El suboficial principal Juan Burgos, nacido y criado en Campo Quijano, se encuentra de regreso desde el continente antártico a bordo del rompehielos ARA “Almirante Irízar”, en la etapa final de la Campaña Antártica de Verano 2025/26. Después de pasar un año completo destinado en la Base Antártica Conjunta San Martín, este militar salteño antártico vuelve al continente tras integrar una dotación de 20 personas que soportó aislamiento, frío extremo y distancia de sus familias. El buque navega sobre la Península Antártica con la misión de relevar al personal de las bases permanentes.
Burgos, de 47 años, es Infante de Marina y formó parte del grupo que permaneció en una de las bases más australes del país, en el islote San Martín, en Bahía Margarita. Allí, la dotación llegó el 29 de marzo de 2025 y desde entonces mantuvo una convivencia intensa, marcada por un régimen de trabajo continuo y por las exigentes condiciones climáticas. Ahora, el rompehielos avanza entre témpanos con rumbo al continente, mientras el suboficial se encamina al reencuentro con su familia en Salta.
La experiencia de este vecino de Campo Quijano en el ambiente antártico combinó responsabilidades operativas, cuidado ambiental y apoyo a las actividades científicas que se desarrollan en la Base Antártica Conjunta San Martín, en el marco de la presencia argentina en el continente blanco.
Un salteño de Campo Quijano con múltiples tareas en la base antártica
Dentro de la dotación de 20 personas destinada a la Base Antártica Conjunta San Martín, Juan Burgos asumió funciones clave de logística, medioambiente y Búsqueda y Rescate. Desde su rol de Infante de Marina, debió adaptarse a una rutina donde cada integrante cumplía varias tareas para sostener la operatividad de la base durante todo el año.
En el área logística, estuvo involucrado en la organización de insumos, la distribución de recursos y el apoyo a las tareas cotidianas, fundamentales en un lugar donde los reabastecimientos son limitados y dependen de las ventanas climáticas. Además, participó en actividades vinculadas con la seguridad del personal, tanto dentro de la base como en las salidas al terreno.
Uno de los ejes centrales de su misión fue la gestión de residuos. Burgos explicó que se dedicó al control y a la clasificación de los desechos generados en la base, un punto considerado crítico para preservar el ecosistema antártico. Según detalló, esa tarea se tomó como prioridad para minimizar el impacto de la presencia humana en un entorno especialmente frágil.
Antes de viajar al continente antártico, el suboficial recibió formación específica para estas funciones. “Recibimos capacitación durante todo el 2024 para cuidar el patrimonio natural, que incluye tanto la flora como la fauna del lugar”, afirmó al repasar su preparación previa al despliegue. De esta manera, resaltó el enfoque ambiental que acompaña las operaciones en la zona.
Vida diaria, ambiente extremo y trabajos científicos en San Martín
La Base Antártica Conjunta San Martín se encuentra en el islote San Martín, en Bahía Margarita, una zona reconocida por su aislamiento y su ubicación entre los asentamientos más australes de Argentina. La dotación que integró Burgos convivió un año completo bajo condiciones de frío intenso, fuertes vientos y prolongados períodos de luz y oscuridad, lejos de centros urbanos y sin contacto directo con sus familias.
En ese contexto, el suboficial de Campo Quijano resaltó la convivencia entre personal de distintas fuerzas como uno de los aspectos más fuertes de la experiencia. Describió la base como un espacio donde se cruzan saberes y costumbres diferentes. “La camaradería fue muy buena. Es interesante aprender de las distintas culturas de cada fuerza. Nosotros, en la Armada, estamos acostumbrados a pasar mucho tiempo lejos de la familia, y eso nos fortalece como equipo”, señaló al recordar la vida diaria en San Martín.
La base no solo cumple funciones logísticas, sino que también sostiene actividades científicas permanentes. En el Laboratorio Antártico Multidisciplinario se llevan adelante estudios de geomagnetismo, ionosfera, fitoplancton, geodesia y glaciología, entre otras áreas. Estos trabajos se desarrollan en paralelo al mantenimiento de la infraestructura y al soporte operativo que brinda la dotación durante todo el año.
Un entorno antártico exigente y una trayectoria con misiones previas
El paisaje que rodea a la Base Antártica Conjunta San Martín combina hielo, mar y presencia de fauna adaptada al frío extremo. En la superficie se observan líquenes y musgos, mientras que en el mar y la costa aparecen pingüinos Adelia, focas de Weddell, orcas y distintas especies de aves marinas. Estas formas de vida conviven con la actividad humana, fuertemente condicionada por el clima y por el congelamiento del mar entre junio y noviembre.
Durante esos meses, el hielo marino en Bahía Margarita permite realizar exploraciones sobre la superficie congelada con fines científicos, pero a la vez obliga a extremar recaudos operativos y de seguridad. La dotación debe adaptarse a un terreno cambiante, con temperaturas muy bajas y vientos intensos, mientras sostiene las tareas previstas para la campaña anual.
Antes de su paso por el continente antártico, Burgos ya sumaba antecedentes en despliegues internacionales, con participaciones en misiones en Chipre y Haití. Al evaluar su recorrido en la Armada, resumió: “Ingresar a la Armada fue la mejor decisión que tomé. Las experiencias son únicas. Una cosa es entrenar y otra muy distinta es enfrentarse a lo desconocido y al clima extremo. Esto fue inolvidable”.
En la actualidad, el rompehielos ARA “Almirante Irízar” continúa su navegación sobre la Península Antártica, en la fase final de la Campaña Antártica de Verano 2025/26, con el regreso de la dotación saliente y el relevo del personal de las bases permanentes, entre ellos el suboficial principal Juan Burgos.

