La industria de lácteos volvió a quedar en el centro de la escena con el cierre total de la planta de La Suipachense, que dejó como saldo inmediato 140 despidos en la localidad bonaerense de Suipacha, luego de que la Justicia decretara la quiebra de Lácteos Conosur S.A., firma controlada por el grupo venezolano Maralac. El fallo fue dictado por el Juzgado Civil y Comercial N°7 de Mercedes y marcó el final de una compañía que llevaba más de 70 años operando en el mercado argentino.
La resolución judicial dispuso la quiebra, la inhabilitación definitiva de la empresa y la inhibición general de sus bienes, lo que paralizó por completo la actividad de la histórica láctea. En paralelo, se determinó la inhabilitación del empresario venezolano Jorge Luis Borges León, responsable de la administración de Lácteos Conosur S.A., con plazos y condiciones previstos por la normativa concursal vigente.
El caso de La Suipachense se suma a una seguidilla de firmas de lácteos con problemas serios, en un contexto de consumo debilitado, sobreoferta y dificultades para exportar excedentes. Informes del sector señalan que, aunque en 2025 hubo una leve mejora en los volúmenes vendidos, la caída registrada en 2024 y la situación internacional complican la rentabilidad de toda la cadena.
La quiebra de La Suipachense y el impacto en los despedidos
Según lo resuelto por el Juzgado Civil y Comercial N°7 de Mercedes, la Justicia consideró que la situación de Lácteos Conosur S.A. ya era insostenible. El fallo precisó que “la inhabilitación de la empresa fallida es definitiva” y ordenó la inhibición general de todos sus bienes, cerrando cualquier margen para que la planta de La Suipachense pudiera retomar sus operaciones en el corto plazo.
El mismo documento judicial avanzó también sobre la situación del titular de la administración, Jorge Luis Borges León. El tribunal dispuso su inhabilitación para ejercer el comercio, aclarando que la medida “cesará de pleno derecho al año de la sentencia de quiebra, salvo que se configure alguno de los supuestos de reducción o prórroga previstos por la ley concursal”. Es decir, la restricción podrá acortarse o extenderse, pero siempre siguiendo lo establecido en la normativa específica.
Detrás de la decisión formal está el impacto concreto: 140 despidos en la planta de Suipacha, que venían de atravesar meses de incertidumbre. La fábrica, identificada comercialmente como La Suipachense, había llegado a procesar unos 250.000 litros diarios de leche y era una de las referencias tradicionales dentro de los lácteos argentinos, por lo que su cierre golpeó de lleno al empleo local y a los proveedores vinculados a la planta.
Previo a la quiebra, la Justicia había intimado a la empresa, hacia fines de octubre, a presentar un plan de acción concreto para sostener la operatoria. En ese momento, la planta ya estaba parada y el personal llevaba cerca de tres meses sin producción, lo que dejó al personal sin ingresos genuinos y con salarios comprometidos. La falta de respuesta efectiva a ese requerimiento fue uno de los elementos que terminó empujando la declaración de quiebra.
Recortes, protestas y planta parada por meses
La propia sentencia dejó asentado el escenario que se vivía dentro de la firma. El fallo describió que “la empresa cuya quiebra se solicita se encuentra con un cese en su producción desde hace aproximadamente 3 meses” y remarcó que esta situación era “pública y notoria”, aludiendo así a la preocupación que ya circulaba en la zona por el futuro de La Suipachense.
El tribunal advirtió además sobre “la delicada y grave situación de los trabajadores a cargo de la empresa, con la consiguiente nula generación de ingresos de la concursada”, lo que, según el texto judicial, “complejiza al extremo el restablecimiento de su puesta en funciones denunciadas en el plan de acción”. De este modo, la Justicia dejó constancia de que el reinicio de la producción se veía prácticamente inviable con el escenario económico y operativo que enfrentaba la compañía.
La crisis, sin embargo, no estalló de un día para otro. A comienzos de septiembre, la conducción de Lácteos Conosur S.A. había decidido despedir a nueve empleados administrativos y había adelantado la posible desvinculación de otros 60 trabajadores, lo que encendió las primeras alarmas. Poco tiempo después, la producción se detuvo por completo y comenzaron las medidas de fuerza de los operarios.
Esas protestas contaron con el acompañamiento de vecinos de Suipacha y también de la cercana ciudad de Chivilcoy, que se acercaron a respaldar los reclamos laborales. Por la historia de La Suipachense como planta tradicional de lácteos, el conflicto tuvo fuerte repercusión en la zona y se siguió con atención desde distintos sectores productivos, que venían advirtiendo un escenario complejo para la actividad.
La Suipachense, de láctea tradicional a otro caso de cierre en el sector
La marca La Suipachense se había consolidado con el paso de las décadas como una de las empresas históricas dentro de los lácteos en Argentina. La planta operó por más de 70 años y construyó una presencia firme en el mercado, hasta alcanzar una capacidad de producción de 250.000 litros diarios de leche, cifra que la ubicaba entre los jugadores relevantes del rubro.
Pese a ese recorrido, la firma terminó engrosando la lista de compañías de alimentos que cesaron actividades en los últimos años, sobre todo en la provincia de Buenos Aires. Dentro del mismo segmento de lácteos, el cierre de La Suipachense se suma a los casos de Sancor, ARSA –también bajo el control del grupo venezolano Maralac– y Verónica, todas afectadas por dificultades financieras, cambios en el consumo y un mercado más exigente.
Consumo flojo, sobreoferta y presión internacional
Para entender el telón de fondo de estos despidos y cierres de plantas de lácteos, distintos informes sectoriales vienen marcando una combinación de factores que complican al sector. El Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA) relevó que, en diciembre de 2025, las ventas del sector mostraron un volumen levemente inferior al de noviembre, con una baja del 0,4%.
En la comparación interanual, ese mismo mes de diciembre registró una caída del 1,1% en el volumen total de productos vendidos. Durante el segundo semestre de 2025 se observaron meses con desaceleración e incluso descensos en las ventas, aunque diciembre mostró cierta mejora luego de una caída pronunciada en noviembre. De todos modos, el balance de enero a diciembre de 2025 cerró con un aumento del 5,2% en el volumen total comercializado.
Ese repunte, sin embargo, no alcanzó para compensar el retroceso del año anterior. En 2024, el consumo de lácteos se había reducido 9,7%, con un descenso especialmente marcado en la categoría de leches, de acuerdo con los registros citados por el propio OCLA. Las estadísticas dan cuenta de una contracción fuerte del rubro durante ese período, lo que dejó a muchas empresas con menos margen para afrontar costos y sostener planteles completos.
Otro informe, elaborado por el Movimiento CREA, puso el foco en la sobreoferta y las limitaciones del mercado externo. Según ese trabajo, las existencias de productos lácteos se ubican 9,6% por encima de los niveles de 2024, lo que obliga a colocar los stocks a precios considerados poco competitivos. Es decir, los volúmenes producidos superan al consumo interno, y a la vez no se logra exportar lo suficiente como para equilibrar el mercado.
Proyecciones 2026: más producción, concentración y rentabilidad bajo presión
El mismo estudio de CREA analizó el escenario internacional y concluyó que no se observan señales claras de una recuperación rápida. A nivel global, la producción de leche sigue creciendo, mientras que la demanda se mantiene estancada en regiones clave como Asia y Medio Oriente, consideradas de alto potencial para la colocación de leche en polvo producida en Argentina.
En este contexto, las proyecciones del Movimiento CREA para 2026 señalan que la producción local podría continuar en aumento, acompañada de un proceso de mayor concentración en el sector y niveles de rentabilidad presionados. Según el informe, el desafío central pasa por lograr que tanto el consumo interno como las exportaciones puedan absorber ese incremento de la oferta, para evitar que el exceso de inventarios mantenga la presión a la baja sobre el precio que recibe el productor de leche.

