otros invitados. El repertorio giró casi por completo alrededor de la Misa Criolla, reafirmando el lugar central que ocupa esa obra en la carrera de Zamba Quipildor y en la historia reciente de la música popular argentina.
Sobre la relación con sus colegas, el cantor recordó especialmente el vínculo con Chaqueño Palavecino. Contó que ambos trabajaron como choferes de colectivo en distintos recorridos y que esa coincidencia fortaleció una amistad de años. También destacó la presencia de Jairo, a quien definió como amigo y con quien comparte recuerdos de múltiples versiones de la Misa Criolla junto a Ariel Ramírez.
Al hablar de su futuro inmediato, Zamba Quipildor insistió en que el retiro de los escenarios responde a una necesidad personal. Dijo que tiene a su familia distribuida en distintos puntos del país, con parientes que viven desde Río Gallegos hasta Tartagal, y que hoy le resulta imposible reunirlos a todos por las obligaciones de su agenda artística.
La Misa Criolla, corazón de la obra de Quipildor
Para el cantante salteño, la Misa Criolla no es solo una pieza clave de su repertorio, sino también una forma de transmitir un mensaje de encuentro entre personas con creencias y posiciones distintas. Expresó que se emociona profundamente cada vez que la interpreta, porque entiende que “el mundo necesita realmente un encuentro humanístico, más allá de las diferencias políticas y religiosas”.
En esa misma línea, sostuvo que la obra convoca a públicos de distintas clases sociales y espacios ideológicos, y que ese cruce se repite en cada presentación. Zamba Quipildor remarcó que la Misa Criolla permite unir a gente con miradas muy diferentes, pero que se reconoce en la fuerza de la música y la tradición, algo que él mismo vio repetirse en escenarios de Argentina y de otros países a lo largo de los años.
De cara al cierre definitivo de su carrera, el artista adelantó que, una vez que baje el telón del espectáculo de despedida programado para 2026, su objetivo será visitar a cada uno de sus familiares. Contó que quiere ir a verlos personalmente y “darles un abrazo” luego de tantos años en los que su vida estuvo marcada por viajes, escenarios y compromisos profesionales.
Zamba Quipildor reiteró que, pese al retiro, la huella de la Misa Criolla y de las giras que realizó desde los años 70 seguirá presente en quienes lo acompañaron durante estas seis décadas, y recordó que su última gran meta artística es concretar ese concierto final que ya comenzó a planear.

