Mandela y el legado de una frase que volvió al centro del debate

La cita surgió durante los años en los que Mandela estuvo preso y fue retomada por su vínculo con la reconciliación y la polarización actual.

Mandela y su legado volvieron a quedar en primer plano este viernes 3 de julio de 2026, a partir de una nueva revisión de una de sus frases más citadas sobre el odio y el amor. La definición aparece en El largo camino hacia la libertad, la autobiografía publicada en 1994, y otra vez fue tomada como punto de partida para discutir la convivencia social, la polarización y los mecanismos que llevan a una sociedad a aprender conductas violentas. El eje del planteo remite a su paso por la cárcel, al sistema del apartheid y al proceso político que atravesó Sudáfrica al recuperar la democracia.

La cita que volvió a circular dice: “Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, su origen o su religión. La gente debe aprender a odiar, y si pueden aprender a odiar, se les puede enseñar a amar”. En el mismo pasaje, además, aparece una parte que muchas veces no se reproduce completa: “Porque el amor nace más naturalmente en el corazón humano que su opuesto”.

El repaso sobre esa frase la ubica dentro de una experiencia concreta y no como una consigna aislada. Según se recordó, Mandela escribió buena parte de ese libro durante los años de encierro, mientras cumplía una condena de 27 años por enfrentar uno de los regímenes de segregación racial más duros del siglo XX. Esa trayectoria es la que le da sentido político a un texto que más de tres décadas después sigue siendo citado.

El legado de Mandela nació en medio de la cárcel y el apartheid

La autobiografía salió en 1994, aunque una parte importante de sus páginas comenzó a tomar forma mucho antes. De acuerdo con el repaso del libro, Mandela escribía a mano durante la noche en la prisión de Robben Island. Después, esos papeles eran ocultados por otros presos en huertas del penal o enviados de manera clandestina hacia el exterior.

Ese proceso se desarrolló mientras el dirigente sudafricano atravesaba largos años de encierro. Dentro de la obra, la frase sobre el odio y el amor aparece asociada a los tramos más duros del confinamiento, especialmente a jornadas de aislamiento y malos tratos contra detenidos políticos. En ese contexto, observó también a guardias jóvenes blancos formados dentro del nacionalismo afrikáner.

El libro señala que, aun dentro de esa estructura rígida, por momentos aparecían gestos humanos que no encajaban con la lógica oficial del racismo. A partir de esa experiencia, Mandela llegó a una conclusión central: el odio no era una condición natural, sino el resultado de una enseñanza previa sostenida por normas, discursos y prácticas sociales.

Así, el razonamiento que dejó asentado en su autobiografía indica que, para que un joven blanco odiara a un hombre negro, antes debía existir una maquinaria capaz de formarlo de ese modo. Esa maquinaria, según la lectura del texto, no era solamente política, sino también educativa, legal y cultural.

La frase más difundida tiene un tramo que muchas veces queda afuera

Con el paso del tiempo, la cita de Mandela se transformó en una de las más repetidas de su trayectoria pública. Sin embargo, muchas reproducciones breves omiten el cierre del pasaje. El texto completo agrega: “Porque el amor nace más naturalmente en el corazón humano que su opuesto”.

Ese agregado no es menor, porque completa el sentido de la idea original. No se trata solo de afirmar que el odio se aprende, sino también de sostener que el amor puede ser enseñado. En la lógica de Mandela, ambas cuestiones estaban unidas a una estrategia política de reconciliación y no a una frase suelta para redes o discursos de ocasión.

También por eso el libro es leído como una síntesis de su pensamiento. La experiencia personal del encierro, la observación directa del apartheid y la posterior transición democrática de Sudáfrica forman parte del mismo hilo que explica por qué esa frase sigue teniendo peso en debates actuales.

Mandela y la vigencia de su legado frente a la polarización actual

El análisis difundido este viernes retoma esa definición para mirar el presente. La discusión ya no está puesta en leyes de segregación explícitas como las del apartheid, sino en otras formas de producción del rechazo social. En ese punto, se mencionó el papel de algoritmos diseñados para captar atención y de cámaras de eco en plataformas digitales.

Según ese enfoque, esos mecanismos pueden reforzar sospechas, aumentar la polarización y empujar la deshumanización del adversario político, cultural o religioso. De ese modo, la frase de Mandela vuelve a ser citada no solo por su valor histórico, sino porque permite pensar cómo se forman hoy determinadas conductas sociales.

La misma revisión remarca que el legado del dirigente sudafricano no puede separarse del momento en que escribió esas líneas. No fue una reflexión elaborada en retiro ni lejos del conflicto, sino una conclusión nacida en medio de la represión, de la vida carcelaria y luego proyectada sobre la transición democrática de su país.

Ese criterio también fue vinculado con una decisión política posterior: impulsar la reconciliación nacional sin expulsar ni exterminar a la minoría blanca que había sostenido el sistema opresivo. En esa línea, se recordó además el uso del Mundial de rugby de 1995 y de la camiseta de los Springboks como herramienta de unidad nacional. Años después, ese episodio fue llevado al cine en la película Invictus, dirigida por Clint Eastwood.

Más de 30 años después de la publicación de El largo camino hacia la libertad, la frase sigue apareciendo en discusiones sobre cómo se construye socialmente el odio. En ese marco, el texto volvió a citar de manera completa las palabras de Mandela: “Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, su origen o su religión. La gente debe aprender a odiar, y si pueden aprender a odiar, se les puede enseñar a amar”, y “Porque el amor nace más naturalmente en el corazón humano que su opuesto”.

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