De la basura a las bibliotecas: el trabajo de José Gutiérrez con más de 20 mil libros en Colombia

La Fundación La Fuerza de las Palabras organizaba donaciones y envíos de textos para ampliar el acceso a la lectura en zonas vulnerables.

En 2018, José Alberto Gutiérrez, vecino del barrio La Nueva Gloria de Bogotá, reunía libros que encontraba entre la basura para entregarlos a bibliotecas, escuelas y centros comunitarios de Colombia. Su tarea, conocida entre niños pobres y familias de zonas vulnerables, había alcanzado más de 450 espacios y a más de 22.000 personas. A los 55 años, el llamado Señor de los Libros sostenía junto a su esposa la Fundación La Fuerza de las Palabras, desde donde seleccionaban, reparaban y enviaban ejemplares a distintos puntos del país.

Los libros que salían de los residuos para llegar a nuevos lectores

La colección comenzó a fines de 1997, cuando Gutiérrez trabajaba como chofer de un camión de basura en la antigua empresa Limpieza Metropolitana de Bogotá. Durante los recorridos nocturnos por el oeste de la ciudad, encontró textos descartados entre los residuos y decidió llevarlos a su casa.

Con el paso de los años, esa decisión fue armando una biblioteca comunitaria dentro de su vivienda. En un espacio de unos quince metros cuadrados, los ejemplares se acumulaban en distintos sectores de la casa, mientras Gutiérrez y su esposa los ordenaban según su estado y posible destino.

Para ese momento, el hombre había recuperado más de 50.000 libros. Entre las obras guardadas había títulos de ciencia, medicina, literatura y emprendimiento, además de ejemplares como Lo que el viento se llevó, de Margaret Mitchell, una edición en inglés de El principito, de Antoine de Saint-Exupéry, y una colección de Miguel de Cervantes Saavedra.

La casa de Bogotá se convirtió en el punto de partida de los envíos

Diez años antes de 2018, la biblioteca familiar pasó a organizarse formalmente como la Fundación La Fuerza de las Palabras. La entidad recibía llamados de personas que querían donar material o de instituciones que necesitaban textos para sus lectores.

Cuando el pedido provenía de una escuela o biblioteca, la familia revisaba los libros disponibles y elegía los más útiles para cada lugar. Había material infantil, científico y literario. Si el trayecto era posible, realizaban el traslado en su propio vehículo; para distancias mayores, buscaban apoyo económico que permitiera pagar el envío.

Los niños pobres y las escuelas rurales estaban entre los principales destinatarios

Ese mecanismo llevó ejemplares a más de 450 sitios de Colombia, incluidos centros de lectura, escuelas rurales y bibliotecas comunitarias. Gutiérrez vinculaba la circulación de libros con las oportunidades educativas de chicos que vivían en sectores con dificultades de acceso a materiales de lectura.

Según datos citados entonces del Ministerio de Educación Nacional de Colombia, solo cuatro de cada 10 jóvenes que finalizaban el nivel secundario ingresaban cada año a la universidad. La proporción era menor en territorios atravesados por problemas socioeconómicos, como La Nueva Gloria, el barrio bogotano donde vivía Gutiérrez.

El responsable de la fundación sostenía que parte de los chicos alcanzados por el proyecto pudo seguir estudios superiores. “La mejor herencia que le podemos dejar a un niño siempre será la educación”, aseguró al explicar el sentido que le daba a la entrega de textos.

Los envíos también alcanzaron comunidades alejadas y excombatientes

A fines de 2017, La Fuerza de las Palabras mandó por avión cinco cajas de libros a la comunidad indígena Huitotacueimaní, ubicada en una zona selvática y ribereña del sur colombiano. Días después, uno de los líderes del territorio respondió mediante un video y señaló que los pueblos indígenas de la región esperaban al Señor de los Libros con los brazos abiertos.

La fundación también entregó decenas de obras a un grupo de excombatientes de las FARC, organización que había firmado un acuerdo de paz con el Gobierno colombiano en 2016, luego de 50 años de conflicto. Entre los textos enviados figuraban libros de ganadores del Premio Nobel de Literatura, incluido Gabriel García Márquez.

En junio de 2018, tras haber sido despedido en febrero de la empresa de reciclaje de Bogotá donde trabajaba, Gutiérrez y su familia dedicaban sus días a proyectar una biblioteca museo en la ciudad. La propuesta incluía un taller de reciclaje, un banco de libros y una muestra de reliquias literarias para conservar y distribuir los ejemplares recuperados.

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