Cuba volvió a quedar completamente sin luz tras un apagón que dejó fuera de servicio a todo su sistema eléctrico este lunes, según confirmó la empresa estatal Unión Eléctrica. La falla significó una desconexión total del Sistema Electroenergético Nacional y afectó a toda la isla, convirtiéndose en el sexto corte generalizado de este tipo en los últimos dieciocho meses. Las autoridades energéticas informaron que comenzaron a aplicar protocolos de contingencia para intentar recuperar el suministro, aunque advirtieron que el proceso podría demorar varias horas por el deterioro de la red y la magnitud del colapso.
De acuerdo con la información oficial, el apagón se produjo en plena crisis energética que Cuba arrastra desde mediados de 2024, con una red eléctrica basada en centrales termoeléctricas antiguas y con problemas de mantenimiento. La Unión Eléctrica ya había anticipado horas antes del evento que el sistema eléctrico presentaría un escenario crítico durante la noche, con un alto porcentaje del territorio nacional expuesto a cortes de energía por falta de capacidad de generación.
La desconexión completa del sistema dejó sin luz hogares, comercios, industrias, hospitales y escuelas en todas las provincias del país. Este nuevo corte masivo se suma a una secuencia de fallas reiteradas que, desde 2022, afectan la vida cotidiana y el funcionamiento de los servicios básicos, en un contexto de escasez de combustibles y falta de repuestos para la infraestructura energética.
Cuba queda sin luz por la “desconexión total” del sistema eléctrico nacional
La Unión Eléctrica confirmó en su cuenta oficial en X que “ocurrió una desconexión total del Sistema Electroenergético Nacional” y que, ante este escenario, “comienzan a implementarse los protocolos de restablecimiento”. Con ese mensaje, la compañía estatal dio a conocer que todo el sistema eléctrico había colapsado y que la isla estaba atravesando un apagón nacional.
Desde la empresa señalaron que la reposición del servicio no sería inmediata, ya que el restablecimiento requiere arrancar nuevamente las distintas unidades generadoras, sincronizarlas y estabilizar la red. Además, remarcaron que el estado de desgaste de las instalaciones y la magnitud de las averías detectadas podían extender los trabajos durante varias horas, sin dar un plazo preciso para la normalización.
La señal de alarma, sin embargo, ya se había encendido antes del colapso. Horas previas al apagón, la propia Unión Eléctrica había publicado un parte con proyecciones que anticipaban un déficit de generación significativo para la noche. En ese informe, la compañía calculó que alrededor del 62 % del país podría quedar sin luz en el horario de mayor consumo, debido a una brecha marcada entre la demanda prevista y la oferta disponible.
Según esas estimaciones, el pico de demanda para la jornada se ubicaba en unos 3.150 megavatios, mientras que la capacidad efectiva de generación apenas llegaba a 1.220 megavatios. Es decir, se registraba una diferencia de 1.930 megavatios, un hueco demasiado grande para cubrir las necesidades del sistema eléctrico en el momento de mayor exigencia diaria.
Un sistema eléctrico envejecido y con parte de sus plantas fuera de servicio
El corte total de luz volvió a poner en primer plano la fragilidad estructural del sistema eléctrico cubano. La red se apoya sobre todo en centrales termoeléctricas antiguas que requieren reparaciones constantes, salidas de servicio por roturas imprevistas y largos períodos de mantenimiento programado. Nueve de las dieciséis unidades termoeléctricas existentes se encuentran fuera de operación, según los datos difundidos por la propia compañía eléctrica.
La consecuencia directa es que aproximadamente el 40 % de la capacidad de generación del país está actualmente inactiva, lo que limita seriamente la posibilidad de responder a los picos de demanda o de soportar fallas adicionales sin afectar al usuario final. Desde 2022, este cuadro se traduce en cortes programados, apagones rotativos y fallas repentinas que se repiten cada vez con mayor frecuencia.
Un episodio reciente ilustra la dimensión del problema: el 7 de marzo, el déficit de energía generó que cerca del 68 % del territorio cubano quedara simultáneamente sin luz, una de las afectaciones más masivas registradas en los últimos años. Esa jornada se sumó a un historial de incidentes que han marcado los últimos meses y que mantienen en tensión permanente al sistema electroenergético.
Detrás de esta situación confluyen diversos factores: plantas envejecidas, falta de recursos suficientes para reparaciones de fondo, dificultades para conseguir repuestos y problemas para garantizar la llegada de combustibles. Todo eso ha reducido la disponibilidad real de generación, al tiempo que los cortes se extienden a horarios clave para la actividad económica, como las primeras horas de la mañana o el cierre del día.
Impacto del apagón en la vida diaria y en la economía cubana
Los apagones reiterados, y en especial un corte total como el de este lunes que dejó a Cuba entera sin luz, repercuten de lleno en la vida diaria. Hospitales, escuelas, fábricas, comercios y servicios esenciales ven alterado su funcionamiento cada vez que el sistema eléctrico falla de manera masiva o prolongada, complicando tanto la atención de salud como la continuidad de las clases o la producción industrial.
En muchos hogares, los cortes extensos afectan la refrigeración de alimentos, el bombeo de agua y el uso de equipos básicos para el día a día. Una vecina de La Habana describió su realidad con una frase breve pero contundente: “Llevamos días sin corriente, no podemos trabajar ni conservar los alimentos”. Testimonios de este tipo se repiten en distintos puntos del país, acompañados por quejas y reclamos publicados en redes sociales.
La crisis energética también tiene efectos directos en los sectores productivos. Distintas ramas de la economía se ven obligadas a reducir turnos, desplazar horarios o suspender tareas cuando no hay garantía de suministro. De esta manera, el problema del sistema eléctrico se convierte en un condicionante constante para el desempeño económico y, al mismo tiempo, en un factor de tensión social.
En las últimas semanas se registraron expresiones de descontento en varias localidades, con vecinos que señalan las dificultades para organizar la vida laboral y familiar ante cortes que se repiten a diario. Si bien las interrupciones ya eran frecuentes, el hecho de que la isla quedara completamente sin luz este lunes profundizó la preocupación por la estabilidad del sistema.
Causas de fondo y escenario internacional del suministro de energía
Analistas consultados en distintos reportes atribuyen la crisis eléctrica cubana a problemas estructurales acumulados en el sector: falta de inversiones sostenidas, obsolescencia de equipos, mantenimiento insuficiente y episodios de corrupción. En ese contexto, las centrales térmicas trabajan al límite y sin capacidad de respuesta rápida frente a nuevas averías, lo que aumenta la posibilidad de cortes como el que dejó a Cuba sin luz en todo su territorio.
De acuerdo con la versión oficial del gobierno cubano, a esos factores internos se suman las sanciones de Estados Unidos, reforzadas desde enero, que habrían complicado la llegada de combustibles y repuestos al país. Además, se menciona la reducción de envíos de petróleo desde Venezuela, un proveedor clave para el funcionamiento de las centrales termoeléctricas, lo que agrava la escasez de crudo disponible para generación.
El escenario internacional tampoco ayuda: los precios del petróleo se encuentran en alza empujados por la inestabilidad en Medio Oriente, lo que encarece las compras de combustibles en el mercado global. Para un sistema eléctrico que depende en gran medida de combustibles importados, este contexto supone mayor presión económica y técnica para sostener la oferta de energía.
En este marco de déficit de generación, limitaciones de abastecimiento y plantas fuera de servicio, el apagón de este lunes se convirtió en el sexto corte generalizado en dieciocho meses, según los registros difundidos por las agencias EFE y AFP.

Cuba vuelve a quedar sin luz tras el colapso del sistema eléctrico en toda la isla
