Milei activa su estrategia de reelección con un plan financiero hasta 2027

La Casa Rosada apuesta a combinar acuerdos políticos con gobernadores y señales económicas para fortalecer su armado de cara al próximo turno presidencial.

Milei empieza una semana que en la Casa Rosada consideran central para su proyecto de reelección. El Gobierno busca enlazar dos frentes al mismo tiempo: por un lado, un programa financiero que Luis Caputo y Santiago Bausili terminarán de pulir este lunes para mostrar cómo piensa cubrir vencimientos de deuda hasta fines de 2027; por otro, una negociación política atada a las PASO, al Senado y al vínculo con gobernadores. La idea oficial es llegar a 2027 con menos dudas sobre el financiamiento, más acuerdos parlamentarios y una base de apoyo más amplia que la actual.

Ese movimiento tendrá varias escenas consecutivas. El lunes queda concentrado el frente económico. El miércoles habrá una nueva reunión de Labor Parlamentaria convocada por Victoria Villarruel en un Senado donde el oficialismo no maneja el ritmo de las decisiones. Y esa misma noche, Milei viajará con su Gabinete a San Miguel de Tucumán para la vigilia por el Día de la Independencia, donde volverá a mostrarse con mandatarios provinciales.

En la mirada oficial, no se trata de hechos aislados. La discusión sobre las PASO, la relación con las provincias y la señal financiera forman parte de un mismo diseño. Dentro del Gobierno entienden que una economía más previsible puede facilitar acuerdos políticos y, al mismo tiempo, que una mayoría más ancha puede darle respaldo al programa económico cuando se acerque el próximo año electoral.

La reelección de Milei ordena una semana con señales políticas y económicas

La secuencia se empezó a notar con la jura de Diego Santilli como jefe de Gabinete. En ese acto participaron trece gobernadores y, puertas adentro del oficialismo, esa foto fue tomada como una muestra de un método distinto para la etapa que viene. La lectura en Balcarce 50 es que el segundo tramo de gestión exigirá más negociación con provincias, aliados y otros sectores con peso territorial.

Según esa lógica, la prioridad ya no pasa solamente por sostener el perfil propio de La Libertad Avanza. Ahora el foco aparece más puesto en ampliar la base de sustentación del Gobierno. Esa necesidad se vincula con un dato concreto: sin mayoría propia en el Congreso y con un Senado donde los gobernadores pesan cada vez más, la confrontación por sí sola no alcanza para empujar la agenda oficial.

La presencia de Milei este miércoles por la noche en San Miguel de Tucumán apunta en esa dirección. El Presidente viajará junto a su Gabinete para participar de la vigilia por el Día de la Independencia y allí volverá a compartir una imagen con varios mandatarios provinciales. En la Casa Rosada quieren darle continuidad a ese acercamiento, aunque sin presentar ese movimiento como un cambio de identidad del espacio libertario.

El giro, según la interpretación oficial, no está en los objetivos de fondo sino en la manera de construir poder. Después de un año y medio concentrado en la estabilización económica, la baja de la inflación, el orden de las cuentas públicas y la defensa de reformas sin mayoría propia, el Gobierno empezó a dar más lugar a una ingeniería política de acuerdos cotidianos.

Las PASO pasaron a ocupar un lugar central en el armado hacia 2027

La discusión sobre las PASO dejó de ser presentada en la Casa Rosada como una simple reforma electoral. En el oficialismo la ubican como una pieza de mayor peso dentro del diseño para 2027. La primera razón es parlamentaria: para avanzar, el Gobierno necesita conversar con gobernadores que tienen influencia decisiva en el Senado, una cámara que pasó a ser una mesa clave de negociación entre la Nación y las provincias.

La primera prueba aparecerá este miércoles, cuando Villarruel reúna otra vez a Labor Parlamentaria. En ese escenario, el oficialismo reconoce dificultades para imponer una sesión y para ordenar los tiempos. Varios senadores ya hicieron saber que no estarán en Buenos Aires, por lo que los proyectos prioritarios seguirán atados al resultado de las conversaciones políticas abiertas en los últimos días.

En ese marco se explica la llegada de Santilli. Su incorporación quedó asociada a la necesidad de abrir canales de trato diario con gobernadores y otros actores. Mientras Karina Milei y Eduardo “Lule” Menem siguen concentrando decisiones políticas, la ejecución empezó a repartirse de otra forma. Santilli quedó a cargo de la negociación cotidiana; Adrián Ravier asumió la vocería presidencial con un perfil más institucional; y Fabián Fernández pasó a coordinar la estrategia comunicacional.

Dentro del oficialismo sostienen que no hubo un cambio en el centro del poder, sino en la administración de funciones. También por eso, antes de abrir negociaciones hacia afuera, Milei ordenó la interna. Tras la salida de Manuel Adorni de la jefatura de Gabinete en medio de investigaciones judiciales sobre su situación patrimonial, y luego de diferencias por la abstención de Patricia Bullrich en la votación del pliego de la jueza María Verónica Michellini, la decisión fue contener tensiones en lugar de profundizarlas.

Bullrich seguirá en la mesa política que volverá a reunirse esta semana y mantendrá actividades con el armado que conduce Karina Milei en la Ciudad de Buenos Aires. Ese dato tomó relieve porque semanas atrás algunos sectores imaginaban una posible ruptura. Finalmente, la conducción libertaria optó por congelar las disputas internas mientras busca sumar volumen en la negociación con actores externos.

El plan financiero y la deuda también forman parte del mensaje para 2027

En paralelo con la discusión política, Caputo y Bausili terminarán de definir este lunes los detalles de un programa financiero que buscará despejar dudas sobre el pago de la deuda hasta fines de 2027. La intención oficial es mostrar una hoja de ruta para afrontar vencimientos durante lo que queda de este año y durante 2027, con un mensaje dirigido tanto al mercado como al sistema político.

Para la Casa Rosada, esa señal va más allá de una cuestión técnica. El oficialismo intenta instalar una idea de previsibilidad en un período donde suelen crecer las dudas cuando se aproxima una elección presidencial. La apuesta es evitar que el debate sobre de dónde saldrán los dólares para cumplir compromisos vuelva a tensar el escenario en la antesala electoral.

La conexión entre economía y política atraviesa todo el esquema. En el Gobierno consideran que una economía previsible puede ayudar a conseguir acuerdos, así como una mayoría más amplia puede fortalecer la credibilidad del programa económico. Por eso la presentación del plan financiero no aparece solo como un anuncio de números, sino como una pieza más de una estrategia política mayor.

En ese diagnóstico también pesan antecedentes recientes. Desde 2015, ningún oficialismo logró retener la Presidencia dentro de su mismo espacio. El kirchnerismo perdió con Daniel Scioli frente a Mauricio Macri; Macri no pudo renovar frente a Alberto Fernández; y el Frente de Todos tampoco sostuvo el poder con Sergio Massa frente a Milei. En la visión oficial, más allá de las diferencias entre procesos, la economía terminó condicionando la política en todos los casos.

Por eso el Gobierno busca actuar sobre los dos planos a la vez. Mientras Santilli intenta ampliar la base política, negociar con gobernadores y abrir una salida para la discusión sobre las PASO, Caputo procura bajar la incertidumbre financiera que suele reaparecer cuando una gestión entra en la recta que lleva a una presidencial.

El oficialismo también mira al peronismo en la pelea por las PASO

La eliminación o suspensión de las PASO tiene, para la Casa Rosada, otro objetivo además del parlamentario. En el oficialismo creen que el principal efecto podría sentirse en el peronismo. Cristina Kirchner quedó fuera de la competencia electoral después de la condena y de la inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos, mientras Axel Kicillof avanzó con un proyecto presidencial propio y Máximo Kirchner intenta preservar el liderazgo político de la expresidenta y la centralidad de La Cámpora.

Ese panorama deja a gobernadores, intendentes y otros sectores del PJ observando una disputa que todavía no tiene conducción resuelta para la etapa posterior a Cristina. En ese tablero, las PASO aparecen como un mecanismo institucional que podría ordenar una interna de gran tamaño. Sin primarias, esa tensión quedaría trasladada a la negociación política entre los distintos sectores del justicialismo.

En la Casa Rosada entienden que ese escenario podría favorecer al oficialismo. No solo porque dificultaría la reorganización del principal espacio opositor, sino también porque abriría la puerta para acercar a dirigentes peronistas que no se sienten contenidos por la conducción kirchnerista y buscan preservar su poder territorial.

En ese punto aparece otra herramienta que el Gobierno considera útil: la Boleta Única de Papel. Según esa lectura, una candidatura presidencial de Milei podría convivir con listas legislativas de gobernadores o de fuerzas provinciales que mantengan identidad propia. Esa posibilidad va en línea con la frase de Santilli: “En la etapa que viene, los colores no definen. Lo que va a definir el futuro es si volvemos para atrás o seguimos para adelante”.

Con ese encadenamiento, el oficialismo ubica el inicio de una fase distinta. Este lunes, Caputo y Bausili avanzarán sobre el programa financiero; el miércoles, Villarruel encabezará una nueva reunión de Labor Parlamentaria; y esa misma noche, Milei viajará a San Miguel de Tucumán junto a su Gabinete para la vigilia por el Día de la Independencia con varios gobernadores.

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