Pastilla contra el envejecimiento en perros: prueban dos tratamientos para alargar la vida de las mascotas

Investigadores y una empresa biotecnologica testean en cientos de perros si ciertos farmacos pueden desacelerar el envejecimiento y sumar años de vida activa.

Dos grandes estudios en Estados Unidos están poniendo a prueba una pastilla experimental y un medicamento ya conocido para intentar frenar el envejecimiento de los perros y extender su vida útil. Se trata de ensayos clínicos con miles de mascotas de distintas razas y tamaños, impulsados por una empresa biotecnológica y por un consorcio académico, que buscan medir si estos fármacos realmente pueden sumar años de vida saludable y cómo impactan en la calidad de esa etapa final.

Las pruebas se desarrollan en clínicas veterinarias de todo Estados Unidos, bajo protocolos estrictos y con controles periódicos. Un estudio se centra en un compuesto nuevo, llamado LOY‑002, diseñado específicamente para perros de pequeño tamaño y edad avanzada, mientras que el otro evalúa la rapamicina, un fármaco de uso médico conocido desde hace décadas, en animales de razas grandes.

Ambos proyectos apuntan al mismo objetivo: comprobar, con datos duros y a gran escala, si es posible retardar de manera medible los signos del envejecimiento y reducir la aparición de enfermedades asociadas a la edad en mascotas que viven en hogares y comparten el entorno cotidiano con las personas.

La apuesta de Loyal: una pastilla experimental para perros chicos y longevos

Uno de los ejes de esta investigación global es el ensayo STAY, a cargo de la compañía biotecnológica Loyal, con base en San Francisco. La firma diseñó un plan de trabajo específico para evaluar el efecto de una pastilla experimental, LOY‑002, en perros de razas pequeñas que ya están en la última etapa de su vida, pero que todavía se mantienen activos.

En total, el estudio STAY tiene previsto incluir a 1.300 perros atendidos en más de 70 veterinarias repartidas por Estados Unidos. Los organizadores fijaron criterios de ingreso muy puntuales: solo participan animales que pesen menos de 6 kilos y que tengan más de 10 años. Según explican, las razas pequeñas suelen vivir más y eso permitiría ver con mayor claridad si el tratamiento logra cambiar la duración o la calidad de esos años finales.

LOY‑002 se administra en forma de píldora y, de acuerdo con la empresa, apunta a imitar algunos de los efectos de la restricción calórica, una estrategia que distintos estudios han señalado como una de las más efectivas para enlentecer el envejecimiento en modelos animales. La idea es lograr, mediante un fármaco, beneficios similares a los observados cuando se reduce de manera controlada la cantidad de calorías que se consumen, sin tener que cambiar de forma drástica la dieta de la mascota.

Loyal informó que la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) otorgó un reconocimiento preliminar a indicios de eficacia de LOY‑002. Para la compañía, esto representa un hito dentro del área de longevidad veterinaria, aunque todavía se trata de una etapa inicial del proceso regulatorio. La comunidad científica, de todos modos, aguarda los resultados completos del ensayo STAY, que la propia empresa anticipó recién estarán listos en 2026, con datos detallados sobre seguridad y beneficios clínicos.

El ensayo, que toma su nombre de un acrónimo en inglés que significa “quedarse”, se financia con más de 150 millones de dólares de capital privado. Con ese respaldo económico, Loyal busca posicionarse en un segmento que crece a nivel mundial: el de fármacos pensados para ampliar la vida útil de las mascotas, un mercado impulsado por dueños que están dispuestos a invertir en tratamientos para que sus animales vivan más y mejor.

Rapamicina y envejecimiento en perros grandes: el enfoque del Dog Aging Project

En paralelo al proyecto de Loyal, otro ensayo de peso avanza bajo la órbita académica: se trata de TRIAD, parte del Dog Aging Project y coordinado desde la Universidad de Washington. A diferencia del estudio anterior, este trabajo se enfoca en perros de razas grandes y de mediana edad, para evaluar si la rapamicina puede desacelerar su ritmo de envejecimiento.

La rapamicina es un medicamento que se utiliza desde hace años en medicina humana como inmunosupresor, sobre todo en personas trasplantadas para evitar el rechazo de órganos. El compuesto fue aislado por primera vez en la década de 1970 a partir de bacterias encontradas en los suelos de la Isla de Pascua (Rapa Nui) y, con el tiempo, se fue vinculando a la regulación de una proteína llamada mTOR, clave para el metabolismo celular.

En los últimos quince años, distintos trabajos científicos mostraron que, al inhibir mTOR, la rapamicina reduce la inflamación crónica asociada al envejecimiento y promueve la autofagia, un mecanismo por el cual las células reciclan componentes internos y mantienen el equilibrio entre crecimiento, reproducción y respuesta al estrés. Sobre esa base, el equipo del Dog Aging Project decidió comprobar si esos mecanismos se traducen en una vida más larga y saludable para los perros.

El protocolo de TRIAD prevé incorporar a más de 500 animales que pesen entre 18 y 50 kilos y que tengan entre 7 y 10 años. Es decir, se trata de perros grandes que ya entraron en una etapa donde suelen aumentar los problemas de salud. Los investigadores remarcan que las razas grandes envejecen más rápido que las chicas, por lo que son un modelo atractivo para estudiar cambios en plazos relativamente cortos.

Durante un año completo, los perros participantes recibirán semanalmente cápsulas que contienen rapamicina o un placebo, en un diseño doble ciego: ni los dueños ni el personal veterinario sabrán qué sustancia recibe cada animal. Este tipo de esquema es considerado el estándar para evaluar fármacos, porque ayuda a evitar sesgos en la interpretación de los resultados.

Seguimiento y primeros indicios sobre el impacto de la rapamicina

Finalizada esa fase de tratamiento activo de doce meses, TRIAD contempla un seguimiento adicional de dos años. A lo largo de ese periodo se registrarán, de manera sistemática, datos sobre el estado general de salud, la aparición de enfermedades ligadas a la edad y la mortalidad de los perros incluidos en el ensayo. La meta es determinar si el grupo que recibe rapamicina vive mas tiempo y con menos complicaciones que el grupo placebo, y si esa diferencia es estadísticamente significativa.

Antes de lanzar TRIAD, el consorcio del Dog Aging Project realizó estudios piloto con un número acotado de animales. En uno de esos trabajos preliminares, con 24 perros, la administración de dosis bajas de rapamicina se asoció a una mejora en la función ventricular izquierda del corazón, sin que se detectaran efectos adversos graves. Con los 7 millones de dólares de financiación otorgados por el Instituto Nacional del Envejecimiento de Estados Unidos, el equipo ahora busca comprobar si ese beneficio cardíaco se acompaña de un aumento verificable en la duración de la vida.

Los cálculos que manejan los especialistas permiten dimensionar el posible alcance de estas intervenciones: si un perro tiene una expectativa de vida estándar de 10 años, un incremento del 15% atribuido a la rapamicina equivaldría a sumar aproximadamente 1 año y medio de vida saludable. Y si la mejora llegara al 30%, el aumento rondaría los 3 años, cifras que, traducidas a escala humana, se comparan con entre 12 y 24 años adicionales.

Investigadores que estudian el envejecimiento humano siguen estos ensayos con atención, porque los perros domésticos comparten la vida diaria con las personas: viven en las mismas casas, se mueven en entornos similares y tienen una diversidad genética más parecida a la humana que la de los ratones de laboratorio. Por ese motivo, los datos obtenidos en estas mascotas se consideran de especial interés para evaluar en el futuro desarrollos que puedan trasladarse a personas.

Sin embargo, varios especialistas remarcan la necesidad de mantener cautela. La rapamicina, según la dosis, actúa como inmunosupresor y esto implica posibles riesgos si se pensara en tratamientos crónicos, sobre todo en humanos. En cuanto a LOY‑002, casi toda la información disponible proviene de comunicaciones de la propia empresa, sin publicaciones extensas revisadas por pares hasta el momento. En este contexto, en el ámbito científico señalan que cualquier conclusión firme sobre eficacia y seguridad deberá esperar a la divulgación completa de los datos que generen los ensayos STAY y TRIAD.

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