Escándalo con trabajadora sexual: discusión por plata, amenazas y patrulleros

Una joven trabajadora sexual de 20 años denunció que un cliente de 44 se negó a pagar lo pactado por un servicio sexual y la habría amenazado dentro de un departamento en el centro de Santiago del Estero. El episodio ocurrió en la madrugada del domingo y requirió la presencia de personal policial de la Comisaría 1ª, que intervino luego de un llamado al 911. Aunque la mujer desistió inicialmente de dejar asentada la acusación por escrito, la fiscal de turno ordenó medidas de protección y dispuso una prohibición de acercamiento para el hombre involucrado.

Versiones cruzadas tras el reclamo por el pago del servicio sexual

El hecho se registró cerca de las 6.30 del domingo en un departamento ubicado sobre calle Sáenz Peña, en pleno barrio Centro de la capital santiagueña. Hasta ese lugar llegaron los efectivos luego de que la joven llamara para pedir ayuda y contara que un hombre se negaba a pagarle por un encuentro sexual acordado previamente y que, además, la tenía bajo amenaza dentro de la vivienda.

Según la exposición que la chica hizo en el lugar ante el personal policial, ella trabaja ofreciendo servicios sexuales a personas adultas y habría coordinado la cita mediante la plataforma Skokka. De acuerdo a su relato, alrededor de las 5.15 un hombre de 44 años, residente del barrio Los Inmigrantes, se contactó por esa vía y pactaron que el encuentro se realizara en el domicilio de la joven.

Una vez que el cliente ingresó al departamento, la trabajadora sexual indicó que el hombre comenzó a tocarle sus partes íntimas. Contó que, después de ese acercamiento físico, él pidió consumir bebidas alcohólicas durante la estadía, pedido que ella rechazó de forma directa porque en el lugar no se permitía la ingesta de alcohol. Ese punto habría sido el inicio del conflicto que terminó con la intervención de la fuerza policial.

A partir de esa negativa, siempre según la versión de la mujer, el cliente quiso retirarse del departamento. Ella le reclamó entonces que abonara el monto pactado por el servicio sexual, entendiendo que el contacto físico ya configuraba parte de lo acordado. En ese momento comenzó una fuerte discusión, con acusaciones cruzadas sobre si el servicio se había prestado o no y sobre la obligación de pagar lo convenido.

El hombre sostuvo ante los uniformados que, desde su perspectiva, no se había concretado ningún acto sexual que justificara el pago. Afirmó que no se consumó el servicio en los términos en que él lo entendía y, por ese motivo, se negó a entregar dinero. La joven, en cambio, insistió en que sí hubo un acercamiento íntimo y un acuerdo previo por el servicio, por lo que exigía que se respetara lo pactado de antemano.

Intervención policial, denuncia y restricción de acercamiento

En medio de la pelea verbal, la joven relató que el cliente la habría amenazado dentro del departamento. De acuerdo con lo que expuso ante los efectivos de la Comisaría 1ª, cuando ella le impidió salir hasta que cumpliera con el pago, el hombre le dijo: “Ya vas a ver, las voy a cagar detonando”. Esa frase fue interpretada por la trabajadora sexual como una amenaza directa, lo que la llevó a pedir asistencia policial para que la situación no pasara a mayores.

La mujer admitió frente a la policía que decidió impedir que el hombre abandonara la vivienda hasta que cancelara la suma adeudada por el servicio sexual. Señaló que cerró la salida y esperó la llegada de los uniformados, justamente para que quedara constancia de lo ocurrido y del supuesto incumplimiento del cliente. Cuando el personal policial arribó al edificio, el hombre finalmente salió del departamento en presencia de los agentes.

En el palier del inmueble se produjo un nuevo cruce de versiones. La joven mantuvo su postura sobre el acuerdo previo, el contacto físico y las amenazas recibidas; mientras que el hombre repitió que no había existido servicio consumado, que no correspondía pagar y que, desde su óptica, no había emitido amenazas. Ante esa situación, los policías le indicaron a la mujer que podía formalizar una denuncia penal para que la Justicia analizara los hechos.

Los efectivos invitaron a la trabajadora sexual a radicar la presentación escrita en la dependencia, tanto por las supuestas amenazas como por el conflicto originado en el pago del encuentro sexual. Sin embargo, pese a que en un primer momento había manifestado su intención de denunciar, la joven desistió en esa misma oportunidad de dejar asentada la acusación por escrito en la comisaría.

Decisión de la fiscalía y medidas de resguardo para la joven

Aunque no se había concretado una denuncia formal en ese instante, la situación fue comunicada a la fiscal de turno, Silvia Jaime. La funcionaria judicial dispuso que igualmente se recepcionara la denuncia de la mujer para que se investigaran las presuntas amenazas proferidas por el hombre y el contexto en el que se dio la discusión por el servicio sexual.

Además, como medida de resguardo, la fiscal ordenó que se notificara al cliente una prohibición de acercamiento y de contacto por cualquier medio hacia la joven involucrada en el hecho. La policía cumplió con esa disposición y dejó constancia de la notificación, para que la Justicia cuente con los elementos necesarios en caso de futuras actuaciones vinculadas a este episodio.

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