Científicos del Conicet estudian una alternativa para mejorar la cicatrización de heridas complejas

El estudio fue publicado en una revista científica y analizó una lesión compleja tratada en forma ambulatoria.

Científicos del Conicet analizaron una alternativa para favorecer la cicatrización de una herida crónica mediante el uso de membrana humana amniótica, un tejido obtenido de la placenta. El caso correspondió a un hombre con una úlcera glútea persistente, vinculada a una fascitis secundaria por una inyección mal aplicada. El tratamiento se hizo de manera ambulatoria y comparó dos materiales dentro de la misma lesión: un parche humano y una matriz comercial de colágeno bovino. A los 49 días, la zona tratada con membrana mostró una evolución más ordenada y menor inflamación.

El trabajo fue publicado en la revista científica International Journal of Molecular Sciences y reunió a investigadores del Conicet, profesionales médicos y distintas instituciones vinculadas a la investigación y al tratamiento de tejidos. Según se describió en el estudio, el objetivo fue observar si los apósitos de membrana amniótica podían colaborar en el cierre de una lesión difícil, que ya no respondía a los tratamientos aplicados con anterioridad.

La herida era considerada recalcitrante o crónica. En estos casos, cuando los procedimientos habituales no alcanzan, una de las opciones puede ser el ingreso a quirófano para realizar un injerto de tejido. Sin embargo, en este paciente se buscó una alternativa que permitiera sostener el abordaje sin cirugía, siempre con seguimiento clínico y con la posibilidad de recurrir al procedimiento quirúrgico si la evolución no era favorable.

El Conicet comparó dos materiales dentro de la misma lesión

El diseño del tratamiento tuvo una particularidad: no se aplicó una sola técnica sobre toda la úlcera desde el inicio. El equipo médico, encabezado por Jimena Rodrigo, integrante del staff de Cirugía Plástica del CEMIC, dividió el abordaje en sectores. Una parte de la lesión recibió apósitos de membrana amniótica humana, mientras que otra fue cubierta con una matriz comercial de colágeno de origen animal, específicamente bovino.

Esa comparación permitió observar la respuesta de ambos materiales en un mismo paciente y bajo condiciones clínicas similares. La matriz de colágeno bovino se usa habitualmente para preparar el tejido antes de un injerto, por lo que el tratamiento quirúrgico seguía siendo una alternativa disponible si el parche humano no mostraba resultados suficientes. De esa manera, el estudio no se planteó como una apuesta aislada, sino como una evaluación controlada dentro de una lesión compleja.

María Ximena Guerbi, becaria del Conicet y primera autora del trabajo, explicó que la decisión estuvo relacionada con la historia clínica del paciente. La investigadora señaló que por “su condición de base, esta persona había estado sometida a múltiples tratamientos e intervenciones”, y que además “se había intentado promover la regeneración de tejidos con una técnica que no dio resultado“. En ese marco, el paciente manifestó su intención de “buscar alguna alternativa terapéutica para evitar la intervención quirúrgica que se utiliza en estos casos, que es el injerto de tejido“.

La membrana empleada fue provista por la Asociación Civil Para el Progreso de la Tecnología Médica de Tejidos, conocida como AMNIOSBMA. Se trata de una organización no gubernamental de base tecnológica habilitada como banco de membrana amniótica. El material surge de placentas donadas por maternidades y hospitales, que luego son procesadas para obtener distintas presentaciones con uso médico.

La membrana humana usada en el parche proviene de la placenta

La membrana amniótica es un tejido temporal ubicado en la parte interna de la placenta. Después del parto, ese material suele ser descartado como residuo biológico. Sin embargo, cuando existe una donación y un procesamiento adecuado, puede conservarse para aplicaciones medicinales. Su uso se apoya en propiedades antiinflamatorias y regenerativas que ya fueron estudiadas en distintos campos de la salud.

Este tipo de tejido se utiliza en diferentes países para reparar lesiones de diversa complejidad. Entre sus aplicaciones se mencionan tratamientos oculares, odontológicos y heridas cutáneas difíciles. En este caso, el interés estuvo puesto en una úlcera glútea crónica, donde el proceso de recuperación venía demorado y la inflamación persistía pese a intervenciones previas.

Guerbi remarcó que estas lesiones no se tratan de manera improvisada, sino dentro de criterios clínicos reconocidos. “Existe un consenso clínico a nivel mundial que se denomina TIMERS, que enmarca cómo debe ser el protocolo para el tratamiento de las lesiones crónicas o de difícil cicatrización”, aclaró la investigadora.

En el proyecto participaron profesionales del Instituto de Estudios Inmunológicos y Fisiopatológicos, IIFP, dependiente de CONICET-UNLP y asociado a CICPBA, y de la Unidad 4 del Centro de Medicina Traslacional, U4-CEMET, HEC. También intervinieron el Centro de Educación Médica e Investigaciones Clínicas “Norberto Quirno”, CEMIC, y el Banco de Homoinjertos Valvulares y Vasculares del CUCAIBA.

Una técnica sin quirófano para una herida crónica

Una de las diferencias señaladas por los investigadores estuvo en la forma de preparar la membrana. Alejandro Berra, investigador del Conicet en el CEMET, director de Investigación, Desarrollo e Innovación de AMNIOSBMA y autor del estudio, comparó esta modalidad con el uso más extendido de membranas criopreservadas. Según explicó, esa opción exige una logística más difícil por la necesidad de sostener la cadena de frío.

“El uso más extendido es el de la membrana amniótica criopreservada, que implica una logística muy complicada, porque hay que mantener permanentemente la cadena de frío, no se puede almacenar, y es necesario el ingreso al quirófano para su colocación”, indicó Berra. En el caso publicado, en cambio, se usaron apósitos de membrana esterilizada y liofilizada, lo que permitió una aplicación ambulatoria.

Mariano Berra, director técnico de AMNIOSBMA, detalló cómo se prepara el tejido. “En AMNIOSBMA procesamos la membrana dentro de las primeras 24 horas desde el alumbramiento de la placenta. En ese procedimiento, la esterilizamos y liofilizamos, es decir le extraemos toda la humedad. La membrana tiene un montón de factores biológicos que al cabo de 72 horas comienzan a decaer. Al liofilizarla, logramos que esos factores queden, de alguna manera, detenidos. Como, en general, los parches o apósitos que producimos se utilizan en heridas exudativas, al aplicarlos sobre ellas ese exudado rehidrata la membrana y genera una liberación sostenida de esos factores favorables. Es decir, de algún modo, esa humedad de la herida reactiva sus propiedades”.

La cicatrización mostró diferencias a los 49 días

La primera evaluación relevante se realizó después de 49 días de tratamiento. En ese momento, el sector cubierto desde el inicio con membrana amniótica mostró una evolución más favorable que el área donde se había colocado la matriz de colágeno bovino. La piel cercana avanzó con mayor rapidez sobre el centro de la úlcera, la inflamación disminuyó y el aspecto de las secreciones también fue distinto.

Guerbi describió esa observación clínica con una comparación directa entre las zonas tratadas. “A simple vista, se pudo comprobar que la piel circundante a la herida había avanzado sobre el seno de la úlcera mucho más rápido, y la coloración y el tipo de secreciones, además de la reducción de la actividad inflamatoria, dieron indicios de que el tratamiento con la membrana estaba funcionando mejor”, indicó.

A partir de esas diferencias visibles, el equipo modificó el plan inicial. La aplicación de membrana amniótica se extendió a toda la lesión hasta completar el cierre. “Entonces, viendo esa diferencia a nivel macroscópico de la evolución de ambas zonas, se optó por continuar el tratamiento con membrana amniótica sobre la totalidad de la herida hasta su cierre completo”, añadió Guerbi. Desde el inicio del tratamiento, el proceso de reepitelización demandó cerca de 5 meses.

El seguimiento no se limitó a mirar la lesión por fuera. Para estudiar qué ocurría en el tejido, el equipo del CEMIC tomó biopsias de las dos zonas comparadas. Algunas muestras fueron obtenidas antes de iniciar el procedimiento y otras luego de los 49 días. Después, fueron analizadas mediante estudios histológicos y técnicas de biología molecular.

Los estudios de laboratorio analizaron inflamación y nuevos vasos

Griselda Moreno, investigadora del Conicet en el IIFP y autora del trabajo, explicó cuál fue el eje de esos análisis. “El objetivo fue evaluar la expresión de genes vinculados a los procesos de reepitelización y de inflamación”, desarrolló. Con esos datos, el grupo buscó relacionar la evolución observada en la clínica con cambios medibles en el tejido.

Los resultados mostraron que la zona que no recibió membrana amniótica desde el comienzo tuvo una cicatrización menos organizada. En cambio, el área tratada desde el inicio con el parche presentó una maduración más homogénea en capas profundas. La comparación ayudó a explicar por qué la evolución había sido diferente aun dentro de una misma lesión.

Guerbi precisó que en la parte superficial no aparecieron diferencias inesperadas. “En las capas más superficiales, la maduración del nuevo tejido era equivalente en ambas regiones, tanto en la que recibió originalmente la membrana como en aquella en la que se aplicó al cabo de los 49 días. Eso era lo esperable. Por el contrario, en capas más profundas se vio una maduración más homogénea y en menor tiempo bajo el tratamiento con membrana. La correlación entre ambas técnicas da indicios de esta mejor maduración”, puntualiza Guerbi.

Otro punto evaluado fue la respuesta del organismo frente a los materiales. En el sector donde se había colocado la matriz de origen animal, los investigadores detectaron una reacción de tipo “cuerpo extraño”, asociada al rechazo del compuesto aplicado. Esa respuesta no fue registrada en la región tratada con membrana amniótica. Moreno agregó: “También se evaluó la vascularización y la angiogénesis, es decir cuántos vasos sanguíneos hay y cuántos vasos nuevos hay, respectivamente. Se vio un proceso de angiogénesis activo, es decir que se comenzaron a generar nuevos vasos bajo el tratamiento con la membrana”.

El equipo sostiene nuevas evaluaciones sobre el mecanismo regenerativo

Los investigadores destacaron que el tratamiento pudo realizarse sin ingreso a quirófano. Para el caso analizado, esa modalidad permitió continuar con una alternativa frente a procedimientos convencionales que no habían dado resultado. Moreno vinculó el trabajo con la medicina traslacional, es decir, con el paso de conocimientos del laboratorio hacia situaciones concretas de atención médica.

“Cuando hablamos de medicina traslacional hablamos de dos mundos que tienen que conectarse y dialogar: el de los pasos y las metodologías de la investigación científica y el de la medicina, con la complejidad de cada paciente. Aquí se logró trasladar el conocimiento generado en el laboratorio, pero atendiendo a la necesidad del paciente de buscar una alternativa a los tratamientos convencionales que no habían funcionado, sin llegar a la intervención quirúrgica”, remarcó Moreno.

Alejandro Berra señaló que el proceso combinó el uso de un material biológico que suele descartarse, su aplicación clínica y el análisis posterior en laboratorio. “Y eso, a su vez, luego vuelve al laboratorio, donde tenemos que tomar nota de aquello que funciona y estudiar qué factores hacen que funcione. Todo esto es fruto de un combo de diversas tareas interactuando entre sí de manera interdisciplinaria y fluida”, destacó.

El grupo continúa estudiando por qué estos tejidos favorecen la reparación. Berra consignó: “Demostramos el potencial de los derivados de membrana amniótica como una alternativa regenerativa, y ahora nos encontramos evaluando la mecanística de ese proceso, es decir por qué y cómo funcionan estos tejidos de regeneración. Vamos optimizando un método que en un futuro cercano se podría hacer de manera completamente ambulatoria, en el propio hogar del paciente”.

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