En medio de una fuerte crisis de consumo que golpea a los pequeños comercios, los kioscos de todo el país atraviesan una ola de cierre de locales y buscan reconvertirse para no bajar la persiana. Según la Unión de Kiosqueros de la República Argentina (UKRA), en los últimos meses miles de puntos de venta desaparecieron y los que siguen abiertos se ven obligados a sumar nuevos servicios para sostener la actividad. El fenómeno se repite tanto en la Ciudad de Buenos Aires como en el interior, incluida Salta, donde los kiosqueros advierten que el panorama se volvió mucho más complicado.
La organización sectorial atribuye esta situación a una combinación de recesión, suba permanente de costos y competencia de otros rubros que incorporaron productos típicos de kiosco. En ese contexto, el negocio tradicional de golosinas, cigarrillos y bebidas ya no alcanza, y las estrategias para esquivar el cierre van desde ofrecer librería hasta servicios de impresión o artículos de almacén.
El vicepresidente de UKRA, Ernesto Acuña, detalló que la caída del poder de compra está en el centro del problema y remarcó que, ante esta crisis, muchos kioscos sobreviven usando ahorros personales o reduciendo al mínimo los gastos, aunque no todos logran sostenerse más de algunos meses.
Cierre masivo de kioscos y crisis en las ventas
Acuña describió que el sector vive uno de los momentos más duros de las últimas décadas. De acuerdo con los datos que mencionó, en noviembre de 2024 había alrededor de 96 mil kioscos en el país y hoy quedarían cerca de 60 mil, lo que implica el cierre de unos 30 mil kioscos en aproximadamente 17 meses de crisis sostenida. Para la entidad, este ajuste refleja con claridad la magnitud de la recesión y la pérdida de consumo en los barrios.
El dirigente insistió en que “el kiosco no está exento de la crisis general” y apuntó a la caída del salario real como principal motor de la baja de ventas. Según su descripción, el bolsillo de la gente se achicó tanto que los consumidores priorizan alimentos básicos y dejan para el final las compras típicas del kiosco, como snacks, chocolates o gaseosas.
La retracción no se da de manera pareja en todo el mapa. En zonas de mayor poder adquisitivo de la Ciudad de Buenos Aires, los kiosqueros reportan bajas de entre 10 y 15 % respecto de niveles previos. En cambio, en barrios de clase media la merma de ventas se acerca al 50 % en comparación con lo que se vendía hace tres años. En sectores populares del conurbano la situación es calificada como aún más grave, con locales que venden apenas un tercio de lo que facturaban antes y evalúan seriamente el cierre.
En el interior del país, donde no hay estadísticas consolidadas, UKRA advierte que el deterioro del poder de compra se siente con igual intensidad. Acuña explicó que muchos dueños de kioscos recurren a ahorros personales para cubrir alquiler, impuestos y pago a proveedores, y sintetizó el escenario con una frase tajante: “Muchos se están comiendo los ahorros. El que no los tiene, al tercer mes de deber el alquiler, cierra”.
Costos en alza, falta de crédito y competencia de otros rubros
Además de la recesión, los kiosqueros señalan que los costos fijos se dispararon y complican aún más la continuidad de los negocios. Los incrementos en los precios de los alquileres, junto con las subas en tarifas de servicios y la reducción del financiamiento comercial, hicieron que la estructura de gastos sea cada vez más pesada. Para UKRA, esta combinación deja a muchos locales al borde del cierre, incluso en zonas con buen tránsito de clientes.
Acuña remarcó que los proveedores “ya no dan crédito” como antes, por lo que el kiosco debe pagar casi todo al contado, justamente cuando las ventas se achican. Esta falta de financiamiento obliga a los comerciantes a achicar stock, priorizar productos de mayor rotación y dejar de lado otras líneas, lo que termina afectando también la variedad de la oferta.
El dirigente comparó el escenario actual con otros momentos críticos de la economía argentina, al considerar que la situación se parece más “a la crisis de 2001 o los últimos años del gobierno de Mauricio Macri” que a una recesión leve. Afirmó que “vivir en Argentina es un péndulo” y sostuvo que los últimos seis meses mostraron un deterioro más profundo, con impacto directo en los kioscos de barrio.
Otro punto que preocupa al sector es la expansión de productos típicos de kiosco en otros tipos de comercios. Según enumeró, hoy se venden cigarrillos en farmacias, bebidas en verdulerías y golosinas en corralones, entre otros casos. Acuña lo resumió así: “Hoy te venden cigarrillos en farmacias, bebidas en verdulerías o golosinas en corralones. Cualquiera vende cualquier cosa”. Para la Unión de Kiosqueros, esta competencia sin regulaciones específicas deja a los pequeños locales en desventaja y aumenta el riesgo de cierre.
Reconversión: nuevos servicios para enfrentar la crisis
Frente a este panorama de crisis y cierres, UKRA impulsa desde hace tiempo que los kioscos se reconviertan y diversifiquen su propuesta. Acuña señaló que “el kiosco se viene reinventando permanentemente desde que nació” y explicó que, en esta etapa, la clave pasa por sumar rubros y servicios que permitan atraer más clientes y mejorar el margen de ganancia.
Entre las alternativas que ya se observan, mencionó la incorporación de librería, fotocopias e impresiones, venta de juguetes, artículos de almacén y espacios de tabaquería especializada. Dentro de este último segmento, destacó el tabaco armado, que deja mayor rentabilidad al comerciante que otras presentaciones tradicionales. En algunos barrios también se agregan servicios de recarga virtual, cobro de facturas o pequeños productos de regalería, buscando aprovechar al máximo el espacio disponible.
La tendencia a diversificar no alcanza solo a los kioscos clásicos. Los puestos de diarios y revistas, afectados desde hace años por la caída en la venta de papel, avanzan por un camino similar. En distintas ciudades del país se habilitó que estos puntos de venta incorporen cafeterías o pequeños espacios gastronómicos, lo que les permitió sumar otra fuente de ingreso además de los diarios y revistas.
De acuerdo con el testimonio de Acuña, estas experiencias de reconversión ayudaron a que muchos de esos puestos se mantuvieran abiertos y pudieran “encontrarle una nueva vuelta al negocio”.

