Celebraciones del Viernes Santo y vía crucis en distintas iglesias del mundo

Procesiones, ayuno, liturgias y símbolos marcan el Viernes Santo y el vía crucis en comunidades cristianas de diversos países.

Las celebraciones del Viernes Santo y el tradicional vía crucis se viven con fuerza en distintas partes del mundo, con procesiones, ayuno y oraciones que recuerdan la Pasión y muerte de Jesús. Desde templos católicos hasta comunidades anglicanas, luteranas y metodistas, la fecha se marca con ritos sobrios, recorridos religiosos y liturgias especiales, donde no hay misa pero sí comunión y momentos de reflexión. En varios países, las calles se llenan de imágenes y cruces, mientras dentro de las iglesias se sigue un esquema litúrgico que casi no cambió en siglos.

Procesiones de Viernes Santo y vía crucis en las calles y templos

En numerosos países, el Viernes Santo se expresa en las calles con procesiones y vía crucis públicos, que mezclan tradición, silencio y mucha participación popular. En ciudades italianas como Enna y Messina, en Valladolid en España y en distintos puntos de Ecuador, se organizan desfiles religiosos donde se cargan cruces, se llevan estandartes y se exhiben imágenes de la Pasión de Cristo. En algunos de estos lugares, esas escenas se conocen como «Barette» y forman parte del calendario religioso y cultural de cada año.

Además de estas manifestaciones, el inicio de este tiempo especial para los cristianos se da la tarde del Jueves Santo, cuando comienza el Triduo Pascual. Esa celebración vespertina abre una secuencia de tres días que termina en la Pascua, y desde ese momento el clima en los templos cambia para darle paso al recogimiento. Aunque en inglés el día se llama «bueno», la jornada del Viernes se vive en clave de duelo y silencio, con énfasis en el recuerdo de la crucifixión.

En este contexto, muchas confesiones cristianas organizan el vía crucis como acto central del Viernes Santo, ya sea con recorridos procesionales que pasan estación por estación o con ejercicios de oración dentro de las iglesias. Algunas comunidades lo realizan al aire libre, guiado por sacerdotes o pastores, mientras que otras optan por meditaciones individuales frente a imágenes o cruces dispuestas en el templo.

En países como Malta, Filipinas, Italia y España, la devoción popular se nota de manera especial en las procesiones. Esculturas que representan distintos momentos de la Pasión recorren las calles acompañadas por fieles, bandas de música sacra y cofradías. Estas salidas se suman a las ceremonias que se realizan dentro de las iglesias, donde, según define la Iglesia católica, «La Iglesia llora la muerte de Cristo, venera la cruz y se maravilla de su vida por su obediencia hasta la muerte».

Ayuno, disciplina sacramental y liturgia central del día

El ayuno tiene un lugar clave en la práctica del Viernes Santo como jornada de penitencia y sobriedad para diferentes denominaciones cristianas. Entre católicos, metodistas, luteranos, reformados y anglicanos, la fecha se considera de ayuno prolongado. En el ámbito luterano, el «Manual para la disciplina de la Cuaresma» aconseja «ayunar el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo con una sola comida sencilla durante el día, normalmente sin carne».

En la Iglesia católica de Occidente, la norma permite realizar solo una comida completa y, si hace falta, dos colaciones pequeñas que en conjunto no igualen una comida principal. La Comunión Anglicana, en cambio, define el ayuno de forma más general, como «La reducción de la cantidad de comida ingerida». Pese a estas diferencias, el sentido común es el mismo: marcar el día con una renuncia concreta a la comida habitual, ligada a la memoria de la Pasión.

En lo que respecta a los sacramentos, el Viernes Santo tiene reglas específicas dentro de la Iglesia católica. Ese día únicamente se administran el sacramento de la penitencia y la unción de los enfermos. No se celebra misa, aunque sí se distribuye la comunión durante la llamada Celebración de la Pasión del Señor, y también se puede llevar la Eucaristía a quienes no pueden participar por enfermedad u otra razón.

En el rito romano, la celebración más importante del día recibe el nombre de Celebración de la Pasión del Señor y, de manera habitual, se realiza por la tarde, con preferencia a las 15, aunque se permite un horario posterior por motivos pastorales. Esta liturgia se organiza en tres partes definidas: primero, la liturgia de la palabra; luego, la veneración de la cruz; y finalmente, la comunión con las hostias consagradas en la misa del Jueves Santo.

Ese esquema reemplaza a la misa, que está expresamente prohibida el Viernes Santo. Históricamente, antes de las reformas de Pío XII, existía la «Misa de los Presantificados», en la que solo comulgaba el sacerdote y se conservaban las oraciones del Ofertorio y la preparación del cáliz, pero sin el Canon de la Misa. Con el tiempo, ese modelo fue sustituido por la estructura actual, donde la participación de los fieles en la comunión es habitual.

Lecturas bíblicas, veneración de la cruz y comunión

La liturgia de la palabra del Viernes Santo comienza con un gesto particular: tras llegar al altar, el celebrante se postra en silencio, mientras la asamblea se arrodilla. Luego se proclaman textos bíblicos que remiten directamente al sufrimiento de Jesús, entre ellos el pasaje de Isaías 53, referido al Siervo Sufriente, y fragmentos de la Epístola a los Hebreos. Después se lee o se canta la Pasión según el Evangelio de Juan, que muchas veces se reparte entre varios lectores o cantores.

Más tarde se realizan las llamadas intercesiones generales, donde se reza por distintas intenciones: la Iglesia, el Papa, los judíos, quienes no son cristianos, quienes no creen y otras necesidades. La segunda parte de la celebración está dedicada a la veneración de la cruz, con la presentación solemne de un crucifijo que se va descubriendo de a poco frente a los fieles. Los asistentes pasan a adorarlo, casi siempre de rodillas, mientras se cantan los «Reproches» u otros cantos propios del día.

En el último tramo, se reparten las hostias reservadas desde la misa del Jueves Santo. Aunque se puede usar música durante distintos momentos de esta liturgia, no se emplea para abrir ni para cerrar la celebración, y al final no hay procesión de salida. Todo el esquema refuerza el carácter austero de la fecha y se vincula con el clima que también se vive en muchos vía crucis organizados en parroquias y comunidades.

Signos visibles en los templos y prácticas devocionales asociadas

El ambiente del Viernes Santo se nota también en cómo se preparan las iglesias. En los templos católicos, fuera de la celebración principal de la tarde, el altar queda sin mantel, sin candelabros y sin cruz. En las iglesias luteranas y metodistas, en cambio, se acostumbra cubrir el altar con un paño negro. Además, en muchos lugares se vacía el agua de las pilas de agua bendita, como preparación para la bendición del agua durante la Vigilia Pascual.

Las vestiduras litúrgicas también cambian según la tradición. En la Iglesia católica se usan paramentos rojos para esta jornada, mientras que en las iglesias luterana, metodista y presbiteriana predomina el negro, color que también era el habitual en el rito romano hasta 1970. Cuando la celebración está presidida por un obispo, se indica que use una mitra sencilla, acorde al tono sobrio del día.

En cuanto a los símbolos, se mantienen diversas costumbres antiguas. En algunos lugares, sobre todo en Inglaterra, se colocaba un ostensorio velado con el Santísimo Sacramento o una cruz en un espacio llamado Santo Sepulcro. Cuando los crucifijos permanecieron cubiertos desde el penúltimo domingo de Cuaresma, se descubren al terminar la liturgia del Viernes Santo, sin un rito especial. Según los especialistas, la sencillez de la jornada ayudó a que el esquema general de la celebración se mantenga casi sin cambios durante siglos.

En varias parroquias de la Iglesia Anglicana, la Iglesia Católica, la Iglesia Luterana y la Iglesia Metodista se realiza la llamada «Devoción de las Tres Horas». Este ejercicio combina sermones y cantos dedicados a las Siete últimas palabras de Jesús en la cruz, más una introducción y una conclusión. Otro acto de piedad muy difundido en el Viernes Santo es el rezo de las Estaciones de la Cruz, que puede hacerse dentro del templo o en circuitos al aire libre, en muchos casos como vía crucis comunitario.

En Roma, la realización del vía crucis en el Coliseo, con la participación del Papa, se consolidó como una cita regular para esta fecha, seguida por fieles de todo el mundo a través de transmisiones y medios de comunicación. Ese mismo día comienza la Novena a la Divina Misericordia, que se extiende hasta el sábado anterior al llamado Día de la Misericordia, de acuerdo con la indicación de que «La Divina Misericordia comienza ese día y dura hasta el sábado anterior al Día de la Misericordia».

Otras tradiciones cristianas, como la Iglesia Morava, tienen prácticas propias para este día. Sus fieles celebran una Fiesta del Amor el Viernes Santo, ya que la Sagrada Comunión la reciben el Jueves Santo. Además, entre los creyentes moravos sigue vigente la costumbre de dedicar la jornada a la limpieza de las lápidas en los cementerios de esa confesión, enlazando así la memoria de la Pasión con el recuerdo de sus difuntos.

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