Investigan mega banda de abigeato en el valle de Lerma con el “Gordo Aguirre” y “La Payasa” como jefes

Una serie de 16 allanamientos en Salta expuso una estructura de abigeato que operaba desde hace años en el valle de Lerma.

Una investigación por abigeato en el valle de Lerma derivó en un amplio operativo policial en la zona norte de la ciudad de Salta, donde se desarmó una estructura señalada como una de las más grandes de la región. En total se realizaron 16 allanamientos simultáneos con más de 120 efectivos, se detuvo a 9 sospechosos y se busca a otros prófugos, entre ellos integrantes vinculados al “Gordo Aguirre” y “La Payasa”, apuntados como jefes de la banda dedicada al abigeato.

El procedimiento se concretó por orden judicial en el marco de una causa que rastrea desde hace años el robo de ganado en distintos puntos del valle de Lerma. De acuerdo con la investigación, se trata de una organización que habría operado durante un largo período perjudicando a productores de Rosario de Lerma, Chicoana, Cerrillos y otras localidades rurales.

Las autoridades secuestraron dinero en efectivo en pesos y dólares, maquinaria, documentación y carne cuya procedencia fue catalogada como ilícita. Según los investigadores, esa mercadería ingresaba al circuito comercial a través de carnicerías que funcionaban como pantalla para colocar la carne obtenida de los hechos de abigeato.

Detienen al “Gordo Aguirre” y a “La Payasa” como cabecillas de la red

Entre los 9 arrestados, las fuentes destacaron la captura del hombre conocido como el “Gordo Aguirre” y de una mujer identificada por el apodo de “La Payasa”. Ambos fueron señalados como los principales referentes de la estructura que operaba en el valle de Lerma y que se especializaba en abigeato agravado y otros delitos contra la propiedad.

De acuerdo con la causa, el “Gordo Aguirre” y “La Payasa” encabezaban una banda con antecedentes y logística propia, integrada por personas con experiencia criminal y roles bien definidos. La organización contaba con vehículos, herramientas y contactos que les permitían mover animales, faenarlos en forma clandestina y distribuir la carne sin llamar la atención en el mercado local.

Las actuaciones judiciales remarcan que esta red delictiva no funcionaba de manera improvisada: los integrantes estudiaban la zona, trazaban rutas de escape y contaban con lugares preparados para la faena y almacenamiento. La sospecha de los investigadores es que esta organización llevó adelante su actividad durante, al menos, varios años consecutivos en distintos campos del valle de Lerma.

El fiscal penal Daniel Escalante quedó a cargo de la investigación y condujo los procedimientos junto con equipos especializados de la fuerza de seguridad. El Ministerio de Seguridad, a cargo de Gaspar Solá Usandivaras, coordinó los recursos operativos y la logística para concretar los 16 allanamientos en forma simultánea.

Tras el despliegue, Escalante informó a la prensa que se trató de una causa compleja, con recopilación de datos de largo tiempo, relevamiento en campo y análisis de denuncias que se fueron acumulando en la región. El fiscal destacó que la información aportada por los productores fue clave para unir hechos que en un principio aparecían aislados.

Solá Usandivaras, por su parte, definió el resultado como un paso importante dentro del expediente. “Fue un golpe clave a una estructura que venía afectando durante años a los productores”, afirmó al describir el impacto de los allanamientos y de las detenciones logradas hasta el momento.

Así operaba la banda en el valle de Lerma y cómo usaba carnicerías como fachada

La causa describe una organización con tareas claramente repartidas. Había quienes elegían los campos y marcaban los animales, otros ejecutaban los robos, un grupo se encargaba de la faena clandestina y otro sector quedaba a cargo de la venta y distribución de la carne. Cada uno cumplía un rol específico dentro de la cadena delictiva.

Según los investigadores, antes de ingresar a un establecimiento rural los delincuentes analizaban horarios, caminos alternativos, rutinas de los puesteros y medidas de seguridad. A partir de esos datos, definían qué animales robar, en qué cantidad y por qué sectores moverlos, con el objetivo de evitar controles y patrullajes.

Durante los allanamientos se halló una importante suma de dinero en efectivo, cercana a los 19 millones de pesos, además de unos 20 mil dólares. También se secuestró maquinaria usada en la faena, documentación que será peritada y una cantidad de carne sin acreditar origen. Parte de esa mercadería, de acuerdo con la hipótesis fiscal, se habría comercializado en carnicerías utilizadas como fachada para introducir el producto al mercado formal.

Denuncias en serie y mensajes intimidantes a productores rurales

A medida que avanzaba la investigación, se fueron incorporando denuncias de productores del valle de Lerma que tenían características similares: animales robados de noche, rastros de faena improvisada en el campo y pérdidas reiteradas en establecimientos de Rosario de Lerma, Chicoana, El Carril, Cerrillos, La Silleta, Campo Quijano, San Agustín y San Lorenzo.

Las actuaciones señalan que, en varios de esos hechos, los responsables dejaban mensajes escritos dirigidos a los dueños de los campos. Eran notas con tono aparentemente “amistoso”, donde indicaban que podían volver cuando quisieran. Para los investigadores, esa práctica configuraba una forma de intimidación que buscaba instalar miedo y la idea de que la banda podía regresar sin consecuencias.

Con los últimos secuestros y las nueve detenciones, los investigadores consideran que se reforzó la hipótesis de una organización consolidada, con antecedentes penales y vínculos que aún se intentan determinar. La causa sigue abierta, con órdenes de captura activas para los prófugos y nuevas diligencias para establecer el alcance total de la red vinculada al abigeato en el valle de Lerma.

Leer más:

Más noticias: