Los hipopótamos no pueden nadar de la forma tradicional, aunque pasan gran parte de su vida cerca de ríos y lagos. La razón está en la alta densidad de sus cuerpos, que les dificulta flotar en la superficie. Por eso, en vez de moverse como un delfín o una foca, estos grandes mamíferos se impulsan con apoyos intermitentes sobre el fondo del agua. Su desplazamiento se parece al de los astronautas durante un paseo por la Luna.
La particularidad se observa cuando los hipopótamos se trasladan dentro de ambientes acuáticos. Su peso corporal los lleva hacia abajo y, por lo tanto, no logran mantenerse a flote de manera natural. Sin embargo, esa condición no les impide avanzar con agilidad en el agua.
La densidad de los hipopótamos evita que puedan flotar
A diferencia de otros mamíferos vinculados al agua, los hipopótamos no cuentan con una estructura corporal que les permita permanecer sobre la superficie. Cuando ingresan a un río o lago, su densidad hace que desciendan hacia el fondo en lugar de sostenerse arriba.
Esta característica puede resultar llamativa porque los hipopótamos suelen estar rodeados de agua. No obstante, su relación con esos espacios no depende de nadar, sino de una forma distinta de movimiento adaptada a su cuerpo pesado.
El impulso sobre el suelo les permite avanzar sin nadar
Para trasladarse, los hipopótamos hacen contacto por momentos con el suelo del lugar donde están. Después se impulsan y vuelven a apoyarse, repitiendo el movimiento bajo el agua.
La comparación con los astronautas se debe a esos pequeños impulsos sobre una superficie. Así, los hipopótamos pueden recorrer ríos y lagos pese a que no flotan ni realizan los movimientos de nado habituales.

