A un año de la muerte del papa Francisco, salieron a la luz nuevos datos sobre sus últimos días y sobre la relación de confianza que mantuvo con su enfermero personal, Massimiliano Strappetti, durante los 12 años de pontificado. En una entrevista, el profesional repasó internaciones, charlas cotidianas, bromas y también el momento final del pontífice argentino. Según su testimonio, el deterioro se agravó en febrero de 2025, aunque Francisco siguió con humor, se mostró cercano hasta el final y vivió con especial emoción la jornada de Pascua previa a su muerte.
La reconstrucción suma escenas de la vida diaria en Santa Marta, traslados al hospital Gemelli y episodios privados que, según Strappetti, reflejaban el modo en que el Papa atravesó la enfermedad. También habló de la víspera de la muerte, del paseo entre la gente en Pascua y de una despedida que, de acuerdo con su relato, ocurrió de manera repentina.
El papa y la muerte aparecen en un testimonio marcado por la cercanía
Massimiliano Strappetti aseguró que el cuadro de salud del pontífice empeoró en febrero de 2025. En ese momento, contó, tuvo que insistir para que aceptara una nueva internación en la clínica Gemelli. La frase que recordó de aquel diálogo fue directa: “Santo Padre, tenemos que ir al hospital”.
Según su relato, la respuesta de Francisco mostró que era consciente de la gravedad del momento. “¿Esta es la última vez que veo Santa Marta, verdad?”, le preguntó. Entonces, el enfermero le respondió: “Yo lo voy a traer de vuelta aquí vestido de Papa”. Después, al recordar esa escena, agregó: “Y así fue”.
Strappetti explicó que el vínculo entre ambos se construyó con el paso de los años en un trato cotidiano, sin solemnidad exagerada. Dijo que tal vez la confianza creció porque siempre lo trató “como una persona, antes que como Papa”, y esa forma de relacionarse hizo más natural la convivencia durante el pontificado.
En esa misma línea, describió a Francisco como alguien que incluso en medio de la enfermedad conservaba el humor. Cada vez que debía ser trasladado al Gemelli, señaló, reaccionaba con ironía porque no le gustaban esas internaciones. De acuerdo con su recuerdo, el pontífice bromeaba así: “Vas a ver, ahora los cardenales preparan el cónclave”.
La Pascua previa a la muerte del papa Francisco fue, según su enfermero, un día de mucha emoción
El enfermero ubicó el domingo de Pascua, 20 de abril de 2025, como una jornada central del tramo final de la vida del Papa. Dijo que, tras la bendición Urbi et Orbi y el recorrido entre la gente, Francisco volvió a Santa Marta muy cansado, aunque con una alegría evidente.
Strappetti contó una escena que había mantenido en reserva. “Sí, ahora puedo revelar algo que siempre guardé para mí. Ese día, después de la bendición Urbi et Orbi y el recorrido festivo entre la gente, cuando volvimos a Santa Marta estaba agotado pero feliz como un niño al que le hubieran regalado un frasco de chocolate. En el ascensor, solos él y yo, le cayó una lágrima por el rostro”, afirmó.
Sobre ese momento, precisó que se trató de “una lágrima de alegría”. Y añadió que el pontífice le dijo: “Gracias por haberme llevado de nuevo a la plaza. Se lo había prometido, ¿no es cierto?”. Para Strappetti, esa salida en Pascua tuvo un valor especial porque Francisco venía con dificultades físicas y dudas concretas sobre si podría cumplir con el recorrido.
Antes de subir al papamóvil, según recordó, el propio Papa se mostraba inquieto. “¿Voy a poder subirme a la jeep? – me preguntaba – . ¿Y si alguien nos ve?”. El enfermero describió esas dudas como las de cualquier persona afectada por el dolor en la rodilla derecha y por limitaciones que llegaban incluso a ponerse los zapatos, situación en la que pedía ayuda sin vueltas.
Las últimas horas y una despedida repentina en Santa Marta
En la entrevista, Strappetti también repasó el amanecer del lunes de Pascua, el día previo a la muerte del pontífice. Allí situó la escena final que compartieron. De acuerdo con lo relatado, Francisco se volvió hacia él, le tomó la mano y cerró los ojos para siempre.
Cuando le preguntaron por ese instante, respondió que no esperaba un desenlace tan inmediato. “Murió en un instante, no me lo esperaba. Un ictus cerebral: espero que no haya sufrido”, expresó. Esa fue la definición que dio sobre el episodio que marcó el final de la vida del pontífice argentino.
Después de la muerte, Strappetti permaneció dos días y medio junto al féretro abierto. Explicó esa decisión con estas palabras: “Porque había cuidado hasta el final, con amor, el cuerpo del Santo Padre y sentía la urgencia de ocuparme de él también en ese momento, listo para intervenir ante cualquier necesidad derivada de la larga exposición del cuerpo a los fieles. “Era lo correcto””.
Entre bromas, salidas y conversaciones personales, el enfermero reconstruyó cómo era Francisco en la intimidad
El testimonio no se limitó a la enfermedad. Strappetti repasó también gestos de la vida diaria y conversaciones que, según dijo, explican la relación que tenían. Una de las frases que recordó como habitual en el Papa al despertarse era: “Hola, ¿quién murió hoy?”.
También mencionó lo que Francisco le decía para justificar su confianza: “¿Sabés por qué confío? Me informé, sé que hacés el bien a cualquiera, no se te subió a la cabeza”. En ese trato cotidiano, contó, había lugar para bromas, comentarios personales y charlas fuera del protocolo.
Uno de esos momentos ocurrió cuando Strappetti le dijo que era divorciado. La respuesta, según recordó, fue inmediata: “¿Y cuál es el problema?”. Después vino otra frase: “¿Pero te dejan comulgar? Si no, decime cómo se llaman esos curas que se niegan, ¡voy yo a hablar con ellos!”.
El enfermero relató además un episodio ocurrido el 10 de abril, mientras caminaban por un pasillo de Santa Marta. Según su reconstrucción, Francisco le dijo: “Quiero ir a la Basílica, tengo que hablar con los restauradores del Altar de la Cátedra”. Strappetti recordó que él estaba sin saco y que el Papa llevaba el poncho argentino que usaba en su habitación. Ante la duda de si podían ser vistos, la respuesta del pontífice fue: “Vamos igual”.
De acuerdo con su relato, un fotógrafo registró esa salida y la imagen circuló ampliamente. Al día siguiente, cuando le comentó al Papa la repercusión, Francisco respondió: “Bueno, entonces vayamos también hoy”.
El papa Francisco sigue presente en la vida del enfermero
Strappetti dijo que su vínculo con Francisco fue también afectivo y llegó a definirlo como una figura paterna. “Para mí fue un segundo padre y todavía hoy lo extraño muchísimo”, sostuvo. En ese plano más personal, contó que lleva una foto del Papa en el tablero de su auto y que conserva libros de cocina que recibió como regalo, ya que el pontífice conocía su interés por la gastronomía.
Además, mencionó que guarda especialmente las palabras que Francisco dedicó a su pareja, Barbara, por acompañarlo en una vida difícil al lado del enfermero del Papa. También recordó una referencia de Bergoglio a su hijo Mattia, que de chico atajaba como arquero, tal como lo había hecho Jorge Mario Bergoglio en la Argentina.
Otro de los objetos que conserva es el frasco de agua de colonia de la Farmacia Vaticana que el Papa usaba para humedecerse el rostro antes de salir de Casa Santa Marta. Sobre eso, Strappetti dijo: “Así, en un instante – dice -, me vuelve a la mente todo lo que fue”.
En el tramo final de la entrevista, explicó que visita con frecuencia la tumba de Francisco en Santa Maria la Maggire, donde está enterrado en un nicho sobre la nave izquierda de la iglesia. Según contó, suele llevar una rosa blanca y repetir uno de los chistes que compartían. “Sí, voy a la tumba, le llevo una rosa blanca y hago uno de nuestros chistes. Capaz que se ríe”, dice con lágrimas de emoción.
Al hablar de su propia trayectoria, Strappetti señaló que empezó a trabajar a los 20 años en el Gemelli, luego pasó a la guardia médica vaticana y, a lo largo de su carrera, también asistió a Juan Pablo II y a Benedicto XVI. Actualmente integra el equipo que atiende a León XIV.

