El Día Internacional del Beso, que se recuerda cada 13 de abril, vuelve a poner sobre la mesa una pregunta simple pero potente: ¿qué pasa en el cuerpo cuando dos personas se besan? Distintos especialistas y trabajos científicos analizan esta práctica cotidiana y muestran que no solo tiene impacto emocional, sino también físico e inmunológico. Desde la quema de calorías hasta la liberación de hormonas del bienestar, los estudios detallan cómo este gesto tan común puede influir en el ánimo, el estrés, el dolor y hasta en las defensas del organismo.
Día Internacional del Beso: hormonas, emociones y bienestar
Este 13 de abril, en pleno Día Internacional del Beso, varios informes científicos retomados por profesionales de la salud remarcan que un simple beso puede desatar una verdadera “tormenta” química en el organismo. Lejos de ser solo una muestra romántica o erótica, los besos disparan la producción de sustancias vinculadas al placer, el apego y la relajación.
La psicóloga clínica Marina Sangonzalo Candel, del Hospital Quirónsalud Valencia, explica que durante un beso se alteran distintos parámetros corporales. Entre otros cambios, describe que se pueden poner en funcionamiento hasta 36 músculos y que el corazón pasa en pocos segundos de un estado tranquilo a un ritmo bastante más acelerado. Todo eso ocurre al mismo tiempo que se activan circuitos cerebrales relacionados con las emociones.
Además, especialistas citados en diferentes trabajos subrayan que besarse suele mejorar el estado de ánimo y la autoestima. Esto se debe, en gran parte, a la liberación de dopamina y oxitocina, hormonas vinculadas al placer, el vínculo afectivo y el proceso del enamoramiento. Estas sustancias aparecen como clave para entender por qué muchas personas asocian el beso con sensaciones de cercanía, alegría y conexión emocional.
Otra línea de investigación se concentra en el vínculo entre los besos y el estrés cotidiano. Un estudio de la universidad de Lafayette, en Pennsylvania, indica que al besar aumentan los niveles de oxitocina, considerada una hormona que favorece la confianza y el afecto, mientras disminuye el cortisol, popularmente conocido como “hormona del estrés”. Esta combinación se asocia con una mayor sensación de calma y bienestar general.
Besos, dolor y calorías: lo que dicen los estudios
Además del costado emocional que se recuerda cada año en el Día Internacional del Beso, las investigaciones recogen posibles efectos analgésicos vinculados a esta práctica. Diversos trabajos mencionados por especialistas sostienen que los besos pueden contribuir a aliviar ciertos dolores, siempre en forma complementaria y sin reemplazar tratamientos médicos.
Esa capacidad de disminuir molestias físicas se relaciona, según los informes, con la liberación de endorfinas. Estas sustancias, que el propio cuerpo produce, son consideradas una especie de “opiáceos naturales” porque generan sensación de placer y ayudan a mitigar la percepción del dolor. Las endorfinas tambien se asocian con una reducción de la angustia, el desánimo y la tristeza, de acuerdo con la descripción que realiza el Instituto Superior de Ciencias de la Salud.
El mismo instituto agrega un dato que suele llamar la atención: los besos también implican un pequeño gasto energético. Según esa institución, “un beso de tres minutos quema al menos doce calorías, siendo un complemento de las dietas”. En ese sentido, se los plantea como una forma suave de ejercicio, lejos del esfuerzo de una rutina intensa, pero con algún impacto metabólico.
La entidad detalla que estos contactos “suben el ánimo, mejoran la autoestima” y “dan bienestar porque hacen liberar oxitocina, una hormona importantísima en el enamoramiento, el orgasmo, el parto y el amamantamiento, asociada con el cariño, la ternura y el contacto físico con los demás”. El énfasis está puesto en cómo un gesto tan simple puede reforzar la conexión afectiva en distintos tipos de vínculos.
Defensas y origen histórico del beso
En el terreno de la inmunología, los especialistas consultados resaltan que el beso también tiene su costado biológico. Según los informes citados, esta práctica estimula la secreción de hormonas con efecto analgésico y, al mismo tiempo, contribuiría al fortalecimiento de las defensas. Los intercambios de saliva durante un beso aparecen como un punto central en este proceso.
Los estudios señalan que, al compartir saliva, el organismo entra en contacto con microorganismos del otro y eso puede favorecer la generación de ciertos anticuerpos. De este modo, los besos se vinculan con un posible refuerzo del sistema inmune, aunque siempre dentro de un contexto general de salud y sin presentar esta práctica como un método preventivo por sí mismo.
Por otro lado, los investigadores que se dedican a estudiar la historia del beso señalan que se trata de una costumbre muy antigua. Entre las hipótesis que se manejan sobre su origen, varios registros apuntan a la región de la India. Allí se encontraron figuras talladas en piedra, dentro de templos, donde se observan personajes representados mientras se besan. Esas imágenes son consideradas una de las evidencias más tempranas de esta forma de contacto.
Los informes revisados incluyen también un repaso por la razón exacta de la efeméride. De acuerdo con el material citado por la Agencia Noticias Argentinas, el Día Internacional del Beso del 13 de abril se estableció como homenaje al beso de mayor duración registrado hasta el momento. Ese episodio ocurrió en Tailandia, durante una celebración por el Día de San Valentín, y a partir de allí se fijó la fecha en el calendario mundial.
Además de recordar aquel récord, los documentos consultados subrayan que esta jornada hace foco en el lugar que ocupa el beso en la vida cotidiana y en los vínculos entre personas. Los textos recopilados detallan tanto el motivo de la conmemoración como las consecuencias físicas, emocionales e inmunológicas asociadas a esta práctica, según las descripciones y datos aportados por los especialistas.

