El Santuario de Elefantes de Brasil confirmó la muerte de Kenya, la elefanta africana de 44 años que había sido trasladada desde Mendoza en julio de 2025 y que era el último ejemplar de su especie en cautiverio en Argentina. La elefanta falleció el 16 de diciembre cerca de Cuiabá, en Mato Grosso, tras varios días de atención veterinaria intensiva, y se inició una necropsia cuyos resultados demorarán meses en conocerse.
Kenya, la elefanta africana que pasó décadas en Mendoza y se había convertido en un símbolo del cierre del cautiverio de elefantes en Argentina, murió el 16 de diciembre en el Santuario de Elefantes de Brasil, donde vivía desde julio de 2025. La elefanta tenía 44 años y era el último ejemplar de su especie bajo encierro en el país. Su fallecimiento se produjo en el predio ubicado cerca de la ciudad de Cuiabá, en el estado de Mato Grosso, luego de varios días de observación médica constante, y ya se realiza una necropsia para determinar las causas de la muerte, proceso que, según el propio santuario, llevará varios meses.
Necropsia a Kenya: cómo fueron las últimas horas de la elefanta en el santuario
El Santuario de Elefantes de Brasil (SEB) informó que la muerte de Kenya ocurrió durante la mañana del 16 de diciembre, mientras la elefanta estaba acompañada por integrantes del equipo de cuidadores que habían permanecido a su lado durante toda la noche anterior. La institución detalló que ya se inició la necropsia para esclarecer el cuadro clínico de la elefanta Kenya, pero advirtió que los resultados no serán inmediatos.
De acuerdo con el comunicado difundido por el SEB, el desenlace empezó a definirse la noche previa. Tras varios días sin recostarse, comportamiento que los especialistas consideran un dato clave en la salud de estos animales, Kenya finalmente se acostó. Desde el santuario explicaron que “después de varios días sin mostrar señales de que ella estuviera acostada, Kenya finalmente se acostó anoche. Parecía haberse instalado, y su respiración se volvió más fácil”.
Sin embargo, ese alivio inicial duró poco. Con la llegada del amanecer, el equipo notó un cambio brusco: la respiración de la elefanta se volvió irregular y, según narró la organización, emitió “una suave trompeta de cachorro” antes de morir “rápido y en silencio”. El santuario remarcó que, en ese momento, la elefanta no estaba sola, sino acompañada por la cuidadora Michele y por Scott, quienes permanecieron con ella hasta el final.
Mientras tanto, el santuario ya trabaja en las tareas posteriores a la muerte. Además de la necropsia de Kenya, el SEB indicó que se está preparando un lugar definitivo dentro del predio para su descanso final. Será un sector cercano a donde está enterrado Pupy, otro elefante con el que Kenya había entablado un vínculo durante su estadía en Brasil.
Tratamientos previos y monitoreo veterinario a la elefanta antes de su muerte
Los días anteriores al fallecimiento de la elefanta estuvieron marcados por controles médicos continuos. El sábado previo, el equipo veterinario del santuario detectó cambios preocupantes en la respiración de Kenya, y recordó que, en esta especie, las alteraciones respiratorias se consideran señales críticas. Ante esos signos, el refugio inició de inmediato un esquema de antibióticos y reforzó la medicación para aliviar los dolores articulares derivados de los años de encierro.
El Santuario de Elefantes de Brasil explicó que “los elefantes generalmente enmascaran enfermedades”, por lo que, apenas surgieron las sospechas de complicaciones, se intensificó la atención. Se hicieron análisis de sangre, evaluaciones clínicas frecuentes y se sumaron distintas terapias de apoyo. El personal destacó que Kenya colaboraba con los procedimientos y se inclinaba para permitir la aplicación de los medicamentos en los músculos de sus patas.
Aun con ese acompañamiento, comenzaron a aparecer indicios que encendieron alarmas: menor interés en ciertos alimentos, señales de fatiga y negativa a acostarse. Sobre este último punto, el santuario señaló que “cuando un elefante deja de acostarse, puede ser por miedo a no poder levantarse de nuevo”, por lo que siguieron de cerca cada cambio de postura y movimiento.
Durante el lunes, la estrategia médica se fortaleció todavía más. Se incorporó un antibiótico de amplio espectro y se colocó un catéter intravenoso para suministrar fármacos y líquidos de manera más rápida, buscando reducir el estrés que generan las maniobras repetidas. A esto se sumaron sistemas de ventilación para refrescarla y el mantenimiento de todas las terapias que ya se le venían aplicando, entre ellas nebulizaciones por problemas respiratorios y sesiones de láser en las patas.
El estado de salud de Kenya y las decisiones del equipo veterinario
Luego de una jornada cargada de medidas médicas, y una vez que terminaron las intervenciones más invasivas, el equipo del SEB decidió retirar el catéter y darle a la elefanta la opción de quedarse en el cobertizo o salir al exterior. Según el relato oficial, los cuidadores notaron que los ojos de Kenya mostraban un marcado cansancio, aunque la veían algo más animada después de la tarde de terapias.
El santuario insistió en que, desde la aparición de los primeros síntomas hasta el momento de la muerte, la elefanta estuvo monitoreada de forma permanente. El personal se turnó para acompañarla durante la noche y la mañana siguiente, siguiendo parámetros de conducta, alimentación y respiración. Horas después de la última ronda de observaciones, se produjo el fallecimiento en el área donde había elegido permanecer.
Del cautiverio en Mendoza al refugio en Brasil: la historia de la elefanta
La llegada de Kenya al santuario brasileño había sido el resultado de una planificación extensa. La elefanta arribó a Mato Grosso en julio de 2025, luego de un proceso de preparación para el viaje que se extendió por siete años. Ese período incluyó controles sanitarios periódicos, la tramitación de permisos internacionales y un programa de entrenamiento basado en refuerzo positivo, diseñado para que la elefanta se adaptara sin sobresaltos al contenedor y al recorrido.
La partida desde Mendoza se concretó el 9 de julio, fecha elegida por coincidir con el Día de la Independencia argentina. El operativo contempló unos 3.600 kilómetros de viaje en cinco días, cruzando la frontera por Misiones rumbo a Brasil. Durante todo el trayecto, Kenya se desplazó en un contenedor especial que cumplía con las normas CITES y al que solo podía acceder un pequeño grupo de personas, entre ellas su cuidador y dos veterinarios del santuario de destino.
Antes del traslado, el entonces director de Biodiversidad y Ecoparque, Ignacio Haudet, que integró el convoy, había señalado que el cambio permitiría que “Kenya va a poder estar con otros de su especie, oler pasto húmedo y fresco, rascarse contra un árbol y moverse con libertad”. Por su parte, Leandro Fruitos, de la Fundación Franz Weber, destacó que el operativo marcaba el cierre de “136 años de cautiverio de elefantes en la Argentina”.
En Brasil, Kenya pasó sus últimos meses en recintos amplios, bajo supervisión veterinaria permanente y con la posibilidad de interactuar con otros elefantes dentro de un programa de recuperación y socialización para animales provenientes de zoológicos. El SEB indicó que la historia de la elefanta generó una respuesta importante tanto en Argentina como en Brasil, especialmente entre quienes siguieron su adaptación y los avances de su salud.
La organización adelantó que los estudios de necropsia se extenderán por varios meses antes de ofrecer conclusiones sobre las causas del fallecimiento. El santuario cerró su comunicado con un mensaje de despedida en el que afirmó: “Puede que nos haya dejado físicamente, pero Kenya siempre estará en nuestros corazones”.

