La suba del dólar activó una nueva explicación en la Casa Rosada, donde sostienen que el movimiento cambiario de esta semana responde sobre todo a factores externos y no modifica la mirada oficial sobre la economía. En paralelo, el Banco Central intervino por vías alternativas en el mercado sin vender reservas de forma directa. Aun así, dentro del Ejecutivo admiten inquietud por otros dos indicadores: la recaudación tributaria y la morosidad del crédito. Ambas variables tienen impacto económico y también peso político, en un escenario donde el oficialismo apuesta a una desaceleración de la inflación para recomponer el financiamiento.
Durante las últimas ruedas, distintas cotizaciones del dólar mostraron alzas moderadas. El minorista acumuló incrementos leves en el último mes y llegó a los $1.510. La misma tendencia también se vio en el blue, el contado con liquidación y el mayorista. Sin embargo, en el Gobierno nacional buscaron bajarle el tono a ese recorrido y remarcaron que el fortalecimiento del dólar se observa también frente a otras monedas.
Ese enfoque convivió con otra preocupación puertas adentro. Mientras se sostiene que la baja de la inflación puede ayudar a recuperar crédito, actividad, consumo e inversiones, varios funcionarios reconocen que la mora sigue creciendo y que la recaudación viene floja. Por eso, aunque el mensaje público se mantuvo sin cambios, en la administración nacional siguen de cerca esos números.
La explicación oficial de Casa Rosada ante la suba del dólar
En Balcarce 50 insisten en que el reciente movimiento cambiario no alteró el diagnóstico central. Según esa lectura, la suba del dólar no responde a un factor exclusivamente local, sino a un contexto internacional donde la moneda estadounidense se fortaleció frente a otras divisas. Por eso, en el oficialismo remarcan que la presión se sintió también en mercados emergentes.
Una fuente de Casa Rosada explicó: “El dólar estadounidense se fortaleció respecto a otras monedas. No es algo que pasa acá, sucede en todo el mundo y eso se siente en mercados emergentes como el de Argentina”. Esa definición fue una de las bases con las que el Ejecutivo buscó encuadrar el alza que se vio en los últimos días.
En esa misma línea, el oficialismo tomó como referencia lo que había señalado el jueves Felipe Núñez, director de BICE e integrante del equipo económico de Luis Caputo, durante una entrevista en la TV Pública. Allí, Núñez sostuvo: “Hoy estamos muy lejos de ambos margenes de la banda cambiaria. A nivel internacional el dólar se está fortaleciendo y el resto de las monedas emergentes se están depreciando. El peso argentino no hizo más que acompañar esta depreciación internacional”.
Además, en esa intervención agregó: “Esto surge en un contexto en el que el mercado y las consultoras esperan una desaceleración de la inflación. No hay ningún impacto y, además, los agregados monetarios están corriendo muy por debajo de la inflación”. Con esa definición, el equipo económico buscó reforzar que el episodio cambiario no implica, por ahora, una revisión de su hoja de ruta.
El Banco Central intervino sin vender reservas de manera directa
Mientras en la Casa Rosada difundían su explicación, el Banco Central actuó esta semana en el mercado cambiario por canales alternativos. La autoridad monetaria no salió a vender reservas de forma directa, sino que apeló a dos herramientas distintas para intervenir.
Por un lado, recurrió a la venta de contratos de dólar futuro. Por otro, avanzó con la colocación de letras dollar-linked, es decir, títulos del Tesoro ajustados por la evolución del dólar oficial. Según fuentes oficiales, la participación del organismo que conduce Santiago Bausili se concentró especialmente en el contrato con vencimiento a fines de julio.
Desde el propio oficialismo aclararon, de todos modos, que el volumen negociado en ese tramo no resultó determinante. A la vez, el movimiento del Banco Central se dio luego de varias ruedas consecutivas con subas moderadas en distintas referencias del mercado cambiario, algo que fue seguido con atención por operadores y funcionarios.
El dólar minorista alcanzó los $1.510 después de una secuencia de avances leves durante el último mes. Esa dinámica también se repitió en el blue, el contado con liquidación y el mayorista. Aunque las cotizaciones se movieron en la misma dirección, el mensaje del Gobierno fue que no se trata de una señal que cambie el cuadro general que viene planteando.
El crédito y la mora aparecen como otra señal bajo observación
Más allá del dólar, dentro del Poder Ejecutivo admiten que hay indicadores que generan una inquietud mayor. Uno de ellos es la tasa de mora en privados. La preocupación se vincula con el rol que el oficialismo le asigna al crédito dentro de la actividad económica y con el objetivo de recuperar ese motor en los próximos meses.
Un funcionario señaló que la vuelta del crédito había sido uno de los dinamizadores al comienzo de la gestión y reconoció que muchas personas quedaron comprometidas con sus obligaciones. En esa misma línea, un secretario de Estado describió: “La vuelta al crédito fue nuestro dinamizador al comienzo del mandato de Javier (Milei). Hay mucha gente que queda comprometida y es muy probable que no vaya a poder tomar un crédito en muchísimo tiempo. Es, ante todo, una fuente de crecimiento que queremos recuperar hacia las elecciones”.
Los datos de financiamiento mostraron que el deterioro siguió en mayo. La morosidad del crédito bancario y no bancario volvió a crecer, aun cuando tanto el Gobierno como las entidades financieras venían advirtiendo que la irregularidad ya había tocado un techo durante el verano. Un informe de 1816 marcó, además, que el aumento golpeó con fuerza a los más jóvenes.
De acuerdo con ese relevamiento, 4 de cada 10 personas menores de 35 años con préstamos activos registran al menos una obligación en mora, ya sea en entidades financieras o no financieras. De todos modos, desde esa consultora sostuvieron: “Lo ‘positivo’ es que el peso del crédito en la economía local es tan pequeño que eso no significa que el PBI no pueda continuar creciendo en los próximos 12 meses”.
La recaudación suma presión y complica la relación fiscal con las provincias
La otra variable que sigue de cerca el oficialismo es la recaudación. Entre los operadores políticos del Gobierno nacional hay preocupación por la tendencia que se observa desde comienzos de año, con una baja marcada en los ingresos tributarios. Ese dato pega de manera directa en la discusión con las provincias, porque reduce los recursos que luego se distribuyen por coparticipación.
Para junio de 2026, el Gobierno nacional giró al consolidado de provincias más la Ciudad Autónoma de Buenos Aires $6,83 billones por coparticipación, leyes especiales y compensaciones, frente a los $5,44 billones transferidos en igual período del año anterior. La comparación dejó una variación nominal de 25,7%, pero al descontar la inflación del período el resultado implicó una caída real de 5,6 por ciento.
Dentro del Ejecutivo enlazan ese retroceso con los reclamos de los gobernadores por una mayor asistencia de fondos. Un funcionario resumió esa tensión con una frase directa: “La necesidad de incrementar los fondos vía coparticipación o los pedidos de mayores fondos son el principal reclamo de los gobernadores que nos vienen a ver a Rosada”.
A pesar de ese malestar, en el oficialismo sostienen que por ahora no hubo una caída del respaldo político. Como muestra de esa relación, recordaron que este martes participaron 13 jefes provinciales de la jura de Diego Santilli como jefe de Gabinete. De todos modos, en el Gobierno reconocen que el vínculo con las provincias atraviesa una etapa más exigente por la cuestión fiscal y evalúan que la posibilidad de avanzar en un acuerdo fiscal entre Nación, provincias y municipios pierde fuerza.
En ese marco, la apuesta oficial sigue atada a la inflación. Esta semana, en su primera conferencia de prensa como portavoz, Adrián Ravier planteó: “Sé que hay preocupaciones con los niveles de consumo, con los niveles de actividad o lo que pasa con los comercios y demás. Creo que es fundamental recuperar el crédito. Nosotros creemos que el crédito va a volver cuando le ganemos la batalla a la inflación; a medida que va bajando la tasa de inflación, va bajando las tasas de interés, cuando bajan las tasas de interés, recuperamos actividad económica, inversiones, también recuperamos el consumo”.
Ravier también afirmó: “Los números de inflación han sido buenos, el último dato 2,1%, seguramente el próximo dato ya se está hablando de que va a romper el 2%, a ver si podemos romper esta inercia”.

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