La quiebra de Garbarino sumó un nuevo capítulo con el cierre de las últimas tres sucursales que seguían abiertas y con el pase de sus bienes a la sindicatura, en el marco de la liquidación ordenada por la Justicia. El expediente se tramita en el Juzgado Nacional en lo Comercial N°7, donde se resolvió avanzar sobre la disolución formal de la empresa después de que no prosperaran ni una reestructuración de deudas ni la llegada de un comprador. En paralelo, acreedores, proveedores y exempleados podrán presentar sus reclamos hasta el 24 de junio.
La decisión alcanza a los locales que todavía mantenían actividad en la ciudad de Buenos Aires: uno sobre avenida Cabildo, en Belgrano; otro en la calle Uruguay, frente a Tribunales; y un outlet en Almagro. Con ese cierre, Garbarino queda sin sucursales operativas dentro de un proceso que busca reunir y vender activos para responder, hasta donde sea posible, por las obligaciones pendientes.
Además del cierre comercial, la etapa judicial incluye la administración de bienes por parte de la sindicatura. Ese organismo quedó a cargo de conservar, ordenar y luego vender el patrimonio alcanzado por la quiebra, mientras siguen vigentes la inhibición general de bienes y la inhabilitación para continuar con la actividad comercial.
La quiebra de Garbarino avanzó con el cierre de los últimos puntos de venta
La resolución judicial llegó después de varios intentos fallidos por encontrar una salida para la firma. Primero no se logró reordenar el pasivo y, más tarde, tampoco apareció una propuesta concreta durante la instancia de salvataje. Por eso, el tribunal dispuso desarmar la estructura que todavía seguía en pie.
Dentro de ese esquema ya se liquidó una parte del stock disponible y comenzó la baja definitiva de las tres sucursales que continuaban funcionando. Eran los últimos locales activos de una cadena que durante años tuvo una presencia masiva en el mercado argentino de electrodomésticos y tecnología.
El caso se sigue en el juzgado a cargo de Fernando D’Alessandro. A partir de la disolución formal, la sindicatura pasó a tener un rol central en el manejo de los bienes de la empresa, con la tarea de venderlos y destinar lo obtenido al pago de deudas reconocidas en el expediente.
Qué bienes entran en la liquidación y hasta cuándo se pueden presentar reclamos
El proceso no se limita a los locales. También abarca el inventario que todavía conservaba la compañía, junto con otros activos registrados a su nombre. Entre ellos aparecen las plantas industriales Tecnosur y Digital Fueguina, ubicadas en Tierra del Fuego, que estaban paralizadas y tampoco pudieron colocarse en intentos previos de venta.
La verificación de créditos es otro de los pasos clave de esta etapa. Bancos, proveedores comerciales y exempleados podrán presentarse hasta el 24 de junio para reclamar lo que consideran adeudado. Esa instancia resulta necesaria para determinar quiénes integran el listado de acreedores dentro de la quiebra.
Según se informó en el expediente, las medidas de inhibición e inhabilitación apuntan a identificar y resguardar todos los bienes de la firma. De esa manera, la Justicia busca evitar movimientos sobre ese patrimonio mientras continúa la liquidación.
Garbarino aparece como uno de los activos más valiosos
En medio de la caída de la empresa, uno de los puntos más relevantes es el futuro de la marca Garbarino. La sindicatura pidió habilitar un trámite específico para preservarla y evaluar una eventual venta como activo intangible, ya que es considerada una de las piezas de mayor valor por su trayectoria y reconocimiento.
La compañía fue fundada en 1951 por los hermanos Daniel y Omar Garbarino. En su momento de mayor expansión llegó a superar las 200 sucursales y a contar con unos 4.500 empleados. Ya en la última etapa, en cambio, sostenía apenas una veintena de trabajadores y un nivel de operaciones muy bajo.
De acuerdo con el último informe del síndico, en enero las ventas superaron por poco los 1,7 millones de pesos. A eso se sumó un stock cercano a las 1.600 unidades, con una parte importante de mercadería considerada obsoleta o de escaso valor comercial.
Los intentos de rescate no prosperaron y otras firmas del grupo también cayeron
La situación venía complicada desde hacía tiempo. Hubo conversaciones con potenciales inversores, pero ninguna terminó en un acuerdo. Entre los interesados que evaluaron desembarcar apareció Inverlat, propietario de Havanna, aunque esas gestiones no avanzaron hacia una operación concreta.
Más adelante, ya dentro del proceso de cramdown, la única firma anotada fue Vlinder. Sin embargo, esa empresa finalmente no presentó una oferta formal, de modo que la alternativa de continuidad también quedó descartada.
La crisis además alcanzó a otras unidades vinculadas al grupo. Compumundo tampoco logró conseguir compradores en etapas anteriores, mientras que Garbarino Viajes, adquirida en 2020 por el empresario Carlos Rosales, fue declarada en quiebra en julio del año pasado. Los reclamos de acreedores, proveedores y exempleados podrán presentarse hasta el 24 de junio.

Garbarino entra en una etapa final tras el cierre y la quiebra de sus últimos locales
