Habló la familia de Natalia Cruz: “Es la segunda vez en 9 años, no sé por qué nos tocó de nuevo”

A 9 años del crimen de Amira, la muerte de Natalia Cruz vuelve a golpear a Amancio Vázquez en Campo Quijano y reabre reclamos sobre las fallas en la protección previa.

En Campo Quijano, la muerte de Natalia Cruz volvió a poner en el centro al padre de familia Amancio Vázquez, quien asegura que en 9 años perdió a dos hijas en hechos investigados como femicidios dentro de la misma vivienda. Primero fue Amira Albana Vázquez, de 17 años, y ahora Natalia, ya adulta, recibida de maestra y con empleo. El hombre afirma que hubo señales previas, intervenciones policiales y decisiones institucionales que no alcanzaron para resguardar a ninguna de las dos.

El caso actual tiene como principal acusado a Daniel Orlando Serapio, señalado por el entorno de la víctima y apuntado por Vázquez como responsable del crimen de Natalia. El padre también sostiene que alguien habría colaborado con la permanencia de Serapio mientras estuvo prófugo varios días, por lo que reclama que se investigue no solo al sospechoso, sino también a las personas que lo habrían ayudado.

En diálogo con la prensa, Vázquez recordó que en 2017 el barrio ya había quedado impactado por el asesinato de Amira, atribuido entonces a Rómulo Edgardo Córdova Marín, un hombre mayor que ella, que se había acercado a la familia como peluquero. Ese antecedente, sumado al crimen reciente de Natalia, refuerza en el padre la idea de que ambas tragedias estuvieron precedidas por advertencias que, según su mirada, no tuvieron respuesta suficiente.

Amira y Natalia: dos muertes en 9 años que marcaron a Vázquez

Al repasar lo sucedido, Vázquez cuenta que la primera vez que escuchó la palabra “femicidio” asociada a su familia fue en 2017, con el caso de su hija Amira Albana Vázquez, de 17 años. El cuerpo de la joven fue encontrado en el barrio y, desde entonces, el nombre de Rómulo Edgardo Córdova Marín, de unos 30 años, quedó ligado a la causa como el presunto agresor. Según recuerda el padre, ese hombre se presentó como peluquero, se ganó espacio en la casa y terminó teniendo una relación con la chica, pese al rechazo de sus padres.

De acuerdo al relato de Vázquez, tiempo antes de aquel crimen ya se habían dado episodios con presencia policial vinculados a Córdova Marín. El padre sostiene que el sospechoso “se había robado” a Amira y que apareció después en la ciudad de Salta. Asegura que existía la posibilidad de que fuera enviado a Ecuador, pero que finalmente quedó en libertad. Tras el asesinato de la joven, el agresor se quitó la vida, dejando una causa cerrada pero, para la familia, con muchas preguntas sin responder.

La segunda tragedia es la de Natalia Cruz, quien, según cuenta su padre, había logrado terminar sus estudios, recibirse de maestra y conseguir trabajo. Vázquez la describe como una joven que estaba “contenta con la vida” y con proyectos personales en marcha. Sin embargo, su historia terminó también en un hecho violento: ahora el foco de la investigación está puesto en Daniel Orlando Serapio, señalado como el principal acusado por el crimen ocurrido en la misma vivienda donde años antes mataron a Amira.

Para Vázquez, la cercanía entre las dos muertes, ambas en menos de 9 años y dentro de la misma casa, profundiza el impacto emocional y alimenta su sensación de que las advertencias no fueron suficientes para cambiar el desenlace. En sus palabras, la reciente pérdida de Natalia reactivó el dolor por Amira y dejó la idea de una herida que nunca llegó a cerrar.

La figura de Daniel Orlando Serapio y las denuncias sobre su entorno

Respecto de Daniel Orlando Serapio, apuntado ahora en la causa por la muerte de Natalia Cruz, Vázquez lo describe como una persona que cambiaba por completo cuando tomaba alcohol. Sostiene que, bajo esos efectos, se volvía conflictivo y buscaba peleas. “Era jodido… cuando tomaba peleaba con todos”, recuerda el padre, quien reconoce que más de una vez pensó en encararlo directamente, aunque fueron sus propios familiares quienes lo frenaron para evitar un hecho peor.

Dentro de esas discusiones y momentos tensos, el hombre menciona que la propia Natalia varias veces se interpuso para que la situación no se desbordara. De acuerdo a su relato, era la joven quien intentaba calmar los ánimos cuando veía que la violencia verbal o los empujones podían escalar. Sin embargo, pese a esos episodios reiterados, nada de eso alcanzó para prevenir el desenlace que hoy se investiga como un nuevo femicidio en Campo Quijano.

Reclamos por la investigación y el acompañamiento institucional

El enojo de Amancio Vázquez no se limita a la figura del presunto agresor. Plantea que durante los días en los que Daniel Orlando Serapio estuvo prófugo, alguien tuvo que haberlo ayudado a mantenerse escondido. “En 10 días nadie vive solo. Alguien le llevaba comida”, remarca, al insistir en que no puede haber pasado tanto tiempo sin apoyo externo. Por eso, reclama que la investigación incluya a su entorno completo: familiares, amigos y cualquier persona que pudiera haber colaborado con su ocultamiento.

El padre también enlaza el caso de Natalia Cruz con lo que vivió con Amira años atrás. Recuerda las intervenciones previas de la Policía por los conflictos con Córdova Marín y destaca que, desde su mirada, allí se perdió una oportunidad clave para proteger a su hija. Esa experiencia lo lleva a sostener que detrás de muchos femicidios hay denuncias previas, fallos cuestionados y decisiones que no llegaron a tiempo para evitar el final.

Aunque el dolor atraviesa cada frase, Vázquez intenta ordenar los hechos y se apega a lo que vivió en estos 9 años como padre de familia en Campo Quijano. Subraya que las dos muertes ocurrieron en la misma vivienda, con distintos agresores y en contextos diferentes, pero con un punto en común: la sensación de que las advertencias no se tradujeron en una protección efectiva para sus hijas.

En medio de este panorama, el hombre pide que se revisen todas las actuaciones relacionadas con la causa de Natalia, desde la búsqueda inicial hasta la recaptura de Serapio. Para él, es fundamental que se esclarezca quiénes pudieron haber ayudado al acusado y qué se hizo en cada una de las etapas de la investigación. La causa sigue su curso en la Justicia, mientras la familia Vázquez enfrenta otra vez el mismo dolor dentro de la misma casa.

Una familia ensamblada golpeada por la violencia

Además de repasar los hechos policiales, Amancio Vázquez reconstruye cómo se formó la familia. Cuenta que cría a Natalia Cruz desde que la niña tenía 6 años, cuando se unió a su pareja, Irene Martínez. En esa vivienda de Campo Quijano se armó una familia ensamblada con siete hijos, todos ellos, según señala, con estudios terminados y proyectos propios. “Yo la crié desde los seis años a Natalia”, repite, remarcando el vínculo particular que los unía.

Según su relato, durante años se enfocaron en salir adelante “contra todo”, priorizando que los chicos estudiaran y se mantuvieran unidos. Sin embargo, la violencia irrumpió primero con la muerte de Amira en 2017 y, tiempo después, con el crimen de Natalia. Para Vázquez, esa secuencia dejó a la familia atravesada por dos femicidios en menos de una década, mientras las causas avanzan por los carriles judiciales correspondientes.

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