Cancelaron una muestra de wichís salteños en el Palacio Libertad: “No encuadra en el perfil”

La baja de una exhibición de arte de comunidades wichís en el Palacio Libertad, espacio cultural nacional, generó críticas por presunta censura y discriminación. La decisión, tomada sin una notificación formal clara, alteró el cronograma de la Primera Bienal de Arte Indígena y afectó directamente a artistas originarios del norte argentino que esperaban mostrar y vender sus obras en la Ciudad de Buenos Aires.

La suspensión de una muestra de arte de creadores wichís en el Palacio Libertad, dependiente de la Secretaría de Cultura de la Nación, abrió un fuerte cuestionamiento en el ámbito cultural. La exhibición formaba parte de la Primera Bienal de Arte Indígena y estaba incluida en la programación oficial, pero fue dada de baja sin resolución escrita ni fundamentos detallados, lo que derivó en acusaciones de censura y trato discriminatorio hacia comunidades originarias.

La actividad cancelada se iba a realizar en el sexto piso del Palacio Libertad, mientras que en la planta baja estaba previsto un mercado de artesanías, también vinculado a la Bienal. Ambos espacios estaban bajo la órbita del organismo nacional de cultura. Sin embargo, solo estas acciones en el edificio estatal fueron frenadas; el resto de la Bienal continúa desarrollándose en la sede principal de la Universidad Católica Argentina (UCA) sin modificaciones de programa.

Según relatan organizadores y artistas, la decisión impactó de lleno en un grupo de familias wichís para quienes la producción pictórica se transformó en una fuente central de ingresos. Además del perjuicio económico, remarcan que la falta de explicaciones transparentes deja instalada la sospecha de un criterio selectivo sobre qué expresiones indígenas tienen cabida y cuáles quedan afuera de los espacios oficiales.

Cuestionamientos por el perfil del Palacio Libertad y la falta de explicaciones

El conflicto se desató cuando, a pocos días del inicio del montaje, las autoridades nacionales comunicaron que la exhibición en el sexto piso del Palacio Libertad quedaba suspendida. De acuerdo con el cronograma original, los artistas ya habían contratado seguros, organizado el traslado de las obras y coordinado tareas de montaje con personal especializado del lugar. Todo ese esquema se cayó de un momento a otro.

Ante las consultas públicas y las protestas que empezaron a circular, la única respuesta oficial atribuida al Palacio Libertad fue que la propuesta artística “no encuadraba dentro del perfil del Centro Palacio Libertad”. Hasta el momento, no se detalló qué significa ese “perfil” ni qué parámetros se aplican para aceptar o rechazar exhibiciones, pese a que la muestra había sido aprobada previamente por las mismas estructuras estatales.

En los equipos de la Bienal y en círculos culturales sostienen que lo que cambió fue una “orden superior” que dispuso bajar la actividad, aunque no se difundió ninguna resolución formal que respalde ese giro. La ausencia de documentación oficial alimenta las sospechas y deja a los artistas sin una vía clara para reclamar institucionalmente por la cancelación.

Mientras tanto, la Primera Bienal de Arte Indígena sigue su marcha en la UCA con la misma selección de obras que estaba prevista para el Palacio Libertad. Esa coexistencia de continuidad en la universidad y retiro de apoyo en la sede estatal es uno de los puntos que más se subraya en los cuestionamientos, porque marca una diferencia de trato dentro de un mismo proyecto curatorial.

Quiénes son los artistas wichís y qué representaban sus obras

La muestra suspendida reunía trabajos de un grupo de creadores wichís cuyo camino artístico arrancó en Misión Chaqueña. Allí, un pintor enseñó técnicas de pintura a una mujer wichí, que luego desarrolló su propio estilo a partir de escenas de su vida cotidiana y de la cosmovisión de su pueblo. Esa experiencia fue el punto de partida para que otros familiares y vecinos se sumaran a la actividad, que con el tiempo se volvió la principal, y en varios casos única, fuente de sustento económico.

Las obras que iban a colgarse en el Palacio Libertad se caracterizan por una estética directa y muy ligada al territorio. Las pinturas muestran escenas de caza, pesca, recolección y tareas comunitarias, además de imágenes vinculadas a prácticas culturales tradicionales. Los organizadores remarcan que los cuadros no contienen consignas partidarias ni mensajes ideológicos explícitos, sino que reflejan formas de vida y el universo simbólico de esta comunidad originaria.

Para los artistas wichís, la posibilidad de exponer en un espacio como el Palacio Libertad significaba no solo una oportunidad de venta, sino también un reconocimiento simbólico a años de trabajo. La suspensión, señalan desde su entorno, les dejó frustración y un fuerte golpe moral, sobre todo porque ya habían avanzado con todos los pasos requeridos por la organización.

En redes sociales y en ámbitos ligados a la cultura, distintos referentes calificaron la cancelación como una señal de segregación hacia comunidades indígenas consideradas pacíficas y sin relación con agrupaciones políticas ni con conflictos protagonizados por sectores extremistas en otras provincias. En ese contexto, la baja de una muestra de arte wichís en un edificio estatal fue leída como un mensaje contradictorio frente a los discursos oficiales que dicen promover la diversidad cultural.

Reclamos por compensaciones y posibles alternativas para la muestra

Tras el revuelo por la decisión del Palacio Libertad, comenzaron a circular versiones sobre una propuesta de devolución de los montos invertidos en seguros y algunos gastos operativos vinculados al montaje que nunca se concretó. Sectores cercanos a la organización y a los artistas consideran que ese ofrecimiento es insuficiente, porque no contempla el perjuicio simbólico y el tiempo invertido en la preparación.

En paralelo, se analizan opciones para que las obras se exhiban en otro espacio, ya sea una sala independiente o una institución que esté dispuesta a alojar la muestra completa. Si se consigue una sede alternativa, la exhibición podría realizarse con el mismo contenido previsto, pero fuera del Palacio Libertad y sin participación del organismo nacional de cultura. Esa posibilidad se discute entre los organizadores de la Bienal, que buscan evitar que el trabajo de los artistas quede finalmente guardado sin ser mostrado.

Dentro de la propia Bienal y en la Secretaría de Cultura se estudian las derivaciones de la medida. Algunos plantean que, si se revirtiera la suspensión, eso implicaría un reconocimiento explícito hacia los creadores wichís y reduciría el costo político y cultural que genera una acusación de censura sobre una actividad ya autorizada. Por ahora, sin embargo, no hubo señales oficiales de dar marcha atrás.

Hasta el momento, no se difundió una explicación amplia que despeje la duda central: qué cambió para que una muestra de arte indígena, previamente aprobada, dejara de “encuadrar” en el perfil del Palacio Libertad. Esa incógnita sigue en el centro de las conversaciones entre artistas, curadores y referentes del sector cultural.

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