Estados Unidos e Irán iniciaron en Ginebra una nueva instancia para sostener el camino hacia la paz, mientras Israel mantiene operaciones militares en el sur del Líbano y la guerra sigue condicionando cada paso diplomático. La delegación iraní llegó a Suiza con el reclamo de que se cumpla el Memorando de Entendimiento firmado en forma virtual por Donald Trump y Masoud Pezeshkian. Washington, por su parte, envió a Jared Kushner y Steve Witcoff para participar de las conversaciones, en un escenario atravesado por versiones cruzadas sobre el Estrecho de Hormuz.
El eje de la negociación quedó puesto en dos frentes al mismo tiempo. Por un lado, el cumplimiento del documento que Estados Unidos e Irán firmaron el miércoles 17. Por el otro, la continuidad de los ataques israelíes en territorio libanés, que Teherán considera incompatibles con la primera cláusula del acuerdo. Esa cláusula plantea el final de la guerra en todos los escenarios abiertos y obliga a las partes a no iniciar operaciones militares entre sí.
La Casa Blanca comunicó el sábado que Kushner, yerno de Trump, y Witcoff, cercano al presidente estadounidense, ya estaban en Suiza para intervenir en las tratativas. Desde Teherán, el vocero de Cancillería, Esmail Baghaei, confirmó que la delegación iraní viajó a Ginebra con una prioridad concreta: exigir que la contraparte respete lo pactado. Además, los representantes de Qatar y Pakistán eran esperados en Suiza el domingo.
Irán condiciona la paz al cese de los ataques en Líbano
Para Irán, la situación en el sur libanés no es un tema secundario ni una discusión paralela. Teherán sostiene que antes de avanzar hacia un acuerdo definitivo debe cesar el fuego, deben terminar los bombardeos y debe concretarse la salida de las tropas israelíes del Líbano. Esa postura quedó atada al primer tramo del Memorando de Entendimiento, conocido como MdE.
El texto firmado por Trump y Pezeshkian incluyó una formulación amplia sobre el fin de las hostilidades. “EE.UU. e Irán declaran el fin inmediato y permanente de la guerra en todos los frentes, incluido el Líbano, y se comprometen a no iniciar ninguna operación militar el uno contra el otro y a no amenazarse o usar la fuerza entre sí”, establece el primer punto del documento.
La dificultad aparece porque la aplicación de esa cláusula no depende solamente de Washington y Teherán. Israel, que no forma parte del entendimiento bilateral, mantiene operaciones militares en el sur del Líbano. Por eso, desde la mirada iraní, los avances en la mesa de Ginebra quedan sujetos a una conducta de un tercer actor que incide de lleno en el proceso.
Después de la firma virtual del MdE, el ejército israelí lanzó ataques en decenas de ciudades del sur libanés. Según el reporte original, esas acciones dejaron al menos 47 muertos y cientos de heridos. Para Teherán, esa secuencia puso en duda el cumplimiento del compromiso inicial y afectó directamente las conversaciones con Estados Unidos.
El memorando abrió un plazo de 60 días para que ambos gobiernos definan las condiciones de un acuerdo de paz final. Dentro de ese período deberán tratarse temas militares, económicos, diplomáticos y nucleares. Sin embargo, la primera prueba del documento quedó marcada por la tensión en Líbano y por los mensajes contradictorios sobre lo que ocurre en el Estrecho de Hormuz.
El Estrecho de Hormuz quedó en el centro de las versiones cruzadas
La vía marítima fue el primer punto donde el acuerdo tuvo un efecto operativo visible. El jueves, de acuerdo con el punto 4 del memorando, “EE.UU. levantó el bloqueo naval” contra puertos iraníes e Irán “restableció el tráfico marítimo en el Estrecho de Hormuz a su plena capacidad”. Esa reapertura permitió que cerca de mil barcos que esperaban autorización para circular, algunos desde el 2 de marzo, empezaran a moverse por la zona.
La normalización tuvo además una reacción inmediata en los mercados, con una baja transitoria del precio del petróleo. Pero el alivio duró poco. El sábado, según la versión iraní, el estrecho volvió a quedar cerrado. El Comando Central de las Fuerzas Armadas de Irán dijo que la medida respondía a un “flagrante incumplimiento y violación por parte de Estados Unidos de la primera cláusula del acuerdo, dada las continuas e implacables violaciones del alto el fuego por parte del régimen sionista en el sur del Líbano”.
Washington difundió una lectura completamente distinta. Al cierre del reporte original, el Comando Central del Pentágono sostuvo que la circulación no se había interrumpido. “El paso seguro a través de la vía navegable internacional permanece intacto; el sábado transitaron por el estrecho 55 buques mercantes que transportaron grandes volúmenes de carga y más de 17 millones de barriles de petróleo hacia los mercados globales”, señaló la autoridad militar estadounidense.
Estados Unidos presiona a Israel mientras intenta sostener la negociación
La tensión diplomática también se trasladó al vínculo entre Washington y Tel Aviv. Mientras las delegaciones preparaban las conversaciones en Suiza, la Casa Blanca elevó el tono hacia el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. En la cumbre del G7 realizada en Francia, Trump pidió que el premier redujera la intensidad de las operaciones en el Líbano.
El presidente estadounidense fue directo al referirse al impacto de los ataques. “Bibi debe ser más responsable ya que está muriendo demasiada gente en el Líbano. Para atacar a Hezbollah no hacía falta derribar edificios con decenas de civiles”, afirmó. En esa misma intervención, vinculó su figura con el apoyo histórico a Israel: “Sin mí, Israel no existiría, porque ningún otro presidente estuvo dispuesto a hacer lo que yo hice”.
El vicepresidente J.D. Vance también acompañó esa línea pública. Su mensaje buscó ubicar a Israel dentro del proceso abierto por el memorando con Irán. “En el fondo, los israelíes, al igual que todos los demás, deben respetar este proceso de paz, que es fundamentalmente beneficioso para ellos y para toda la región”, sostuvo.
Vance cuestionó, además, los ataques registrados cuando las conversaciones parecían avanzar. “Cuando parece que estamos a punto de lograr un gran avance en el acuerdo, de repente, se produce una gran explosión en una zona densamente poblada de Beirut, y muchas personas que no tienen nada que ver con Hezbolá pierden la vida. Eso es inaceptable (…) queremos asegurarnos de que no vuelva a ocurrir”, reclamó.
Netanyahu mantuvo una postura distinta. El viernes, bajo el argumento de crear una zona de seguridad, advirtió: “Israel permanecerá en la franja de seguridad del sur del Líbano todo el tiempo que sea necesario”. Esa declaración quedó en el centro de las diferencias con Washington, que busca sostener la primera cláusula del MdE y evitar que el proceso con Teherán se frene antes de la negociación final.
Netanyahu enfrenta señales políticas desde Washington
Ante la continuidad de las operaciones israelíes, Trump empezó a sumar presión política sobre Netanyahu. El presidente estadounidense abrió contactos con candidatos opositores que competirán por el cargo de premier en las elecciones del 27 de octubre. “Es muy probable que apoye a Netanyahu en las próximas elecciones, pero necesito ver quién se presenta como candidato. Tenemos una buena relación, pero él tiene que ser más racional”, declaró a la radio pública de Israel.
Entre los dirigentes que podrían disputar el cargo aparecen el exprimer ministro Naftali Bennett y el exjefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel, Gadi Eisenkot. Trump sostiene que su apoyo puede ser decisivo para Netanyahu y fundamenta esa idea en lo que presenta como sus resultados políticos en elecciones de Argentina y Honduras.
El diario israelí Yedioth Ahronoth describió el choque entre Trump y Netanyahu como inevitable. Según ese medio, el presidente estadounidense habría creído, por influencia del premier israelí, que una guerra con Irán sería “un paseo por el parque”, pero después se habría encontrado con un escenario diferente. La publicación también sostuvo que la Casa Blanca venía intentando cerrar la guerra con Irán desde antes de la firma del memorando.
El memorando incluye sanciones, activos congelados y programa nuclear
El MdE fue acordado por delegados estadounidenses e iraníes con mediación de Pakistán y respaldo de varios países, entre ellos China, Rusia, Turquía y Qatar. El documento contiene 14 puntos y otorga a Irán concesiones en materia política, económica y diplomática. Uno de los artículos establece el “respeto a su soberanía e integridad territorial (…) y a la no interferencia en los asuntos internos de su país”.
En el plano económico, el punto 7 señala que Estados Unidos “se compromete a levantar, en un calendario que se acordará como parte del acuerdo final, todo tipo de sanciones actualmente impuestas a Irán, incluidas las resoluciones de la ONU, las del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), así como todas las sanciones unilaterales estadounidenses, tanto primarias como secundarias”. El texto deja el calendario sujeto a la negociación de los próximos 60 días.
Otro punto clave se refiere a los recursos financieros iraníes retenidos o restringidos. En el ítem 11, Washington “se compromete a que, en vista del progreso de las negociaciones para un acuerdo final, los fondos y activos congelados o restringidos de la República Islámica de Irán serán liberados y estarán plenamente disponibles”. Para Teherán, ese apartado forma parte de las condiciones económicas necesarias para avanzar.
El capítulo nuclear también quedó dentro de la agenda. Estados Unidos e Irán acordaron discutir durante el plazo de negociación el enriquecimiento de uranio en laboratorios iraníes. Al mismo tiempo, el gobierno islámico reiteró su negativa a desarrollar armas nucleares.
La divergencia sobre Hormuz se sumó a una dinámica marcada por versiones enfrentadas desde el inicio de la guerra, el 28 de febrero. Desde entonces, se sucedieron marchas y contramarchas, declaraciones confusas y contradictorias de Trump, noticias falsas y denuncias por incumplimientos de promesas. Con la firma del MdE, esos cruces se aceleraron y multiplicaron los mensajes contrapuestos entre las partes.
Yedioth Ahronoth publicó, en un artículo anterior a la firma del memorando, que Washington empezó a atacar políticamente a Netanyahu cuando detectó que el primer ministro buscaba obstaculizar las negociaciones. “Netanyahu no quiere poner fin a la guerra ni llegar a un acuerdo, sino más bien, reanudar los bombardeos”, afirmó el diario israelí.
Vance también remarcó la dependencia israelí del apoyo estadounidense. “Donald Trump es el único jefe de Estado que simpatiza con Israel en este momento. Si yo estuviera en el gabinete de Israel, no estaría atacando al único aliado poderoso que me queda en el mundo”, expresó. Según su planteo, en los últimos tres meses, dos tercios del armamento de defensa de Israel fueron financiados por contribuyentes de Estados Unidos.
El memorando firmado por Trump y Pezeshkian dejó abiertas discusiones sobre el alto el fuego, Líbano, la circulación marítima, las sanciones, los activos iraníes y el programa nuclear. La delegación iraní llegó a Ginebra para reclamar el cumplimiento de los compromisos asumidos, mientras Kushner y Witcoff estaban en Suiza para participar en las conversaciones. Los representantes de Qatar y Pakistán eran esperados en Suiza el domingo.

Estados Unidos e Irán extienden en Suiza una negociación con mediación de Qatar y Pakistán
