Robos en San Lorenzo: investigan a la “banda del Rey Momo” que marca las casas con espuma

Una seguidilla de asaltos en San Lorenzo tiene en alerta a los vecinos por la aparición repetida de envases de espuma Rey Momo en las viviendas robadas.

Una serie de robos en viviendas de San Lorenzo mantiene en vilo a los vecinos y a la Policía, que trabaja sobre la pista de una banda organizada conocida como la “banda del Rey Momo”. Los hechos se repiten desde hace semanas en la villa veraniega, siempre en casas deshabitadas, y en todos los casos aparece adentro un aerosol de espuma del “Rey Momo” colocado como una especie de sello. Un grupo de elite de la fuerza está abocado a la investigación, que ya registró al menos seis ataques con un mismo patrón de acción.

De acuerdo con la información reunida en la causa, los delincuentes se mueven en grupo, actúan con la cara tapada y entran por los fondos de las propiedades, evitando de manera calculada las cámaras de seguridad privadas. El botín está concentrado en dinero, joyas y armas, que son retirados en pocos minutos. Las autoridades policiales pidieron a los investigadores resultados concretos, ya que hasta el momento no lograron detener a ningún sospechoso por estos robos ligados al “Rey Momo”.

El temor creció en la comunidad de San Lorenzo a medida que se conocieron nuevos episodios, sobre todo por la sensación de burla que generó la presencia reiterada de los aerosoles de espuma en las viviendas saqueadas. La presión vecinal derivó en mayores exigencias internas hacia el equipo especializado que sigue la pista de esta seguidilla de robos.

Robos en casas vacías y una banda que deja siempre el aerosol del Rey Momo

Según reconstruyeron fuentes ligadas a la investigación, la mayoría de los robos se produce cuando las viviendas de San Lorenzo están vacías, ya sea porque los dueños salieron a alguna actividad o porque se encuentran fuera de la provincia. Los ladrones parecen vigilar previamente los movimientos de las familias para entrar solo cuando el inmueble queda sin ocupantes.

Esa forma de actuar alimenta la hipótesis de que los autores conocen bien la zona, sus calles internas y los hábitos de los residentes de la villa veraniega. Para los investigadores, no se trataría de visitas al azar, sino de golpes planificados con anticipación y con datos certeros sobre los momentos en que las casas quedan deshabitadas.

Las primeras denuncias datan de principios de la temporada veraniega, en el sector más tradicional de San Lorenzo. A partir de esos casos iniciales se fueron sumando nuevas víctimas con relatos muy similares: al volver, encontraron puertas traseras forzadas, ambientes revueltos y faltantes de dinero, alhajas y armas particulares, además de la ya conocida lata de espuma “Rey Momo” apoyada sobre algún mueble.

En las causas abiertas por estos robos figura que la marca de aerosol aparece en distintos lugares del interior, sobre mesas, estanterías o muebles bajos. Al principio el hallazgo se tomó como un detalle raro pero irrelevante. Sin embargo, cuando el mismo envase se repitió una y otra vez en distintas viviendas, los pesquisas lo incorporaron como una pieza central para unificar los expedientes.

Hoy la presencia del aerosol lanzanieves es considerada la “firma” del grupo delictivo. Para los investigadores, no se trata de un olvido ni de un elemento utilizado durante el robo, sino de un gesto deliberado con el que los autores identifican su paso por la casa. Entre los damnificados, en cambio, ese mismo gesto se percibe como una provocación directa.

Videos, perros amistosos y sospechas sobre trabajadores eventuales

En paralelo, los efectivos del grupo de elite avanzaron en el análisis de las cámaras de seguridad privadas que hay en distintas cuadras de San Lorenzo. En varias grabaciones se advierte la presencia de entre cinco y seis personas encapuchadas o con pasamontañas, moviéndose con rapidez y cuidado. Las imágenes muestran cómo esquivan a propósito los puntos donde se ubican las cámaras, lo que refuerza la idea de que conocen de antemano la disposición de los dispositivos.

En esos registros se observa que los sujetos ingresan por el fondo de las propiedades, trepando tapias y cercos. Luego se dirigen directamente hacia las aberturas traseras, donde fuerzan puertas o ventanas para poder entrar sin hacer demasiado ruido. Adentro se mueven con precisión: no intentan llevarse muebles ni objetos grandes, sino que van directo a cajones, placares y lugares donde se suelen guardar valores.

Una fuente cercana a la causa explicó que el interés del grupo está puesto en bienes fáciles de esconder y trasladar rápidamente. Por eso el foco aparece en efectivo, joyas pequeñas, relojes y armas cortas o de colección, que se pueden cargar en bolsos o mochilas sin llamar la atención al retirarse del lugar.

Otro dato que llamó la atención de los investigadores es la actitud de los perros en varias de las casas robadas. De acuerdo con los testimonios reunidos y con parte de las filmaciones, los animales no atacaron ni ladraron de manera desesperada, como suele ocurrir ante desconocidos. En algunos casos incluso se los ve acercarse a los intrusos moviendo la cola y recibiendo caricias.

Sobre esa base se armó una nueva línea de trabajo: se cree que uno o más integrantes de la banda habrían tenido contacto previo con las propiedades afectadas, tal vez como albañiles, jardineros o ayudantes que realizaron tareas de refacción. Ese vínculo explicaría la confianza de los perros y, además, les habría permitido conocer de antemano los accesos, los puntos ciegos de las cámaras y los sitios donde las familias guardaban sus objetos de mayor valor.

Tensión en las entrevistas y freno en las colaboraciones

A medida que esa hipótesis tomó fuerza, el equipo de trabajo empezó a concentrarse en un grupo de obreros y trabajadores eventuales que se mueven de manera habitual por San Lorenzo. Los policías los consultaron por obras realizadas en las últimas semanas, por encargos puntuales y por el acceso que pudieron haber tenido a algunas de las casas hoy afectadas por robos asociados al “Rey Momo”.

No obstante, fuentes consultadas señalaron que en esa etapa de entrevistas se produjeron algunos roces, ya que ciertos efectivos insistieron con preguntas que generaron molestias entre los trabajadores. Por miedo a terminar involucrados en la causa o a ser señalados sin pruebas, varios de ellos optaron por cortar el diálogo y dejar de brindar información.

Esa desconfianza derivó en un freno en la obtención de nuevos testimonios de campo justo cuando los investigadores buscaban reconstruir los últimos movimientos de obreros y ayudantes en la zona afectada. En paralelo, se registró una pausa en los ataques: durante algunos días no se denunciaron nuevos robos con el sello de la espuma “Rey Momo” en la villa veraniega.

Dentro de la fuerza, esa coincidencia es leída como un indicio de que quienes planifican los golpes estarían atentos al avance de la investigación y habrían decidido bajar el perfil mientras se ordena nuevamente el trabajo de recolección de pruebas.

El golpe más fuerte: armas de colección robadas a un abogado

Entre todos los hechos relevados hasta el momento, uno de los robos que más ruido causó en San Lorenzo tuvo como víctima a un abogado conocido en el ambiente local. Su vivienda fue desvalijada con el mismo esquema que en los otros casos: entrada por el fondo, rotura de la puerta trasera, rápido recorrido interno, faltantes de dinero y aparición de un aerosol “Rey Momo” en uno de los ambientes.

En esta ocasión, sin embargo, el perjuicio económico fue mayor, ya que dentro del domicilio había un conjunto de armas antiguas y de colección. De acuerdo con lo que trascendió en la causa, los ladrones se llevaron varias de esas piezas, cuyo valor en el mercado especializado superaría el del efectivo robado durante ese mismo asalto.

El abogado habría realizado numerosos llamados y gestiones para obtener respuestas sobre el avance de la causa y la recuperación de sus bienes. Hasta ahora, según indicaron fuentes vinculadas a la investigación, no se registran detenciones por este hecho ni por el resto de los robos atribuidos a la “banda del Rey Momo”, aunque el grupo de elite continúa trabajando sobre las mismas líneas de sospecha y mantiene unificados los expedientes por la aparición reiterada de los aerosoles de espuma en el interior de las viviendas robadas.

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