La causa por el asesinato de Jeremías Monzón, el adolescente de 15 años hallado muerto en Santa Fe, sumó un nuevo capítulo: la Justicia intenta determinar cómo se filtró y quién difundió el video del crimen que se viralizó en redes y mensajería, pese al pedido de la familia para que dejara de compartirse. Ese mismo registro audiovisual, filmado por los agresores, fue clave para identificar a los tres menores involucrados y avanzar con las imputaciones por homicidio.
La difusión masiva del video que muestra el asesinato de Jeremías Monzón se transformó en el centro de la investigación judicial en Santa Fe. El archivo, filmado entre el 18 y el 22 de diciembre del año pasado y compartido por redes sociales, grupos de Telegram y cadenas de WhatsApp, no solo permitió reconstruir el crimen del joven de 15 años, sino que ahora es el eje de una pesquisa paralela que busca establecer cómo salió a circulación y quiénes intervinieron en su filtración.
Ese mismo video ya había sido incorporado como prueba fundamental en la causa por homicidio y permitió ubicar en la escena a los tres adolescentes implicados: una chica de 16 años y dos varones de 14 y 15. Sin embargo, su circulación pública continuó incluso después de que la familia de Jeremías pidiera de manera expresa que dejara de compartirse por la crudeza de las imágenes y por el daño que les provocaba su repetición en entornos digitales.
Fuentes vinculadas al expediente indicaron que los investigadores analizan distintas hipótesis sobre el recorrido del archivo, desde que fue grabado hasta que terminó viralizado. Una de las líneas que se evalúan es si la filtración del video pudo haberse originado en ámbitos oficiales ligados a la causa, lo que configuraría un hecho grave si se comprueba, o si salió del círculo de conocidos de los propios agresores, que fueron quienes registraron y comenzaron a difundir el ataque poco después del asesinato.
La secuencia del video y el rol de los tres menores en el asesinato
La grabación, de poco más de cuatro minutos, muestra con detalle el momento en que Jeremías es golpeado y herido por la adolescente de 16 años y los dos chicos de 14 y 15. El audio del video del asesinato fue incorporado completo al expediente judicial y describe la dinámica del ataque paso a paso. En el registro se escucha cómo los agresores le hablan de forma insistente a la víctima mientras lo golpean y lo hieren en reiteradas ocasiones.
A lo largo del video se oye a los adolescentes ordenar que hable y que pida disculpas. “Pedí perdón. Pedí perdón”, le repiten, según consta en la causa. Jeremías, en medio de los golpes y el dolor, responde: “Perdón. No puedo pensar”, de acuerdo con la transcripción incorporada al expediente. En ese intercambio, los atacantes orientan sus preguntas a supuestos contenidos digitales y le reclaman: “¿Dónde tenés los videos?”.
Frente a esa presión, el joven contesta que está lastimado y que todo está “en el celular”. Luego, le exigen que diga la contraseña del teléfono, dato que finalmente entrega. El interrogatorio gira una y otra vez sobre lo mismo, con insistencia en saber si había compartido material audiovisual y con quién. Pese a las respuestas de Jeremías, el castigo no se detiene en ningún momento de la secuencia registrada.
Dentro del video los investigadores remarcan un tramo en particular: la participación activa de la chica de 16 años, quien mantenía una relación sentimental con Jeremías y hoy permanece alojada en un centro cerrado para menores. De acuerdo con el registro, en medio de la golpiza la adolescente ordena: “Matalo”. Esa frase fue incorporada de manera literal al expediente y es parte principal de la prueba que se utiliza para sostener la acusación en su contra.
El cierre de la grabación y las pruebas que dejó el video del crimen
En los minutos finales del video del asesinato, los agresores vuelven a insistir sobre el mismo tema: “¿A quién le pasaste los videos?”, se escucha preguntar nuevamente. Jeremías responde: “No tengo videos de nada”. A pesar de esa afirmación, la violencia física continúa. El audio consigna incluso que, mientras uno de los chicos propone parar, la joven de 16 años presiona para que sigan.
Minutos después, uno de los adolescentes manifiesta que lo había herido de gravedad y la filmación termina con risas y cantos. Esa secuencia, convertida en prueba central, permitió a la Justicia determinar la presencia de los tres menores en el lugar del ataque, reconstruir el rol de cada uno y reforzar la calificación de homicidio cometido con extrema violencia.
De la búsqueda al hallazgo del cuerpo y el impacto del video
El caso de Jeremías comenzó como una búsqueda por desaparición. El joven fue visto por última vez el 18 de diciembre en Santo Tomé y, en un primer momento, la investigación se volcó a la posibilidad de que se hubiera ido por decisión propia. Recién con el avance de las pericias y la aparición de distintos elementos objetivos, entre ellos el controvertido video del asesinato, la Justicia reconstruyó que había sido citado bajo engaños y luego brutalmente agredido.
Cuatro días más tarde, el cuerpo de Jeremías fue encontrado en un galpón abandonado frente a la cancha de Colón, en el barrio Chalet de la ciudad de Santa Fe. La autopsia confirmó que presentaba más de 20 heridas punzantes y que se habían utilizado dos armas blancas: un cuchillo y un objeto metálico similar a un destornillador. Esos datos periciales reforzaron la calificación de homicidio agravado por la ferocidad del ataque.
El impacto social del asesinato en Santa Fe fue fuerte, no solo por la edad de la víctima sino también porque los tres señalados como partícipes son menores de edad. La principal imputada, identificada como M. A., de 16 años, está privada de la libertad en un centro de encierro juvenil y enfrenta la sospecha de haber organizado la cita con Jeremías y de haber dado órdenes durante la agresión, algo que quedó documentado en el video utilizado como prueba.
Los otros dos adolescentes, de 14 y 15 años, atravesaron audiencias de imputación, pero por su edad no pueden ser responsabilizados penalmente como adultos según la normativa vigente. De todos modos, su intervención en el episodio quedó registrada en la grabación, donde se los observa participando de los golpes y de las heridas que derivaron en la muerte del joven.
Nueva línea de investigación por la filtración y viralización del video
Mientras el expediente por homicidio sigue su curso, la Justicia abrió un frente paralelo para rastrear el circuito que siguió el video del asesinato desde el momento en que lo obtuvieron los agresores hasta que se viralizó en redes sociales y servicios de mensajería. Los investigadores buscan precisar si la filtración del video del crimen de Jeremías Monzón salió de dependencias ligadas a la causa o del entorno de los involucrados.
La familia de Jeremías pidió en reiteradas oportunidades que el material dejara de circular por la violencia de las imágenes y por el sufrimiento que les provoca su difusión constante. Sin embargo, cuando el archivo ingresó formalmente como prueba ya había sido compartido de manera masiva en distintos espacios digitales. La causa continúa abierta con el video como una de las evidencias más contundentes y con la pesquisa activa sobre su filtración y distribución.

