Europa enfrenta una escasez de agua que ya afecta a uno de cada diez habitantes

Chipre encabeza los niveles más altos de presión sobre los recursos hídricos, mientras crecen las alertas por problemas de acceso y distribución.

La escasez de agua en Europa se volvió un problema cada vez más visible en medio de la ola de calor y la falta de lluvias en varios países. Un informe de Europe in Motion, citado por Euronews, señaló que uno de cada diez ciudadanos de la Unión Europea ya atraviesa dificultades para acceder a agua limpia y segura. Además, el documento remarca que el uso promedio de los recursos hídricos no alcanza para mostrar las fuertes diferencias entre los Estados miembros, ya que en algunas zonas la presión sobre el sistema es mucho más alta.

El caso más delicado aparece en Chipre, donde durante el verano se utiliza hasta el 92% del agua dulce disponible. Esa cifra supera ampliamente el umbral de alerta del 20% mencionado en el reporte. En ese contexto, las autoridades pidieron a la población que reduzca el consumo en un 10%, mientras avanzan con la instalación de plantas desalinizadoras para reforzar el abastecimiento, sobre todo en la temporada turística.

Detrás de ese escenario también figuran otros países mediterráneos con niveles elevados de exigencia sobre el recurso. Según datos de Eurostat y de la Agencia Europea de Medio Ambiente, Grecia, Rumanía, Portugal, Italia y España aparecen entre los territorios con mayor presión en los meses de más calor. El informe agrega que el problema no depende solamente de cuánta agua hay, sino también de cómo se distribuye.

La ola de calor expone con fuerza la presión sobre el agua en Europa

El reporte “Overheated and Underprepared” plantea que el promedio europeo de consumo, calculado en 5,8% de los recursos hídricos, no refleja la realidad completa del bloque. Aunque ese número parece moderado, en varios países la situación cambia bastante cuando llega el verano, porque suben las temperaturas, aumenta la demanda y se suman movimientos estacionales de población.

Chipre es el ejemplo más extremo dentro del relevamiento. Allí, el uso del agua dulce trepa hasta el 92% en la temporada más calurosa. A la vez, Malta muestra un consumo anual del 33%, pero durante el verano alcanza el 67%. Esos datos ubican a ambos países en una zona de fuerte vulnerabilidad frente a períodos prolongados de calor y sequía.

También aparecen en niveles de alerta Grecia con 37%, Rumanía con 34%, Portugal con 31%, Italia con 27% y España con 26,5% en los meses de mayor temperatura. De acuerdo con el documento, esos registros marcan áreas de alto riesgo, ya que la combinación entre calor intenso y crecimiento de la población incrementa la presión sobre los sistemas de suministro.

La Agencia Europea de Medio Ambiente advirtió, además, que el efecto de la sequía y del cambio climático puede hacer que este tipo de crisis sea más frecuente y más intensa al menos hasta 2030. Por eso, la gestión del agua pasó a ocupar un lugar central dentro de la agenda europea, en especial ante la perspectiva de veranos más secos y pesados.

La escasez no solo depende del recurso: también pesa la distribución

Uno de los puntos más fuertes del informe es que la falta de agua no siempre está ligada de manera directa al volumen disponible. La AEMA indicó que cerca del 10% de los europeos tiene problemas para acceder a agua limpia y segura, un dato que muestra que la dificultad también pasa por la infraestructura y por la capacidad de llevar el recurso a la población.

En Chipre, la situación se vuelve todavía más marcada, con un 36,5% de habitantes afectados por estas dificultades. El texto también menciona otro país con 31,5% de población alcanzada por ese problema, ambos muy por encima de la media de la Unión Europea. Esa diferencia empuja una discusión más amplia sobre el estado de las redes hidráulicas y la preparación de cada sistema nacional.

Hay, incluso, países donde la explotación hídrica no figura entre las más altas y, sin embargo, persisten complicaciones para asegurar el suministro. Bulgaria, Hungría, Croacia e Irlanda aparecen en esa lista. Según la AEMA, en esos casos influyen el envejecimiento de la infraestructura y distintas fallas de distribución, lo que vuelve más frágil el acceso cotidiano al agua.

El informe sostiene que este panorama sugiere una relación cada vez más clara entre la escasez y la gestión del sistema. Es decir, no alcanza con mirar la cantidad de agua disponible, porque el mantenimiento de las redes y la capacidad de respuesta también definen si la población puede recibir agua potable en condiciones seguras.

Qué países muestran mejores respuestas frente a la falta de agua

En contraste con los casos más comprometidos, el reporte menciona que Francia y otro país citado lograron mantener por debajo de la media europea del 9% la proporción de habitantes afectados por la falta de acceso a agua potable y segura. Eso ocurrió pese a que ambos también enfrentan desafíos vinculados a la explotación del agua dulce.

Según el documento, esa diferencia se explica por sistemas de distribución con una respuesta más eficiente. Por eso, la experiencia de esos países aparece como un punto de comparación dentro de la Unión Europea, donde las condiciones no son iguales y las necesidades de inversión tampoco se repiten de la misma manera.

Europe in Motion también remarca que el turismo estacional, el aumento de la demanda y el cambio climático complican la tarea de sostener el abastecimiento en toda la región. Euronews señaló que esa urgencia ya se ve tanto en las medidas aplicadas en Chipre como en las advertencias de la AEMA sobre la necesidad de modernizar la infraestructura y reforzar la resiliencia de los sistemas de distribución.

El informe añade que lo que hoy ocurre en varios países mediterráneos podría anticipar dificultades parecidas en otras zonas del continente si no se avanzan soluciones sostenibles. Además, señala que las diferencias entre los Estados miembros muestran la necesidad de estrategias coordinadas y distintas según cada realidad, con foco en el acceso equitativo al agua y en la inversión tecnológica.

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