Quién era El Mencho, el temido jefe del Cartel Jalisco que murió en México durante un operativo

El operativo que terminó con la vida del Mencho cierra la larga persecución contra el jefe del Cartel Jalisco Nueva Generación, señalado por su enorme poder criminal en México y Estados Unidos.

Nemesio Oseguera Cervantes, más conocido como El Mencho, murió este domingo en México durante un operativo de fuerzas de seguridad, luego de consolidarse como jefe máximo del Cartel Jalisco Nueva Generación, también llamado Cartel Jalisco o CJNG. Las autoridades de México y Estados Unidos lo consideraban uno de los líderes criminales más buscados y lo señalaban como responsable de una red de violencia y negocios ilícitos con llegada a buena parte del territorio mexicano y también al mercado de drogas de Estados Unidos.

Durante años, los reportes oficiales describieron al Mencho como jefe de “una de las organizaciones criminales transnacionales más peligrosas del mundo”, con capacidad para enfrentar a militares, atacar a jueces y funcionarios de alto rango y coordinar acciones simultáneas en distintas ciudades de México. Su muerte se da tras una larga persecución que incluyó investigaciones en ambos países, capturas de familiares directos y golpes al círculo que lo rodeaba.

El Cartel Jalisco, con base original en el occidente de México, se expandió bajo su mando aprovechando vacíos dejados por viejos carteles y combinando violencia extrema, lavado de dinero y una estructura flexible, algo que lo convirtió en un actor central del narcotráfico en la región. Buena parte de esa historia gira alrededor de la figura del Mencho, un hombre que arrancó como sicario de bajo perfil y terminó, décadas después, en la cima del mapa criminal mexicano.

El operativo en México y el poder del Cartel Jalisco

Este domingo, distintos puntos de México mostraron nuevamente el nivel de confrontación entre el Estado y las organizaciones criminales. **En Zapopan, Jalisco, dos policías custodiaban una zona donde varios vehículos habían sido incendiados por bandas armadas**, mientras que en Acapulco integrantes de la Guardia Nacional y del Ejército vigilaban el área donde un colectivo había sido quemado. Estos hechos se vinculan al despliegue territorial de grupos delictivos como el Cartel Jalisco, que desde hace años dejó de operar solo en su estado de origen.

Bajo la conducción del Mencho, el CJNG pasó de ser un brazo armado regional a una estructura con presencia en numerosas entidades de México y conexiones firmes con el tráfico hacia Estados Unidos. Los informes de seguridad apuntan a que el grupo aprovechó la atención puesta durante mucho tiempo en carteles como Sinaloa, Los Zetas o Los Caballeros Templarios para instalar sus propias células en estados donde las viejas organizaciones iban perdiendo fuerza.

Lejos de limitarse al narcotráfico clásico, el Cartel Jalisco amplió su actividad hacia la extorsión, el robo y la explotación de migrantes, lo que complicó todavía más el escenario para las comunidades afectadas. Esa diversificación, sumada a un sistema de mandos descentralizado y casi “franquiciado”, permitió que la marca CJNG apareciera en distintos rincones del país, muchas veces firmando mensajes o panfletos que buscaban mostrar poder y control.

Las agencias de Estados Unidos sostienen que el Mencho trazó una organización moderna, que combinaba elementos de viejos carteles con estrategias nuevas. Del esquema del Pacífico tomó la importancia de las alianzas y de la negociación con actores locales, mientras que de grupos como Los Zetas habría incorporado el uso de violencia extrema como mecanismo de presión. A su vez, desde Michoacán se habrían replicado métodos de propaganda y la apuesta fuerte por drogas sintéticas, en especial metanfetamina.

Del Michoacán rural al liderazgo de Mencho en el CJNG

El origen del Mencho está lejos de los grandes centros urbanos: nació en una familia humilde de agricultores en Michoacán, una región asociada históricamente al cultivo de amapola y marihuana. **Su entrada al mundo delictivo fue como sicario de una facción ligada al Cartel de Sinaloa**, considerado durante años el principal referente del narcotráfico mexicano. Empezó en los escalones más bajos, pero a fuerza de alianzas, traiciones y movimientos calculados fue ganando espacio en la estructura criminal.

Un punto de quiebre en su carrera se ubica en 2009, cuando, según indagatorias oficiales, habría entregado a su propio jefe dentro del llamado Cartel del Milenio para conseguir el favor de un importante líder sinaloense. Esa jugada lo colocó como hombre de confianza y allanó el terreno para lo que vendría después. Al año siguiente, en 2010, surgió el Cartel Jalisco Nueva Generación, inicialmente planteado como brazo armado asociado a Sinaloa.

Sin embargo, esa alianza duró poco. Tras la muerte de Ignacio Coronel, jefe del Mencho en esa estructura, en un operativo policial, volvieron las acusaciones de traición alrededor de Oseguera Cervantes. Desde entonces se afianzó su imagen de dirigente frío, calculador, que evitaba las grandes exhibiciones de lujo y prefería mantener un perfil discreto a diferencia de otros capos que se mostraban en fiestas, corridos y redes sociales.

El crecimiento del CJNG se explica, en parte, porque ocupó espacios que dejaban libres carteles tradicionales golpeados por detenciones y disputas internas. Los operadores del Mencho se movieron hacia esos huecos con rapidez, tomando nota de las caídas de viejos jefes y ajustando su propia estrategia. De esa manera, el cartel logró instalarse en rutas clave para el envío de droga hacia Estados Unidos y consolidar una estructura de lavado de dinero basada en negocios aparentemente legales.

El paso de Mencho por Estados Unidos y el salto definitivo a México

Mucho antes de convertirse en el jefe del Cartel Jalisco, el Mencho ya estaba en el radar de fuerzas estadounidenses. **A fines de los años ochenta, la policía de Estados Unidos comenzó a seguirle el rastro en San Francisco**, donde fue detenido primero con marihuana y luego por vender heroína a agentes encubiertos en un bar. Por entonces, con poco más de 20 años, cruzaba la frontera de manera irregular una y otra vez: lo detenían, lo deportaban y volvía a entrar.

Tras pasar varios años preso en Estados Unidos, decidió regresar definitivamente a México. De ese período quedaron apenas tres fotos conocidas, las típicas imágenes de ficha tomadas por la DEA a principios de los años noventa. Después de esas capturas, no volvieron a aparecer fotografías suyas claras, pese a que su carrera delictiva lo llevó a dirigir uno de los carteles más poderosos del país. Ese vacío de imágenes alimentó aún más el perfil reservado que se le atribuye.

Una vez establecido en territorio mexicano, el Mencho se integró de lleno al engranaje del narcotráfico. En un comienzo lo hizo como parte de estructuras ligadas a Sinaloa, hasta que terminó impulsando su propio proyecto con el Cartel Jalisco Nueva Generación. La combinación de su conocimiento del lado estadounidense de la frontera y su experiencia en Michoacán y Jalisco le dio una ventaja a la hora de ordenar el negocio y los contactos con proveedores y distribuidores.

La escalada violenta: emboscadas, atentados y mensajes de terror

La trayectoria del Cartel Jalisco bajo el mando del Mencho quedó marcada por episodios de alto impacto. **En 2015, la muerte de uno de sus hombres a manos del Ejército derivó en una emboscada contra un convoy militar donde asesinaron a 15 agentes**, lo que dejó clara la capacidad del grupo para responder con fuerza. La captura de quienes fueron señalados como responsables generó, a su vez, una serie de narcobloqueos en todo Jalisco y el derribo de un helicóptero militar con un arma tipo bazuca.

En 2020, otro hecho volvió a concentrar la atención sobre el Mencho y el Cartel Jalisco. Ese año se produjo la extradición a Estados Unidos de su hijo Rubén Oseguera, apodado El Menchito. Pocas semanas después, el juez que había llevado adelante el proceso fue asesinado a balazos en su casa de Colima. Fuentes de seguridad atribuyeron el crimen a la organización de Oseguera Cervantes, que ya venía siendo considerada una de las más violentas del país.

Ese mismo año se registraron otros hechos adjudicados al CJNG. A fines de 2020, el exgobernador de Jalisco Aristóteles Sandoval fue atacado y asesinado en los baños de un bar de Puerto Vallarta, uno de los principales destinos turísticos del estado. Paralelamente, en la Ciudad de México, el entonces jefe de la policía capitalina, Omar García Harfuch, hoy secretario federal de Seguridad, fue emboscado en Lomas de Chapultepec por un comando de 28 sicarios que bloqueó la calle y disparó durante varios minutos con fusiles de alto poder.

Harfuch sobrevivió, pero el atentado, atribuido al Cartel Jalisco, evidenció hasta qué punto la organización estaba dispuesta a confrontar con figuras de alto perfil en una de las zonas más exclusivas de la capital del país. El ataque funcionó como demostración de fuerza y se sumó a un historial de acciones coordinadas en ciudades turísticas y rutas estratégicas, donde el cartel buscaba mostrar presencia y enviar mensajes tanto a rivales como a las propias autoridades.

Masacres, redes sociales y el sello del CJNG

El año 2011 marcó otro episodio clave. El 20 de septiembre de ese año, alrededor de las cinco de la tarde, seis camionetas bloquearon una carretera en Boca del Río, Veracruz, una zona turística muy concurrida. **Desde esos vehículos bajaron 35 cuerpos que fueron acomodados sobre el asfalto y presentados como presuntos integrantes de Los Zetas**, un grupo conformado por exmilitares que disputaba entonces el negocio con Sinaloa. Aquella acción se convirtió en carta de presentación del CJNG y les dio el apodo de “Los Matazetas”.

Con el tiempo, la presencia del Cartel Jalisco también se empezó a notar en internet. Circularon videos de comandos vestidos con ropa tipo militar, portando fusiles y subidos a camiones blindados de forma casera con placas de hierro, casi como tanques improvisados. Los hombres aparecían con el logo CJNG en el pecho, lanzando consignas en apoyo al “Señor de los Gallos”, uno de los sobrenombres del Mencho, vinculado a su gusto por las peleas de gallos en palenques.

En paralelo, se impulsaron campañas de propaganda, sobre todo en la zona limítrofe entre Michoacán y Jalisco, considerada bastión de la organización. Esos mensajes buscaban ganar aceptación en comunidades alejadas y golpeadas por la violencia, prometiendo supuestamente frenar los abusos de otros grupos criminales y presentándose como una fuerza de “orden” distinta. Los reportes oficiales señalan que, detrás de esa narrativa, se mantenía el esquema de control territorial, cobro de cuotas y reclutamiento forzado.

Investigaciones, lavado de dinero y el entorno familiar del Mencho

En México, la persecución judicial contra Oseguera Cervantes se intensificó a partir de 2013. Las primeras carpetas abiertas a nivel estatal surgieron tras la desaparición de un cocinero que había ido a trabajar a una fiesta y nunca regresó, y por otro caso vinculado al homicidio de unos pescadores. **A medida que avanzaron las pesquisas, se consolidó la hipótesis de que el lavado de dinero era uno de los ejes centrales del CJNG**, apoyado en una red de restaurantes y comercios usados para maquillar los ingresos.

Según expedientes oficiales, el método consistía en adquirir locales gastronómicos y designar en ellos a contadores conectados con la organización. Los negocios continuaban con su actividad formal, pero en paralelo servían para justificar grandes movimientos de efectivo. En 2015 incluso se documentó un plan para identificar estudiantes sobresalientes de Derecho y Contaduría, ofrecerles becas y luego sumarlos a la estructura una vez recibidos, con roles clave en la parte administrativa y legal.

En torno al Mencho también circularon versiones no confirmadas. Una de ellas indicaba que padecía una enfermedad renal que lo habría obligado a restringir traslados y apariciones públicas, e incluso se habló de un supuesto hospital propio en la zona serrana entre Michoacán y Jalisco, donde sería atendido en la intimidad de sus dominios. Ninguna de estas versiones fue ratificada oficialmente, pero en los informes de inteligencia se repetía la idea de un círculo cercano cada vez más reducido.

Mientras tanto, las autoridades de Estados Unidos enfocaron en los últimos años sus golpes en los familiares directos del Mencho. Su hermano Antonio, conocido como Tony Montana, fue detenido en 2022 y enviado a territorio estadounidense recientemente. Su hijo Rubén, el Menchito, fue declarado culpable de narcotráfico en una corte de Washington, y su yerno, Cristian Fernando Gutiérrez, apodado El Guacho e identificado como parte de la cúpula del CJNG, fue capturado en California luego de simular su propia muerte para evitar ser arrestado.

En ese entorno íntimo también se destaca la figura de su esposa, Rosalinda González Valencia, apodada La Jefa, señalada como pieza central del aparato financiero del cartel. En México fue detenida en dos oportunidades y liberada en ambas. Tanto ella como Oseguera nacieron en Aguililla, Michoacán, aunque se conocieron de jóvenes mientras vivían como migrantes en California. Se casaron a fines de los años noventa tras regresar a México, en una boda que, según distintas investigaciones, ya mostraba el poder económico y la ambición de control del Mencho.

González Valencia pertenece a una familia con larga trayectoria en el negocio del narcotráfico: los hermanos Valencia, conocidos como Los Cuinis. Con el matrimonio, ese clan se transformó en uno de los brazos más influyentes dentro de la estructura del Cartel Jalisco Nueva Generación, aportando contactos, recursos y experiencia que reforzaron el proyecto criminal que lideraba el Mencho hasta su muerte en el operativo de este domingo.

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