Un caso de taxi eléctrico en Argentina volvió a poner el foco sobre los costos del transporte urbano. Gerardo Trillini, chofer de Rosario, contó que desde hace dos meses trabaja con un vehículo a batería y aseguró que el cambio se notó fuerte en el bolsillo. Según relató en una entrevista radial, pasó de gastar cerca de 15.000 pesos por día en nafta a desembolsar alrededor de 20.000 pesos por semana en electricidad. Además, explicó que el auto demanda menos mantenimiento y que puede cargarse en su casa o en puntos rápidos fuera del hogar.
La experiencia fue difundida por Cadena 3 Rosario, donde el conductor dio detalles de su rutina con un BYD Yuan Pro. Allí remarcó que el uso diario no se alteró, aunque sí cambió la forma de abastecer el vehículo. “El cambio es total. Llego a mi casa, lo enchufo como un celular y al otro día ya está cargado”, señaló.
Gerardo puso números al cambio de un taxi eléctrico
El testimonio del chofer rosarino mostró una diferencia marcada entre los gastos de un auto convencional y los de una unidad eléctrica. De acuerdo con su explicación, el paso de la nafta a la electricidad redujo de manera importante el costo operativo semanal.
Trillini detalló que el impacto mensual por la carga del vehículo ronda los 80.000 pesos en la boleta de luz. A la vez, comparó esa cifra con lo que antes destinaba a combustible, en una cuenta diaria que, según dijo, se ubicaba cerca de los 15.000 pesos.
Ese contraste aparece como uno de los puntos centrales de su experiencia. Aunque el valor inicial de este tipo de unidades no fue precisado en su caso, el conductor sí remarcó que el ahorro cotidiano se hace visible en el uso real del auto.
En Argentina, la autonomía y la carga rápida empiezan a meterse en el trabajo diario
Otro aspecto que destacó fue la autonomía del vehículo. Según indicó, el BYD Yuan Pro tiene un alcance cercano a los 380 kilómetros, una cifra que le permite trabajar varios días antes de volver a enchufarlo.
En su rutina habitual, explicó que recorre unos 100 kilómetros por día. Por eso, necesita cargarlo aproximadamente cada tres días, lo que le da margen para sostener la actividad sin interrupciones permanentes.
Además, mencionó la posibilidad de usar sistemas de carga rápida fuera de su casa. En estaciones o centros comerciales, afirmó, el vehículo puede recuperar energía en apenas 30 minutos, una ventaja práctica para quienes pasan muchas horas en la calle.
Menos taller y una respuesta positiva de los pasajeros
Entre las diferencias con un auto con motor convencional, Trillini también subrayó el menor nivel de mantenimiento. Explicó que un vehículo eléctrico no requiere cambio de aceite ni tiene piezas como la correa de distribución. “Prácticamente no tiene mantenimiento. Solo frenos y tren delantero”, sostuvo.
Al mismo tiempo, habló de la reacción de los usuarios que se suben a la unidad. Según contó, la respuesta viene siendo favorable. “La gente se baja encantada con el auto y con el andar”, afirmó.
El informe además ubicó este caso dentro de un proceso más amplio de movilidad eléctrica en el país. En Buenos Aires, se mencionaron estimaciones que indican que la inversión inicial podría amortizarse en unos dos años por la baja de costos operativos. En la Ciudad de Buenos Aires también existen beneficios para taxis eléctricos, como exención de patente y peajes gratuitos. En Rosario, en cambio, ese esquema todavía está en discusión y desde el sector vienen planteando medidas similares y líneas de financiamiento para facilitar el acceso a estas unidades.

