La docente y coreógrafa Marina Tondini de Jiménez, fundadora del Ballet Salta, fue condenada a 10 años de prisión por abuso sexual contra su nieto cuando era menor de edad. El tribunal salteño declaró su responsabilidad penal y ahora deberá definirse si la pena se cumplirá en una cárcel común o mediante prisión domiciliaria. La defensa adelantó que apelará el fallo, que aún no está firme. El hijo de la imputada y padre de la víctima, Aníbal Jiménez, confirmó la sentencia y sostuvo que el veredicto representa un alivio para el círculo familiar.
La condena por abuso sexual contra Marina Tondini de Jiménez reordenó de golpe la agenda judicial y también el mapa cultural de Salta. La mujer, de 74 años, recibió una pena de 10 años de prisión tras ser hallada culpable de ataques sexuales contra su propio nieto, ocurridos cuando el chico era niño. El fallo, dictado por un tribunal local, todavía debe pasar por instancias de revisión, ya que la defensa anticipó que hará uso de los recursos de apelación previstos por la ley.
Uno de los puntos que queda por resolverse es cómo se hará efectivo el cumplimiento de la pena. Los jueces deberán establecer si la condenada irá a un establecimiento penitenciario o si, debido a su edad y a su estado de salud, se le otorgará la posibilidad de continuar detenida bajo la modalidad de arresto domiciliario. Para esa definición, los magistrados suelen tener en cuenta informes médicos y antecedentes, una vez que la sentencia por abuso quede firme.
En paralelo, el caso pegó de lleno en el ambiente artístico local, donde Tondini de Jiménez era conocida desde hace décadas. Con su marido, el bailarín Hugo Jiménez, estuvo al frente del Ballet Salta, una compañía con presencia histórica en escenarios provinciales, nacionales e internacionales. Esa imagen de referente cultural quedó atravesada ahora por la resolución judicial que la declaró culpable por delitos cometidos dentro de su propio entorno familiar.
El origen de la denuncia por abuso sexual dentro de la familia
El expediente penal se inició a partir del relato del nieto de Tondini de Jiménez, hoy mayor de edad. Según reconstruyó su padre, Aníbal Jiménez, el joven decidió contar hechos de abuso sexual que habría sufrido en su niñez, lo que generó un quiebre en la dinámica familiar. A partir de ese primer relato, comenzaron una serie de conversaciones privadas que luego derivaron en la formalización de la denuncia ante la Justicia.
Aníbal Jiménez, quien además de denunciante es el padre de la víctima, recordó el momento en que escuchó la historia de su hijo y la forma en que ese testimonio lo llevó a creerle de inmediato. Contó que, tras esa charla, enfrentó a su madre con una frase que describió como determinante: “Yo ya sé todo”. De acuerdo con su versión, la respuesta de la mujer habría intentado relativizar lo ocurrido, lo que profundizó el distanciamiento entre ambos.
La presentación formal ante los tribunales activó la investigación penal. El caso se encuadró en la figura de abuso sexual contra un menor de edad y, con la víctima ya adulta, se dio paso a la toma de declaración en el ámbito judicial. En base a ese testimonio y a otros elementos que se fueron agregando, el expediente empezó a tomar cuerpo y avanzó hacia la etapa de juicio oral.
A lo largo del proceso se desarrollaron varias audiencias, en las que se incorporaron pericias, testimonios y demás pruebas. Todo ese material fue evaluado por los magistrados para llegar a la conclusión de culpabilidad y fijar la pena de 10 años de prisión. La defensa de la imputada, por su lado, ya notificó que impugnará la decisión mediante los recursos que le concede la normativa vigente, por lo que el caso pasará a revisión en instancias superiores.
La reacción del denunciante y el impacto en el ambiente cultural
Tras conocerse la condena por abuso sexual, fue el propio Aníbal Jiménez quien confirmó públicamente la sentencia contra su madre. El hombre, que actuó como querellante y es padre de la víctima, expresó su conformidad con el veredicto y aseguró: “Se hizo justicia”. Explicó que, para su familia, la definición del tribunal significó un alivio luego de años de tensión y conflictos internos generados a partir de la denuncia.
En el plano artístico, la resolución generó fuerte repercusión. Marina Tondini de Jiménez era identificada en Salta como una figura central del Ballet Salta, agrupación que fundó y dirigió junto a Hugo Jiménez desde 1970. La compañía se presentó históricamente como un elenco con proyección más allá de la provincia, con giras por distintos puntos del país y del exterior dedicadas a la danza folklórica.
El recorrido profesional de la condenada incluía además una trayectoria vinculada a la docencia. Egresada de la Escuela Nacional de Danzas y licenciada en Folklore, se dedicó durante décadas a la formación de bailarines y al montaje de propuestas escénicas de raíz tradicional. Desde esos espacios, coordinó procesos de capacitación que nutrieron elencos de la región y fueron seguidos por organismos y entidades culturales.
Reconocimientos previos y quiebre tras la sentencia por abuso
Antes de que la causa penal por abuso sexual saliera a la luz, Tondini de Jiménez había recibido homenajes por su trabajo artístico. La Secretaría de Cultura de la Provincia de Salta la destacó en una oportunidad por su trayectoria conjunta con Hugo Jiménez y por la difusión del folklore escénico. Esas distinciones la ubicaron durante años en un lugar de referencia dentro del circuito cultural salteño.
La sentencia por abuso contra su nieto modificó por completo ese escenario. El fallo del tribunal determinó su responsabilidad penal por delitos cometidos cuando el chico era menor, y la confirmación pública del veredicto por parte de su hijo volvió visible la dimensión familiar del conflicto. Mientras la defensa avanza con la apelación anunciada, el expediente ingresa ahora en la fase de revisión y se aguarda la definición sobre si la pena se cumplirá en un penal o bajo arresto domiciliario.

