El Martes Santo ocupa un lugar particular dentro de la Semana Santa y marca una jornada de recogimiento para millones de creyentes en todo el mundo cristiano. Este día, que integra la preparación inmediata al Triduo Pascual, se vive con ayuno, oración y celebraciones litúrgicas centradas en un pasaje del Evangelio según San Juan. En templos y comunidades se organizan procesiones y misas especiales, en las que se medita sobre la traición de Judas y las negaciones de Pedro, momentos claves en el camino hacia la Pasión de Jesús.
Conocido también como Sexto Martes de Cuaresma, el Martes Santo siempre se ubica en el tramo final del tiempo cuaresmal, inmediatamente antes de los días más intensos de la Semana Santa. Según la tradición cristiana, los hechos que se recuerdan se sitúan en Palestina y forman parte de los últimos encuentros de Jesús con sus discípulos antes de la Cruz. A lo largo de la jornada, la liturgia invita a una actitud de silencio interior y reflexión personal.
La fecha del Martes Santo varía año a año, ya que depende del día en que cae la Pascua, pero se mantiene siempre entre el 18 de marzo y el 21 de abril. Se celebra, de acuerdo con el calendario litúrgico, el martes previo al primer domingo de primavera del hemisferio norte. De esta manera, se enlaza directamente con el Lunes Santo y el Miércoles Santo, que completan ese tramo de la Semana Santa antes del inicio del Triduo Pascual.
Prácticas del Martes Santo dentro de la Semana Santa
En muchas parroquias, el Martes Santo se reconoce como una jornada marcada por la sobriedad y la oración, donde las procesiones y los actos eucarísticos toman un rol central. Estas manifestaciones de fe se dan tanto en grandes ciudades como en pequeños pueblos, y suelen reunir a familias completas que acompañan imágenes y símbolos de la Pasión de Cristo. Aunque las costumbres pueden cambiar según la región, el eje común es la meditación y el acompañamiento espiritual a Jesús en los pasos previos a su entrega.
Además de las procesiones, se celebran misas especiales con lecturas propias de este día, que forman parte del conjunto de ritos de la Semana Santa. A diferencia de otras fechas del calendario religioso, el Martes Santo no suele asociarse a grandes festejos externos, sino a una vivencia más interior, en la que se propone revisar las propias decisiones y fidelidades a la luz del Evangelio. Muchas comunidades proponen también momentos de adoración y espacios de confesión durante la jornada.
Con el avance de la semana, la vivencia del Martes Santo se integra a la preparación del Jueves Santo al atardecer, el Viernes Santo, el Sábado Santo y el Domingo de Pascua. Por eso, la Iglesia propone que este día se viva como una especie de antesala espiritual. De esta forma, el clima que se genera ayuda a llegar al Triduo Pascual con mayor conciencia de los relatos que se recuerdan y de su significado para los creyentes.
Un evangelio centrado en la traición de Judas y las negaciones de Pedro
El momento más fuerte del Martes Santo se da durante la misa, cuando se proclama un texto del Evangelio según San Juan, en el capítulo 13, versículos 21 al 33 y 36 al 38. En este pasaje, se relatan dos anuncios decisivos: la traición de Judas y las futuras negaciones de Pedro. La escena transcurre durante una cena, donde Jesús comparte la mesa con sus discípulos y comienza declarando: «Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar».
El relato bíblico describe la sorpresa de los presentes, que se miran sin entender a quién se refiere. Uno de los discípulos, señalado como aquel a quien Jesús amaba, está recostado junto a él. Simón Pedro, sin hablar en voz alta, le hace señas para que pregunte directamente quién será el traidor. Entonces, este discípulo pregunta: «Señor, ¿quién es?», y Jesús responde con una señal precisa: «Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado».
El texto indica que, después de mojar el pan, Jesús se lo entrega a Judas, hijo de Simón el Iscariote. En ese momento, según el Evangelio, «entró en él Satanás». A continuación, Jesús le dice: «Lo que tienes que hacer hazlo en seguida». Ninguno de los otros entiende el sentido de esas palabras, y algunos suponen que, como Judas tenía a su cargo la bolsa, podía tratarse de una indicación para comprar algo para la fiesta o ayudar a los pobres. Luego de recibir el pan, Judas se retira del lugar, y el pasaje señala: «Era de noche».
El mensaje de Jesús a sus discípulos en este día
Tras la salida de Judas, el Evangelio pone en boca de Jesús un discurso sobre la glorificación del Hijo del hombre y de Dios. Allí afirma: «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará». Con estas frases, el texto presenta el sentido profundo de lo que está por suceder en los días centrales de la Semana Santa.
En el mismo contexto, Jesús se dirige a los suyos con un anuncio breve sobre el tiempo que le queda junto a ellos: «Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Me buscaréis, pero lo que dije a los judíos os lo digo ahora a vosotros: Donde yo voy, vosotros no podéis ir». De esta manera, el relato muestra el clima de despedida y de tensión que envuelve esa última etapa de su vida pública.
Frente a estas palabras, interviene Simón Pedro y pregunta: «Señor, ¿a dónde vas?». Jesús le responde marcando una diferencia entre el presente y el futuro: «Adonde yo voy no me puedes acompañar ahora, me acompañarás más tarde». Pedro insiste y asegura estar dispuesto a seguirlo incluso hasta la muerte, diciendo: «Señor, ¿por qué no puedo acompañarte ahora? Daré mi vida por ti».
Anuncio de las negaciones de Pedro y cierre del relato
El pasaje concluye cuando Jesús responde a la declaración de Pedro con una frase que anticipo lo que sucederá más adelante en la Pasión: «¿Con que darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces». Con este anuncio, el Evangelio muestra el contraste entre la intención de fidelidad de Pedro y su fragilidad en los hechos posteriores.
Este conjunto de escenas y diálogos del Evangelio según San Juan es el eje de la liturgia del Martes Santo y se proclama en las celebraciones de la Semana Santa en las comunidades cristianas de todo el mundo.

Qué se recuerda el Martes Santo en la tradición cristiana
