Un día como hoy de 2014, el papa Francisco presidió en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano, la misa en la que proclamó santos a Juan XXIII y Juan Pablo II, ante cientos de miles de fieles y delegaciones oficiales de todo el mundo. La ceremonia, conocida como la canonización de los beatos Juan XXIII y Juan Pablo II, contó con la presencia de jefes de Estado, de gobierno y de los reyes de España, además de representantes de distintas religiones. Fue una jornada considerada histórica dentro de la Iglesia católica por reunir a cuatro papas: dos en los altares y dos vivos, aunque solo uno concelebró.
El papa Francisco canonizó a Juan XXIII y Juan Pablo II ante una multitud en la Plaza de San Pedro
El 27 de abril de 2014, el papa Francisco canonizó a Juan XXIII y Juan Pablo II durante una misa multitudinaria en la Plaza de San Pedro, en Roma. La celebración llevó el nombre oficial de “Santa misa y canonización de los beatos Juan XXIII y Juan Pablo II”, y se desarrolló al aire libre frente a la basílica vaticana. Desde temprano, fieles de distintos países coparon la plaza y las calles aledañas, muchos de ellos con banderas, estampitas y retratos de los dos pontífices.
Durante la ceremonia, Francisco pronunció la fórmula de canonización con la que la Iglesia católica inscribió oficialmente a Juan XXIII (papa entre 1958 y 1963) y a Juan Pablo II (papa entre 1978 y 2005) en el catálogo de los santos. De esta manera, ambos pasaron a ser reconocidos como modelos de vida cristiana para los fieles de todo el mundo. La misa fue traducida a varios idiomas y retransmitida por televisión y medios digitales a numerosos países.
Entre los presentes hubo jefes de Estado y de gobierno de distintas regiones, entre ellos los presidentes de Ecuador, Honduras y El Salvador, además de los reyes de España. En total, asistieron 93 delegaciones internacionales, de las cuales 17 fueron latinoamericanas, lo que reflejó el alcance global del pontificado de Juan Pablo II y la fuerte presencia de América Latina en la vida de la Iglesia. También se sumaron peregrinos de Europa del Este, África y Asia que siguieron con atención cada momento de la liturgia.
Una ceremonia con cardenales, obispos, sacerdotes y representantes de otras religiones
La misa de canonización presidida por el papa Francisco reunió a una gran cantidad de autoridades religiosas. Concelebraron 150 cardenales, 1.000 obispos y unos 6.000 sacerdotes venidos de distintos continentes. Esta amplia participación del clero mostró la importancia que la Iglesia dio a la figura de Juan XXIII y Juan Pablo II, ambos protagonistas de momentos clave del siglo XX, como el Concilio Vaticano II y la caída del bloque comunista en Europa del Este.
Además del clero católico, asistieron representantes de otras confesiones cristianas y de distintas religiones, entre ellas una delegación judía de relevancia. Estos grupos se hicieron presentes para rendir homenaje a los dos papas, reconocidos por su trabajo en favor del diálogo interreligioso y, en particular, por su postura contra los prejuicios hacia el pueblo judío. En ese contexto, la canonización también fue leída como un gesto que reforzó los avances en las relaciones entre la Iglesia católica y el judaísmo durante el siglo XX.
La presencia de referentes religiosos de varias tradiciones, junto con líderes políticos y sociales, dio a la ceremonia un carácter tanto espiritual como diplomático. Mientras el pueblo congregado rezaba y cantaba, las delegaciones oficiales siguieron el desarrollo de la misa desde los lugares asignados en la plaza. El clima general fue de recogimiento, pero también de reconocimiento histórico hacia los dos nuevos santos.
Las palabras del papa Francisco sobre san Juan XXIII y san Juan Pablo II
En su homilía, el papa Francisco destacó el valor y la misericordia de san Juan XXIII y san Juan Pablo II. Señaló que ambos “tuvieron el valor de mirar las heridas de Jesús, de tocar sus manos llagadas y su costado traspasado” y afirmó que “no se avergonzaron de la carne de Cristo” ni “de la carne del hermano”, porque en cada persona que sufría veían a Jesús. Según explicó, fueron “dos hombres valerosos, llenos de la parresia del Espíritu Santo” y dieron testimonio, ante la Iglesia y el mundo, “de la bondad de Dios, de su misericordia”.
Francisco subrayó de manera especial que san Juan Pablo II fue “el papa de la familia”, recordando que el propio pontífice polaco había dicho que así quería ser recordado. El papa argentino vinculó esas palabras con el camino sinodal sobre la familia que en ese momento la Iglesia estaba iniciando, y expresó que Juan Pablo II, “desde el cielo, ciertamente acompaña y sostiene” ese proceso. También pidió que los dos nuevos santos pastores del pueblo de Dios intercedan por la Iglesia para que, durante esos años de trabajo sinodal, fuera dócil al Espíritu Santo en el servicio pastoral a las familias.
Francisco invitó a los fieles a aprender de san Juan XXIII y san Juan Pablo II a no escandalizarse de las llagas de Cristo y a entrar en el misterio de la misericordia divina, a la que describió como una misericordia que “siempre espera, siempre perdona, porque siempre ama”. Con esas palabras, el papa cerró su reflexión sobre la figura de los nuevos santos y sobre el sentido espiritual de la canonización realizada aquel día en la Plaza de San Pedro.

