El hospital San Bernardo protagonizó en Salta un hecho inédito al concretar el primer implante de un marcapasos sin cables mediante un método mínimamente invasivo, guiado por imágenes en tiempo real y sin necesidad de cirugía abierta. El procedimiento se llevó a cabo en el servicio de Hemodinamia, en un paciente afiliado al PAMI, gracias al trabajo conjunto de especialistas del sector público y del ámbito privado. Según los profesionales, este tipo de dispositivo intracardíaco marca una tendencia mundial hacia tratamientos menos agresivos para las patologías del corazón.
Cómo fue el implante del marcapasos sin cables en el hospital San Bernardo
En esta intervención pionera, el equipo de cardiología utilizó un angiógrafo de última generación para controlar en tiempo real el avance del dispositivo dentro del sistema circulatorio. El marcapasos sin cables se fue guiando desde la pierna hasta el corazón bajo monitoreo permanente, lo que permitió verificar su recorrido y la ubicación final antes de liberarlo en la cavidad cardíaca. Este equipamiento, explicaron, resulta clave cuando se trata de prácticas de alta complejidad vinculadas a arritmias y otros trastornos del ritmo.
La práctica se desarrolló en el servicio de Hemodinamia del hospital San Bernardo, donde se concentró un grupo multidisciplinario de cardiólogos clínicos y especialistas en electrofisiología y arritmias. Los profesionales remarcaron que la coordinación entre médicos que se desempeñan habitualmente en el hospital y colegas del sector privado fue determinante para poder llevar adelante este tipo de implante, que no forma parte de la rutina diaria de la institución.
El paciente intervenido es afiliado al PAMI y reunió las condiciones clínicas necesarias para recibir un marcapasos sin cables. Los médicos detallaron que, además de la patología de base, se tuvieron en cuenta factores como el riesgo de infecciones, antecedentes de cirugías previas y otras particularidades que vuelven especialmente útil este tipo de solución tecnológica.
Durante la intervención, el dispositivo se introdujo a través de una punción en la región de la ingle, en la vena femoral. Desde allí, mediante un catéter especial, se avanzó por el sistema venoso hasta llegar al interior del corazón. Una vez en la cavidad elegida, el marcapasos se colocó y se dejó anclado a la pared cardíaca. Todo el trayecto fue seguido por imágenes en el angiógrafo, lo que permitió ir evaluando cada movimiento antes de tomar una decisión definitiva.
Los especialistas describieron que, por las características del procedimiento, se considera de baja agresividad en comparación con la implantación de marcapasos convencionales, que suelen requerir una incisión en el tórax, la creación de un bolsillo subcutáneo y el pasaje de cables o electrodos hacia el corazón.
Un dispositivo del tamaño de una colilla y sin cables visibles en el pecho
El cardiólogo electrofisiólogo Sebastián Schanz fue uno de los referentes del equipo que concretó el implante del marcapasos sin cables en Salta. El profesional explicó que el modelo utilizado corresponde al sistema Micra, un tipo de marcapasos intracardíaco que se distingue por su tamaño y por funcionar sin electrodos tradicionales. “Tiene el tamaño de la colilla de un cigarrillo y eso va dentro del corazón”, describió, remarcando que todo el dispositivo queda alojado en el interior del órgano.
Schanz comparó el aparato con un chip para graficar tanto su tamaño como su modo de acción. Según detalló, el dispositivo se fija a la pared del corazón por medio de pequeñas “patitas” o anclas, que le dan estabilidad. Desde esa posición, el marcapasos analiza de manera constante los latidos y, cuando detecta que la frecuencia está por debajo de lo adecuado, emite los impulsos eléctricos necesarios para normalizar el ritmo.
De acuerdo con la información brindada por el equipo, este tipo de marcapasos es alrededor de un 93% más chico que los modelos clásicos que se colocan en el tórax. Todo el sistema queda dentro del corazón, sin bolsillo subcutáneo ni cicatriz visible en el pecho, lo que elimina también los cables que conectan el generador con las cavidades cardíacas en los dispositivos tradicionales. En cuanto a la duración, Schanz indicó que la tecnología utilizada puede alcanzar hasta 17 años de funcionamiento.
Otra diferencia importante con los marcapasos convencionales es el posoperatorio. El especialista indicó que una vez finalizado el implante del marcapasos sin cables, el cierre se realiza en el mismo sitio de la punción femoral, mediante presión localizada. “No hay puntos, simplemente con presión, un cierre a nivel del pinchazo y el paciente se va caminando por sus propios medios con ninguna cicatriz”, sostuvo, resaltando que no se generan heridas en el tórax.
Esta modalidad, señalaron los médicos, tiende a reducir posibles complicaciones como hematomas en el bolsillo subcutáneo, infecciones asociadas a la herida de la cirugía o problemas derivados de fallas en los electrodos. Además, la recuperación suele ser más rápida por la menor invasividad del abordaje.
Selección de pacientes, riesgos y fijación del marcapasos sin cables
Pese a los beneficios observados, Schanz aclaró que el marcapasos sin cables no está pensado para todos los casos. Se trata de una opción reservada para pacientes específicos, con situaciones clínicas que limitan el uso de un marcapasos convencional. Entre los motivos que restringen su aplicación mencionó tanto la complejidad de ciertos cuadros como el costo más elevado de esta tecnología en comparación con los sistemas tradicionales.
En relación con la seguridad del procedimiento, el cardiólogo sostuvo que el riesgo global es bajo, aunque la precisión resulta fundamental para que el resultado sea el esperado. “Lo que lleva más tiempo es encontrar el lugar ideal”, señaló. Durante la práctica realizada en el hospital San Bernardo, el equipo probó varios puntos de anclaje antes de definir el definitivo: “Hicimos cuatro intentos en distintos lugares, hasta encontrar un lugar donde se ancla adecuadamente en el corazón”, relató.
El momento más delicado, de acuerdo con lo informado por los profesionales, es la fijación del dispositivo a la pared cardíaca. La principal complicación posible es que el marcapasos se desprenda y se desplace dentro del corazón o hacia otra zona del sistema circulatorio. “Que el dispositivo se suelte y se desplace”, advirtió Schanz, aunque aclaró que esa eventualidad se controla durante la misma intervención, mediante pruebas físicas y mediciones eléctricas antes de dar por finalizado el implante.
El médico relacionó este tipo de prácticas con una tendencia general en la cardiología intervencionista: avanzar hacia tratamientos cada vez menos invasivos y que puedan realizarse por catéter. En ese sentido, comparó el marcapasos intracardíaco con otros dispositivos que ya se usan por vía percutánea: “La tendencia es a esto, cada vez procedimientos menos invasivos, que no requieran cirugía”, afirmó, y agregó que “esto sería el equivalente a un stent, pero en el caso de marcapasos”.
Sobre la posibilidad de que más pacientes accedan a un marcapasos sin cables en Salta y en el resto del país, Schanz planteó que hoy el alcance está condicionado principalmente por el costo y por las indicaciones médicas. No obstante, consideró que a medida que la tecnología se difunda y haya más experiencia, podría haber una mayor disponibilidad. “Seguramente con el tiempo será más fácil acceder a este tipo de intervenciones”, concluyó.

