Las diez columnas históricas del Milagro y las peregrinaciones que comenzaron en la década de 1980
Tolar Grande, Santa Victoria Oeste, Cachi y otras columnas mantienen caminatas que atraviesan desiertos, montañas, ríos y parajes rurales.

Las peregrinaciones antiguas del Milagro conservan recorridos que conectan a la Catedral de Salta con pueblos de la Puna, los Valles Calchaquíes y el norte provincial. Entre las diez columnas históricas figuran Tolar Grande, Santa Victoria Oeste, Mina Patito y Salar de Pocitos, Iruya, La Poma, Molinos, Seclantás, Cafayate, San Antonio de los Cobres y Cachi. Los trayectos pueden extenderse hasta 600 kilómetros y demandar entre más de cuatro y 12 días, según el punto de salida, los senderos elegidos y las condiciones de cada camino.
Mineros, familias, docentes rurales, baqueanos, artesanos, servidores parroquiales, guías y referentes comunitarios participan de estas marchas. Las columnas atraviesan salares, zonas desérticas, quebradas, ríos, caminos de cornisa y antiguos senderos antes de llegar a la capital salteña. Las fechas posteriores a 1989 y varias de las distancias difundidas son aproximadas, porque proceden de crónicas y testimonios de las comunidades que sostienen la tradición.
Las travesías más extensas nacieron entre salares y montañas
Santa Victoria Oeste aparece entre las columnas con mayor distancia dentro de las peregrinaciones del Milagro. Los registros de las diez caminatas más antiguas la ubican en 1993, aunque relatos de la zona sitúan la organización de la marcha a comienzos de la década de 1990. Maestros rurales, familias kollas y referentes comunitarios participaron en el armado de la logística desde una región alejada.
Los grupos que salen de Santa Victoria Oeste cruzan ríos, quebradas y pasos de montaña. De acuerdo con el lugar de partida de cada grupo y los senderos habilitados, el trayecto se estima entre 500 y 600 kilómetros. La caminata demanda de 10 a 12 días, por lo que es una de las travesías más largas entre las columnas mencionadas.
Tolar Grande también integra el grupo de recorridos de mayor extensión. Su estructura comenzó a tomar forma hacia fines de los años 90 y quedó registrada en 1998 entre las peregrinaciones históricas. Mineros, familias y guías de la Puna caminan por salares y sectores desérticos, donde las temperaturas pueden bajar varios grados bajo cero.
La distancia desde Tolar Grande cambia según el punto preciso de inicio y ronda entre 350 y 400 kilómetros. El viaje puede durar de nueve a 11 días. En esta columna es recordada Doña Damiana Luzco, nombrada como referente de la fe puneña y vinculada a los peregrinos que continúan la marcha aun en edades avanzadas.
Campamentos mineros e itinerarios que dependen del clima
La columna de Mina Patito y Salar de Pocitos reúne a trabajadores de zonas mineras aisladas de la Puna. Está consignada con fecha de 1994 y sus primeros grupos comenzaron a caminar desde campamentos mineros durante mediados de los años 90. Entre quienes organizaron el recorrido hubo choferes, cocineros, operarios y coordinadores que se ocupaban de preparar los alimentos y los refugios.
La peregrinación puede cubrir entre 300 y 380 kilómetros en un período de siete a 10 días. El frío y el desierto forman parte de la travesía, mientras que la extensión final depende de los caminos utilizados desde los distintos puntos de partida. No existe un fundador único documentado públicamente para esta columna.
Iruya fue incorporada al listado de peregrinaciones antiguas con fecha de 1995. Familias, baqueanos y miembros de comunidades originarias organizaron durante los años 90 una marcha que comienza entre montañas, cursos de agua y caminos de cornisa. El recorrido se calcula entre 300 y 350 kilómetros y suele requerir de ocho a 10 días.
Las alternativas de paso en Iruya quedan condicionadas por el clima y el estado de los ríos. Por esa razón, las rutas pueden modificarse en distintos tramos. Los cambios de itinerario también explican que las distancias sean estimativas en varias de las columnas que parten desde lugares de difícil acceso.
Los Valles Calchaquíes y la historia de las columnas pioneras
Cachi es señalada como la primera gran peregrinación a pie registrada en la historia moderna del Milagro. La columna tiene fecha de 1985 y también es reconocida como la primera peregrinación moderna anotada oficialmente. La memoria local identifica entre sus impulsores a la maestra Fanny Ruiz, al policía Rodolfo “Negro” Cruz y a Víctor Cejas.
Los tres integraron los llamados “Caminantes de la Fe”. Desde entonces, la marcha de Cachi quedó como antecedente para otras columnas de los Valles Calchaquíes, entre ellas Molinos. En la actualidad, sus peregrinos recorren entre 160 y 180 kilómetros durante ocho o nueve días, por antiguos senderos, la Recta de Tin Tin y la Cuesta del Obispo.
Molinos comenzó a organizar su propia peregrinación alrededor de 1991, impulsada por vecinos que tomaron como referencia a los caminantes de Cachi y Seclantás. Coordinadores parroquiales y portadores fueron señalados como quienes transmitieron esta práctica entre generaciones. La columna atraviesa parajes rurales antes de sumarse al camino que conduce a Salta.
La marcha desde Molinos tiene una distancia estimada de 200 a 220 kilómetros. El primer registro resumido no detalla la cantidad de días, aunque crónicas posteriores ubican la duración entre siete y ocho jornadas. Seclantás, por su parte, figura con fecha de 1990 y reúne a familias, artesanos, servidores parroquiales y fieles que trasladan imágenes religiosas.
Seclantás puede superar los 190 kilómetros y sus caminantes emplean entre siete y ocho días. Las referencias disponibles ubican el trayecto dentro de un rango de 190 a 210 kilómetros. Los desvíos por senderos, los cruces de agua y los segmentos compartidos con otras columnas del Valle Calchaquí inciden en el desarrollo de la marcha.
La Poma fue incorporada entre las peregrinaciones históricas en 1997. Sus grupos independientes se consolidaron durante la segunda mitad de los años 90, sostenidos por familias que transmiten la promesa y por baqueanos que orientan a los caminantes. La distancia ronda los 185 kilómetros y la marcha requiere aproximadamente cinco días, aunque puede superar ese tiempo cuando se eligen huellas antiguas o senderos interiores.
Cafayate figura con fecha de 1996. Las primeras salidas numerosas contaron con grupos juveniles parroquiales, servidores religiosos y biciperegrinos. La columna cruza sectores de la Quebrada de las Conchas y parajes del Valle de Lerma, en una distancia calculada entre 180 y 200 kilómetros, que se completa entre cinco y seis días.
San Antonio de los Cobres ocupa el segundo lugar entre las peregrinaciones documentadas y está fechada en 1989. Nació con trabajadores mineros y familias puneñas, y es identificada como una expresión de la fe minera de la Puna. El padre Sigfrido “Chifri” Moroder adquirió con el tiempo un lugar de referencia pastoral para las comunidades de la Quebrada del Toro.
Desde San Antonio de los Cobres hasta la Catedral, el recorrido se estima entre 165 y 170 kilómetros y se realiza en más de cuatro días, aunque el listado inicial consigna una duración cercana a cuatro jornadas. Algunos mineros caminan distancias mayores porque comienzan desde los yacimientos donde trabajan.
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