Buceadora de 23 años desaparecida en Puerto Madryn: la justicia investiga si hubo negligencia al sumergirse

Un buque de rescate, robots submarinos y buzos tácticos participan del tercer día de búsqueda de la joven buceadora desaparecida en el Golfo Nuevo.

La búsqueda de la buceadora desaparecida Sofía Devries, de 23 años, entró en una nueva etapa con la incorporación de un buque de rescate de gran porte, tecnología específica para operar en profundidades y robots submarinos en el Golfo Nuevo. El operativo, que ya lleva tres días desde la última vez que la joven fue vista con vida bajo el agua cerca de un barco hundido frente a Puerto Madryn, avanza en paralelo a una investigación judicial que intenta determinar cómo se organizó la inmersión y si hubo fallas en el procedimiento.

Refuerzan la búsqueda de la buceadora con el buque “Tango” y buzos tácticos

Desde primeras horas de la mañana se sumó al despliegue el buque SB-15 “Tango”, una embarcación de alrededor de 50 metros de eslora preparada para misiones de rescate y apoyo en mar abierto. Según la emisora local LU17, este navío cuenta con sistemas que permiten trabajar en zonas con corrientes fuertes y con muy poca visibilidad, condiciones similares a las del área donde se perdió rastro de la buceadora desaparecida.

El “Tango” opera junto al guardacostas GC-65 de la Prefectura Naval Argentina y a un equipo de buzos tácticos especializados que se turnan para descender en la zona del naufragio. Los efectivos rastrean el sector donde se encontraba el barco hundido, punto elegido para la práctica de buceo en la que participaba Sofía Devries cuando dejó de ser vista por sus compañeros.

De acuerdo con la información oficial, la joven se encontraba cursando una instancia de certificación para avanzar en su formación como buzo. Formaba parte de un contingente que embarcó en una nave de la empresa Freediving Patagonia rumbo al Golfo Nuevo para realizar la inmersión de entrenamiento en el casco hundido, una actividad que suele convocar a buceadores experimentados en la zona de Puerto Madryn.

Cómo fue la inmersión en la que se perdió el rastro de la joven

La desaparición ocurrió durante la tarde de un lunes, cuando el grupo de buceo ya se encontraba sobre el punto del barco hundido. De acuerdo con los testigos, la buceadora desaparecida estaba a unos 25 metros de profundidad cuando sufrió un problema que le habría impedido iniciar el ascenso controlado a superficie. Esa situación fue advertida por su compañero de buceo, que dio aviso inmediato al resto del equipo.

Otros buzos que participaban de la práctica descendieron y comenzaron a buscarla en el área en la que la habían visto por última vez, pero pese a los intentos no lograron ubicarla. La alarma se dio en el mismo lugar del naufragio y se activó el protocolo de rescate, lo que derivó en la intervención de Prefectura y en el despliegue que ahora se mantiene de manera sostenida día tras día.

El jefe de Salvamento y Buceo de Prefectura Naval Argentina, Adrián Wagner, describió el escenario que enfrentan los equipos. En diálogo con radio Mitre, sostuvo que, a la profundidad en la que se encontraba al momento de desaparecer, “a la profundidad que estaba, la posibilidad de encontrarla con vida es nula”. Sus palabras marcaron la dureza de las condiciones de búsqueda y encuadraron el operativo como una tarea de localización, más que de rescate con expectativa de sobrevida.

Condiciones del mar, visibilidad reducida y otras complicaciones

Medios locales indicaron que el día del descenso las condiciones meteorológicas habían sido adversas por la mañana, lo que llevó inicialmente a desaconsejar la salida. Recién más tarde, cuando el pronóstico mejoró y el viento bajó, el grupo decidió avanzar con la inmersión planificada en el barco hundido del Golfo Nuevo.

Especialistas consultados por el sitio Madryn Ahora explicaron que, aunque técnicamente la actividad se podía realizar, la visibilidad bajo el agua se veía muy afectada. Según esas fuentes, el rango de visión en ese sector suele rondar los 20 metros, pero esa jornada habría caído a unos 5 metros, un dato clave para dimensionar las dificultades que afrontan ahora los buzos tácticos y los robots que rastrean el fondo marino donde desapareció la buceadora.

Investigación judicial y críticas cruzadas por el operativo de rescate

Mientras continúa el rastrillaje, la fiscal general María Angélica Cárcano confirmó que el Ministerio Público Fiscal abrió una causa para analizar cómo se organizó y ejecutó la inmersión. La funcionaria explicó a LU17 que “primero, por supuesto, se aboca a la prefectura la búsqueda y el hallazgo de la joven. Pero paralelamente la fiscalía interviene en las medidas de investigación”, y aclaró que se trabaja desde el momento en que Prefectura dio el aviso formal para determinar si pudo haberse configurado algún tipo de delito.

Cárcano detalló también cómo se sostiene el operativo día a día. Según su descripción, la búsqueda de la buceadora desaparecida se realiza de manera ininterrumpida desde el inicio del caso: durante las horas de luz se emplean robots, buzos tácticos y embarcaciones, y por la noche se complementa con recorridos por tierra en la costa cercana. La fiscal remarcó que “desde el minuto uno es incesante”, en referencia a la intensidad del despliegue.

En paralelo a estas declaraciones, surgieron cuestionamientos por parte del entorno de la joven. Su novio, Leonardo Rodríguez, instructor de buceo que estaba a cargo de la inmersión y que buceaba con ella, expresó en redes sociales que Prefectura no habría actuado con la rapidez que él consideraba necesaria y planteó que se “centraron en lo burocrático” en lugar de aceptar enseguida la colaboración de otros buzos de escuelas de Puerto Madryn.

La respuesta de la fiscal y el rol del instructor en la práctica

Rodríguez también apuntó contra la fiscal a cargo del caso, a quien acusó en sus publicaciones de intentar hacerlos firmar documentos para que no abandonen la ciudad mientras sigue la búsqueda. En sus mensajes sostuvo que el pedido resultaba insensible frente a la situación que atravesaba el grupo de buceo y la familia de la joven.

Consultada por esos dichos, Cárcano negó que se hubiera dispuesto alguna restricción para moverse de la ciudad y aseguró que “no hay ninguna medida de restricción ambulatoria ni nada”, desmintiendo así las versiones que circularon en redes sociales. La funcionaria se limitó a ratificar que el foco de la investigación está puesto en reconstruir cómo se organizó la salida, qué rol tuvo cada responsable y si se cumplieron o no los protocolos de seguridad previstos para este tipo de actividad.

Según el portal Madryn Ahora, la escuela de buceo a la que asistía Devries, ubicada en la localidad bonaerense de Villa Ballester, evaluó distintos prestadores locales antes del viaje, pero finalmente contrató solo el servicio de transporte náutico hasta la zona del barco hundido. El instructor responsable de la inmersión, que además es pareja de la joven, pertenece a esa misma escuela y no a una operadora de Puerto Madryn, de acuerdo con la reconstrucción publicada por el medio chubutense.

Otros buceadores asistidos y la continuidad del operativo

El día de la desaparición de la buceadora también hubo otros integrantes del grupo que terminaron con complicaciones de salud. Tres de los siete buzos que participaron en la salida necesitaron atención médica en el Hospital Andrés Isola. Según se informó, dos de ellos sufrieron descompensaciones vinculadas a la inmersión y recibieron tratamiento en cámara hiperbárica, al igual que el resto, todos adultos de entre 26 y 37 años.

El propio instructor, pareja de Sofía Devries, fue asistido por personal médico después de haber realizado varios descensos adicionales en un intento desesperado por encontrarla en las inmediaciones del barco hundido. Esas maniobras sucesivas para tratar de ubicar a la buceadora desaparecida habrían provocado la necesidad de controles y cuidados específicos, habituales en este tipo de intervenciones de emergencia bajo el agua.

En tanto, el operativo oficial sigue activo cada día desde el amanecer, con el buque “Tango”, el guardacostas, equipos de buzos tácticos, robots y recursos tecnológicos preparados para rastrear el fondo del Golfo Nuevo en el área donde se produjo la inmersión de certificación de la joven.

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