La regulación de los kioskos escolares volvió a ponerse sobre la mesa a partir del debate por la alimentación de niños y adolescentes. Una normativa nacional, la Ley 26.396, asigna a las escuelas un rol clave y fija criterios sobre qué tipo de productos se pueden ofrecer dentro de los establecimientos. El objetivo es que la alimentación en el ámbito escolar acompañe hábitos más saludables y que la ley funcione como marco para ordenar qué se vende en esos espacios.
La norma apunta a prevenir distintos trastornos alimentarios y, en ese marco, pone el foco en los puntos de venta internos a los que los chicos acceden todos los días. Allí se propone reemplazar, de manera progresiva, los productos ultraprocesados y las golosinas por alimentos con mejor aporte nutricional. El texto legal no baja a marcas ni listas cerradas, pero sí marca una orientación general.
El planteo incluye también un trabajo más amplio de educación y acompañamiento, donde se busca que tanto la escuela como las familias apunten en la misma dirección. Así, la ley intenta que las decisiones sobre comida en la vida diaria de los estudiantes tengan respaldo en lo que ven y consumen dentro del establecimiento educativo.
Qué exige la ley sobre kioskos escolares y alimentación dentro de los colegios
El artículo 9 de la Ley 26.396 indica que los kioskos y puestos de expendio que funcionan dentro de las instituciones educativas deben ofrecer alimentos que se integren a una dieta equilibrada. La alimentación que se brinda en los kioskos escolares debe ir en línea con una dieta saludable y balanceada, de acuerdo con la orientación establecida por la normativa.
El alcance de esta disposición llega a todos los puntos de venta internos, es decir, aquellos a los que ingresan diariamente niñas, niños y adolescentes en su horario escolar. No se trata solo de lo que se vende en recreos o entre clases, sino de toda la oferta de alimentos que esté disponible dentro del predio de la escuela.
Aunque la ley no detalla productos específicos ni prohíbe por nombre a determinadas categorías, sí define un criterio general: priorizar los alimentos con valor nutricional frente a aquellos de escaso aporte. En esa línea, se busca que las opciones saludables tengan un lugar central y no aparezcan como algo secundario dentro del kiosco.
La regulación de estos kioskos se inserta en un dispositivo más amplio de prevención de trastornos alimentarios que incluye, entre otros, la obesidad, la bulimia y la anorexia. Según lo establecido, ordenar lo que se vende en las escuelas forma parte de una estrategia más integral sobre cómo comen los chicos en su vida cotidiana.
Qué alimentos se promueven y que productos se intenta desplazar de los kioskos escolares
Si bien la ley no arma un listado oficial, especialistas que trabajan en alimentación escolar marcan algunas orientaciones concretas. Entre las opciones más recomendadas para los kioskos escolares aparecen frutas frescas o deshidratadas, yogures y otros lacteos, frutos secos, sandwiches simples y agua, además de jugos naturales o sin azúcar agregada y preparaciones caseras sencillas.
Estas alternativas se presentan como reemplazo posible frente a las elecciones que suelen dominar las vitrinas: alfajores, snacks salados, golosinas y bebidas azucaradas. La intención es que, con el tiempo, esos productos ultraprocesados dejen de ocupar el centro de la escena y sean corridos por opciones de mejor calidad nutricional.
El foco está puesto en lo que se ofrece todos los días dentro de la escuela, ya que son consumos repetidos que terminan instalando costumbres. Cambiar el contenido de los kioskos, en este contexto, se entiende como una forma concreta de influir en la alimentación de los estudiantes sin recurrir solo a recomendaciones teóricas.
Además del tipo de alimentos, la norma también presta atención a la manera en que se muestran. La ley exige que las opciones saludables estén “debidamente exhibidas”, lo que implica que sean visibles, accesibles y atractivas para los chicos, y no queden escondidas detrás de otros productos de menor valor nutritivo.
Rol de la escuela y de las familias en la aplicación de la ley
La Ley 26.396 plantea que el cambio en los kioskos escolares tiene que ir acompañado por contenidos de educación alimentaria en el aula. La normativa busca que las decisiones sobre alimentacion se refuercen con informacion y actividades dentro de las clases, de modo que los chicos entiendan por qué se promueven determinadas elecciones.
En paralelo, se señala la importancia del acompañamiento en el hogar. A madres, padres y tutores se les asigna un papel relevante en sostener en casa las mismas prácticas saludables que se impulsan en la escuela. De esta manera, la construcción de hábitos no queda limitada al horario escolar, sino que se trabaja de forma articulada entre escuela y familia.
Según lo establecido en la ley, el cumplimiento efectivo de estas pautas requiere la participación de toda la comunidad educativa. Cada institución debe asegurar que la oferta saludable esté disponible y correctamente exhibida en los kioskos y puestos de venta internos, de acuerdo con los criterios marcados por la normativa nacional.

