Calendario escolar y lluvias en la Quebrada del Toro: docentes de Campo Quijano reclaman cambios

En la Quebrada del Toro, el Calendario Escolar actual obliga a docentes y personal escolar a circular en pleno verano, justo cuando se dan las lluvias más fuertes entre mediados de noviembre y principios de marzo. En esa franja, quienes viajan desde y hacia Campo Quijano para llegar a las escuelas de montaña se enfrentan a ríos crecidos, barro, derrumbes y una ruta nacional 51 muy deteriorada. Parte del plantel docente plantea que sería necesario revisar las fechas del ciclo lectivo para reducir los traslados en los días de tormentas más intensas.

Calendario escolar y lluvias en la Quebrada del Toro

En esta extensa zona de montaña, el período de lluvias comienza habitualmente a mediados de noviembre y se estira hasta los primeros días de marzo. Es justamente el mismo tramo en el que el Calendario Escolar vigente fija la asistencia hasta el 22 de diciembre y el regreso a clases a mediados de febrero, por lo que docentes y no docentes quedan obligados a circular cuando la ruta se vuelve más inestable.

Durante esos meses, el final del año lectivo en la Quebrada del Toro no se vive solo con actos de cierre y entrega de carpetas, sino que también implica cruzar arroyos que se desbordan en pocas horas, bordear aludes de barro sobre la ruta nacional 51 y, en muchos casos, comprobar cada mañana si el camino sigue transitable. Los trayectos suelen combinar asfalto dañado, largos tramos de ripio y sectores donde el agua directamente pasa por encima de la calzada.

En la región hoy funcionan 18 escuelas primarias y un secundario de montaña, que dan servicio a 25 comunidades dispersas. El sostenimiento del derecho a la educación en estos parajes depende, en buena medida, de que el maestro pueda llegar a destino y también regresar a su casa sin incidentes, algo que no siempre está garantizado en plena temporada de tormentas.

La zona está vinculada principalmente con Campo Quijano, desde donde parten buena parte de los docentes y trabajadores escolares. Por eso, cada decisión sobre el Calendario Escolar repercute directamente en la cantidad de viajes que deben hacer en los meses de mayor lluvia y en los horarios en que se ven obligados a tomar la ruta 51.

Viajes con riesgos, vehículos dañados y transporte público casi sin opciones

Los relatos del personal educativo que trabaja en la Quebrada del Toro muestran un escenario de riesgo frecuente. María, maestra en la zona, contó que se ve forzada a usar su propio auto “porque es la única forma de ahorrar tiempo”, aunque eso le genera un gasto constante en mecánica. Explicó que debe cambiar con frecuencia “el tren delantero y los amortiguadores” y recordó que, en una ocasión, al pasar por un arroyo desbordado, el agua le arrancó el paragolpes: “Solo pude ver cómo se lo llevaba el agua”.

Este tipo de situaciones, según remarcan los docentes, no se consideran excepcionales sino parte de la rutina durante el verano. Cada viaje implica calcular si el vehículo va a aguantar el ripio, los cruces de agua y los sectores más castigados de la ruta. Muchos terminan priorizando llegar a tiempo a la escuela por encima del costo que luego deberán afrontar en arreglos.

El transporte público, en paralelo, aparece como una alternativa muy limitada. En la zona la frecuencia es de apenas tres servicios semanales, lo que suele no coincidir con los horarios de ingreso y salida de las escuelas. Ante esa falta de opciones, los trabajadores de la educación quedan frente a dos caminos: depender del vehículo particular o recurrir a remises con tarifas que describen como impagables.

Sobre estos últimos, docentes de la Quebrada señalan que “se pasan con los precios” y mencionan como referencia que un viaje desde la zona de Tastil hasta Campo Quijano puede costar alrededor de 130.000 pesos. En ese contexto, muchos optan por seguir usando el auto propio, aun sabiendo que los daños se acumulan y que cada tormenta fuerte puede complicar el regreso.

Ruta nacional 51 y debates sobre cambios en el ciclo lectivo

El estado de la ruta nacional 51 suma otra dificultad. El trazado es descripto hace años como un problema “conocido, diagnosticado, estudiado, prometido y pocas veces solucionado de raíz”. Las lluvias modifican la calzada según la cantidad de agua caída: por momentos la ruta deja de comportarse como tal y puede transformarse en cauce de río, pendiente resbaladiza o barranco. Aunque se realizan trabajos de mantenimiento desde el área de Vialidad, desde las escuelas consideran que esas tareas son parciales y que se deterioran rápido cuando vuelven las tormentas.

Dentro del propio personal educativo no hay una única postura sobre cómo ajustar el Calendario Escolar. Algunos trabajadores, sobre todo quienes están en escuelas albergue, plantean que no se trasladan tan seguido y que, por ese motivo, se sienten relativamente conformes con las fechas actuales. Además, advierten que, si se concentran más días de clase fuera de la época de lluvias, podrían terminar usándose feriados como jornadas obligatorias.

En paralelo, otros sectores de la docencia sostienen que, si bien cambiar el cronograma de clases no va a frenar los derrumbes ni modificar el comportamiento de los ríos, sí podría evitar parte de los traslados en el momento más crítico del año. Entre las alternativas que se mencionan figuran adelantar el cierre del ciclo lectivo, retrasar el regreso del personal en febrero o establecer un calendario diferenciado específicamente para la Quebrada del Toro.

Los planteos insisten en que esta cadena montañosa necesita que la organización del año escolar tenga en cuenta sus condiciones particulares de clima y geografía. En ese sentido, remarcan que la continuidad educativa en las 19 instituciones de la zona no debería quedar atada a la intensidad de las precipitaciones ni al nivel de exigencia al que se somete a los vehículos de los docentes durante la temporada de lluvias.

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