Tensión por las disputas entre Irán y EE.UU encienden las alarmas por el comercio mundial

La nueva crisis en el Estrecho de Ormuz encendió alertas globales por el posible freno al transporte de petróleo y gas que sale del Golfo Pérsico.

Las disputas entre Irán y EEUU por el Estrecho de Ormuz volvieron a concentrar la mirada del mundo luego de una nueva escalada militar en la zona, en la que también quedó involucrado Israel. El aumento de la tensión disparó el temor a un cierre parcial o total de este corredor marítimo, uno de los puntos más sensibles del planeta para el envío de petróleo y gas desde el Golfo Pérsico hacia los grandes centros de consumo. Analistas advierten que cualquier bloqueo podría sacudir los mercados energéticos internacionales.

El conflicto por el Estrecho de Ormuz lleva años, pero los últimos movimientos lo empujaron otra vez al centro de la agenda global. De un lado está Irán, que controla la orilla norte; del otro, Estados Unidos y sus aliados, con fuerte presencia militar en la región y una fuerte dependencia del flujo de hidrocarburos que pasa por allí hacia socios estratégicos de Asia.

En este contexto, las recientes amenazas cruzadas entre Teherán y Washington reavivaron los temores a un choque directo, mientras los operadores de barcos petroleros comenzaron a recalcular rutas y seguros ante un escenario más riesgoso.

Amenazas en el estrecho y advertencias a los barcos comerciales

El clima se puso aún más tenso después de los últimos ataques militares en la región y de la muerte del líder supremo iraní Alí Jameneí, un hecho que agudizó la incertidumbre política dentro de Irán. Tras estos episodios, la Guardia Revolucionaria Islámica lanzó una advertencia directa a las embarcaciones que cruzan el Estrecho de Ormuz, señalando que los buques que ingresen al corredor podrían ser considerados objetivos militares.

Ese mensaje tuvo un efecto inmediato en la actividad de la zona. Según estimaciones de operadores marítimos, el tránsito de barcos habría caído alrededor de un 80%, ya que muchas navieras decidieron reducir al mínimo sus viajes por el corredor mientras se mantiene el riesgo de ataques o bloqueos. Varias compañías de transporte internacional suspendieron sus operaciones por motivos de seguridad, lo que generó un reacomodamiento forzado de rutas.

Las empresas que todavía siguen navegando por el Estrecho de Ormuz lo hacen con mayores medidas de protección, pólizas de seguro más caras y estrictos protocolos de seguimiento satelital. A pesar de esas precauciones, la incertidumbre por las disputas entre Irán y EEUU se mantiene alta y cualquier incidente puede escalar rápidamente.

El temor de los mercados no solo pasa por un ataque directo, sino también por la posibilidad de controles o demoras impuestas por fuerzas militares en la zona, lo que ya genera sobrecostos y presiona sobre los precios del crudo y el gas.

Respuesta de EE.UU y el rol de Israel en la escalada regional

En paralelo a las advertencias iraníes, desde Washington subió el tono de la confrontación. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, emitió una señal de firmeza frente a cualquier intento de bloquear el paso de hidrocarburos por el Estrecho de Ormuz. “Si Irán detiene el flujo de petróleo en el Estrecho de Ormuz, Estados Unidos responderá veinte veces más fuerte”, aseguró el mandatario, subrayando la importancia estratégica del corredor para el abastecimiento energético global.

Esta declaración se sumó a la ya tensa situación regional, donde Israel también viene teniendo un papel activo en operaciones militares y tareas de inteligencia ligadas a Irán. La combinación de estos factores elevó el riesgo de que un incidente puntual derive en un choque mayor entre potencias, algo que los mercados observan con especial atención.

La presencia militar estadounidense en las inmediaciones del Estrecho de Ormuz, sumada a bases y aliados en el Golfo, refuerza el mensaje de que Washington no está dispuesto a permitir que se corte el suministro. Sin embargo, la capacidad de Irán para ejercer presión en la zona, tanto con fuerzas navales como con misiles y drones, muestra que el equilibrio es frágil.

En este tablero, cada movimiento se mide al milímetro: mientras Irán busca mostrar poder de disuasión sobre el Estrecho de Ormuz, EEUU intenta dejar claro que cualquier bloqueo al transporte de energía tendrá una respuesta dura, lo que mantiene las disputas al rojo vivo.

Por qué el estrecho de Ormuz es clave para el petróleo y el gas

El Estrecho de Ormuz es un paso marino angosto ubicado entre Irán, al norte, y Omán junto con Emiratos Árabes Unidos, al sur. Su función principal es conectar el Golfo Pérsico con el Golfo de Omán y el Mar Arábigo, convirtiéndose en la salida obligada del crudo y el gas que produce la región. Por esa razón se lo considera uno de los puntos geopolíticos más sensibles del mundo.

Aunque en su parte más ancha llega a medir entre 55 y 95 kilómetros, las franjas destinadas a la navegación segura de los grandes petroleros son mucho menores. Los carriles marcados para el tráfico en doble sentido rondan los 3 kilómetros de ancho cada uno, lo que transforma al estrecho en un verdadero “cuello de botella” para el comercio mundial de hidrocarburos.

Por estas aguas circulan a diario cerca de 20 millones de barriles de petróleo, volumen que equivale aproximadamente al 20% del suministro global de crudo. Además, por la misma ruta sale una parte importante del gas natural licuado que exportan los países del Golfo hacia distintos destinos.

Entre los principales productores que dependen de esta vía se encuentran Arabia Saudita, Irak, Kuwait, Irán y Emiratos Árabes Unidos. Una proporción significativa de ese petróleo se dirige a economías asiáticas como China, India, Japón y Corea del Sur, que necesitan fuertes importaciones de energía para sostener su actividad interna.

Impacto en los precios internacionales y falta de rutas alternativas

Especialistas en energía remarcan que cualquier alteración en el flujo de barcos por el Estrecho de Ormuz se refleja rápidamente en las cotizaciones del petróleo y el gas. La sola reducción del tránsito aumenta la sensación de escasez, empuja los precios al alza y se replica en mercados de todo el mundo.

En caso de un cierre total o de un bloqueo prolongado, los analistas prevén uno de los shocks petroleros más fuertes de las últimas décadas. Las alternativas para sacar el crudo del Golfo Pérsico son pocas y con capacidad limitada: hay algunos oleoductos que conectan campos productores con puertos situados fuera del estrecho, pero su volumen no alcanza para reemplazar la enorme cantidad de barriles que hoy se mueven por mar.

Por esta restricción de infraestructura, varios expertos coinciden en que la única salida de fondo sería lograr una baja sostenida en las tensiones y un acuerdo que permita garantizar la libre navegación. De ese modo, el tráfico de petróleo y gas podría recuperar los niveles previos a la escalada actual.

Mientras tanto, gobiernos, navieras y operadores financieros siguen de cerca cada novedad en la región, con el Estrecho de Ormuz consolidado como epicentro de las disputas entre Irán y EEUU y como uno de los puntos más vigilados de la economía global.

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