Investigadoras del Conicet comenzaron a estudiar la presencia de una medusa de agua dulce originaria de Asia que fue detectada en lagos y lagunas de Bariloche. El registro se hizo hace pocas semanas en ambientes del Parque Nacional Nahuel Huapi, y abrió una etapa de seguimiento para conocer cuánto se instaló la especie y qué efectos podría tener sobre otras formas de vida acuática. El trabajo está a cargo de un equipo del Inbioma y, además del monitoreo, incluye recomendaciones para frenar su dispersión y un pedido de colaboración a vecinos, turistas y personas que recorran esos cuerpos de agua.
La especie se llama Craspedacusta sowerbii y ya había sido identificada antes en otras provincias del país. Sin embargo, su hallazgo en cuerpos de agua de Bariloche puso en marcha un análisis puntual en esa zona, donde el interés principal pasa por medir su distribución real y observar si altera la dinámica ecológica de especies autóctonas.
El registro surgió a partir de un trabajo realizado por Sharon Allen Dohle, Mariana Reissig, Patricia García y María del Carmen Diéguez. Las cuatro integran el Grupo de Ecología de Sistemas Acuáticos a escala de Paisaje, conocido como Gesap, que funciona dentro del Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente, dependiente del Conicet.
La detección de la medusa abrió una etapa de control y monitoreo
Según se informó, la identificación se logró tras analizar los lagos Escondido y El Trébol, además de la laguna Buillines. A partir de ese avance, el equipo comenzó a reunir datos para establecer qué grado de instalación alcanzó la especie en esos ambientes y si su presencia visible refleja realmente toda su expansión.
Las investigadoras advirtieron que se trata de un organismo difícil de controlar una vez que logra establecerse. Patricia García explicó: “Tiene gran capacidad de dispersión y es posible que su registro esté subestimado. Una vez que se establece, técnicamente es imposible erradicarla porque tiene una fase muy pequeña que es casi imposible de eliminar. Se puede hacer un esfuerzo en evitar una mayor dispersión”.
Esa dificultad está vinculada con su propio ciclo de vida. La medusa de agua dulce atraviesa dos etapas bien distintas: una fase pólipo, microscópica, y una fase medusa, que es la visible pero aparece durante períodos breves. De acuerdo con la información difundida, esa aparición suele darse cuando las condiciones ambientales la favorecen y la temperatura del agua supera los 17°.
Por ese motivo, el monitoreo no se limita a observar ejemplares a simple vista. El trabajo apunta también a comprender en qué ambientes podría permanecer sin ser detectada, sobre todo porque la fase microscópica vuelve mucho más compleja cualquier tarea de control.
El Conicet investiga cómo una especie de Asia puede modificar ambientes acuáticos
La Craspedacusta sowerbii proviene de aguas cálidas de Asia, en especial del río Yangtsé, en China. Su presencia fuera de su lugar de origen no es nueva. Mariana Reissig señaló: “La medusa de agua dulce es invasora en todos los continentes, menos en la Antártida. Viene de China y se registró primero en Europa, después en Norteamérica y se fue expandiendo. Se adapta fácilmente a nuevas condiciones e invade nuevos ambientes rápido y fácil porque es fácil que la transporten aves, embarcaciones y peces”.
Esa capacidad de dispersión es uno de los puntos que más atención genera en la investigación. En su fase pólipo, el organismo puede adherirse a distintas superficies. Entre ellas aparecen botes, equipos de pesca, patas de aves migratorias y cuerpos de peces. Así, aunque no siempre sea visible, la especie puede pasar de un ambiente a otro con relativa facilidad.
Las científicas indicaron que todavía no existe una medición concreta del impacto ecológico en los lagos y lagunas donde fue detectada. De todos modos, uno de los ejes del estudio pasa por revisar si puede alterar la cadena alimenticia de especies autóctonas. Ese análisis, según explicaron, es central para entender el alcance del problema en la región.
También plantearon que ciertos cambios en las condiciones climáticas podrían favorecer su avance. Inviernos más moderados y veranos con temperaturas inusuales aparecen entre los factores que podrían beneficiar a una especie cuya fase visible depende de condiciones ambientales favorables.
Las recomendaciones para evitar que la especie siga avanzando por otros lagos
Junto con el estudio científico, el equipo difundió una serie de medidas preventivas para reducir el riesgo de traslado entre distintos cuerpos de agua. Una de las principales recomendaciones es no mover agua, plantas ni animales de un lago o laguna a otro. En caso de navegar, también se aconseja drenar fuera del ambiente acuático el agua acumulada en botes y otros artefactos flotantes.
Además, las investigadoras pidieron desinfectar botas, redes, embarcaciones y motores con agua caliente, soluciones salinas o desinfectantes como lavandina. La indicación apunta a eliminar los pólipos, que por su tamaño resultan muy difíciles de detectar. A eso se suma otra sugerencia concreta: dejar secar las embarcaciones antes de trasladarlas de un ambiente a otro.
El movimiento de personas y equipos vinculado al turismo aparece como uno de los factores que pueden ayudar a la dispersión. Por eso, la prevención fue presentada como una herramienta complementaria del monitoreo y de la investigación que ya está en marcha en la zona de Bariloche.
Como los registros disponibles todavía son pocos, las investigadoras pidieron colaboración para ampliar la información sobre la distribución de la medusa. Indicaron que quienes observen ejemplares pueden enviar una foto con su referencia geográfica a la cuenta oficial de Instagram del grupo, @fotolab.gesap. Otra opción es cargar observaciones con imágenes en la plataforma iNaturalist, donde especialistas verifican los aportes para sumar datos sobre la especie.

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