Un asesinato que al principio fue investigado como un posible secuestro cambió por completo cuando apareció una prueba inesperada en una escuela. En medio del triple crimen de una familia en Medicine Hat, Canadá, un dibujo hecho por una nena de 12 años empujó a los investigadores hacia una nueva hipótesis y puso bajo la lupa a la propia alumna y a su novio, un hombre de 23 años. El hallazgo se sumó a mensajes, antecedentes y otros elementos del expediente. Desde ahí, la pesquisa dejó de buscar a una víctima ausente y empezó a reconstruir un plan criminal que, según la acusación, había sido pensado con anticipación.
El caso salió a la luz el 23 de abril de 2006 en la ciudad de Medicine Hat, en Alberta. Ese día, un amigo del hermano menor de Jasmine Richardson fue hasta la casa para jugar con él, tal como habían quedado en la escuela. Sin embargo, desde una ventana alcanzó a ver un cuerpo inmóvil dentro de la vivienda. Asustado, volvió de inmediato a su casa y le contó lo que había visto a su madre. La mujer llamó a la policía y, cuando los agentes entraron por la fuerza, encontraron una escena estremecedora.
En distintos sectores de la propiedad estaban los cuerpos de Marc Richardson, de 42 años; Debra Richardson, de 48; y el hijo menor de la pareja, de ocho años. La única integrante de la familia que no aparecía en el lugar era Jasmine, la hija mayor. Por eso, en las primeras horas, una de las líneas de trabajo apuntó a que la chica podía haber sido llevada por quienes habían entrado a matar. Pero esa idea no tardó en derrumbarse.
Un dibujo escolar volteó la primera hipótesis del asesinato
La investigación dio un vuelco cuando los policías empezaron a revisar el entorno más cercano de la chica. En la escuela estatal a la que asistía, el consejero escolar abrió el casillero de la alumna y encontró un cómic hecho por ella en clases. El contenido no pasó desapercibido: mostraba a una joven que prendía fuego su casa con su familia adentro y después escapaba con su novio.
Esa pieza quedó incorporada a la causa y, junto con otros elementos, hizo que la sospecha de secuestro perdiera fuerza. A partir de ahí, la adolescente de 12 años y Jeremy Allan Steinke, de 23, pasaron a estar en el centro de la pesquisa por el triple crimen. Para los investigadores, el dibujo no era una rareza menor, sino una señal que debía leerse en relación con todo lo demás que ya estaban reuniendo.
Hasta entonces, según el expediente, la vida escolar de Jasmine no había mostrado conflictos llamativos. Tenía un desempeño considerado normal y no aparecía en registros como una alumna problemática. Pero ese perfil empezó a modificarse cuando tenía 11 años. De acuerdo con la reconstrucción judicial, comenzó a vestirse con ropa oscura, adoptó una estética gótica y usó delineado negro marcado en los ojos. A la vez, abrió perfiles en MySpace y en VampireFreaks.com.
En esos espacios de internet subía fotos con réplicas de armas y decía tener 16 años. También mostraba intereses ligados a asesinos seriales, psicología criminal, anatomía humana y Jeffrey Dahmer, mencionado en el expediente como el “canibal de Milwaukee”. Aunque esos datos por sí solos no implicaban un delito, para la acusación sí ayudaban a describir el contexto que rodeó al asesinato y el posterior triple crimen.
La relación entre la chica de 12 años y el hombre de 23 quedó bajo la lupa
La historia entre Jasmine Richardson y Jeremy Steinke había empezado a comienzos de 2006, durante un recital de punk rock en su ciudad. Allí intercambiaron nombres de usuario y siguieron en contacto por internet. Con el tiempo, esa relación virtual se transformó en un noviazgo que ocultaron a sus familias. La diferencia de edad, 12 años y 23 años al momento de los hechos, quedó como uno de los datos más sensibles del caso.
El vínculo salió a la luz cuando Marc y Debra Richardson revisaron la computadora familiar. Según consta en la causa, allí encontraron conversaciones en las que Steinke le preguntaba a la nena si podían matar personas juntos. Frente a eso, y también por la diferencia de 11 años entre ambos, los padres le prohibieron tener contacto físico con él, le quitaron el acceso al dispositivo electrónico y establecieron nuevas reglas dentro de la casa.
La adolescente reaccionó con un fuerte rechazo a esas medidas. De acuerdo con el expediente, consideró injusta la decisión de sus padres e incluso intentó ser incorporada al sistema estatal de acogida, aunque ese trámite no avanzó. La familia también recurrió a sesiones de terapia con la intención de encauzar la situación. Sin embargo, la acusación sostuvo que Jasmine siguió reuniéndose con Steinke a escondidas, saliendo de noche por la ventana.
En ese contexto, según las actuaciones judiciales, empezó a tomar forma la idea de matar a sus padres. Una de las pruebas citadas en el proceso fue un mensaje enviado por la chica a su novio: “Tengo este plan. Empezá conmigo matando a ellos y terminá conmigo viviendo con vos”. Para la fiscalía, esa frase fue una base directa del plan criminal. Del lado de Steinke, además, aparecieron publicaciones en su blog en las que cargaba contra los padres de la menor y hablaba de actuar como una especie de salvador.
En esos textos, de acuerdo con el expediente, decía que ellos la estaban llevando a la locura y describía cómo pensaba cortarles la garganta dentro de la casa. También hablaba de usar la sangre como pago por el daño que, según afirmaba, le habían causado. Antes del ataque, los dos vieron la película Asesinos por naturaleza. Más tarde, Steinke le comentó a un allegado que era la mejor historia de amor del cine y planteó la posibilidad de reproducir una secuencia homicida parecida a la de la ficción.
El recorrido de Jeremy Steinke también apareció en el juicio por el triple crimen
Durante el proceso, la situación personal de Jeremy Steinke ocupó un lugar importante en la reconstrucción del caso. Había nacido el 15 de enero de 1983 y, según se ventiló en el juicio, venía de un entorno marcado por la inestabilidad. Su madre, Jacqueline Ann May, tenía problemas de alcoholismo y la familia se mudaba seguido, algo que dificultaba vínculos duraderos. Además, de acuerdo con testimonios incorporados al expediente, sufrió abusos por parte de parejas de su madre.
En las audiencias, ella declaró que el padre biológico de Steinke lo golpeaba con un cinturón cuando tenía dos años y lo arrastraba de las orejas. También dijo que otro padrastro llegó a encerrarlo en un congelador. En otro episodio posterior, Steinke le fracturó el brazo a un exnovio de su madre con un caño de plomo mientras intentaba defenderse de la violencia en la vivienda.
Los médicos del Estado sospechaban que podía padecer síndrome de alcoholismo fetal, aunque esa hipótesis no fue confirmada durante el juicio. En la escuela pública le detectaron trastorno por déficit de atención e hiperactividad. A eso se sumaban situaciones de hostigamiento de compañeros que lo llamaban “Jeremy el apestoso”. La causa también señaló que, a los 13 años, había atravesado cuadros severos de depresión, se autolesionaba con cortes profundos en los brazos y tuvo varios intentos de suicidio.
Un año después empezó a consumir alcohol, hongos alucinógenos, éxtasis, ácido y marihuana. Más adelante dejó la escuela en décimo grado. Dentro del ambiente gótico de la provincia decía ser un hombre lobo de 300 años capaz de comer personas y llevaba colgado un frasco con sangre. Todos esos datos fueron usados en el expediente para describir el perfil del hombre de 23 años acusado junto a la chica de 12 por el asesinato y el triple crimen.
Cómo fue la madrugada del ataque dentro de la casa familiar
Según la reconstrucción de la acusación, la madrugada del 23 de abril de 2006 Steinke entró a la casa de los Richardson bajo los efectos de alcohol y narcóticos. Llevaba un cuchillo grande y tenía el rostro cubierto con una máscara de neoprene. Se movió en silencio hasta el subsuelo de la vivienda. Allí se encontró con Debra Richardson y la apuñaló 12 veces.
Los gritos hicieron bajar a Marc Richardson por las escaleras con un destornillador en la mano. El expediente indicó que intentó defender a su esposa, pero Steinke logró imponerse y lo atacó 24 veces. Mientras agonizaba, Marc alcanzó a preguntarle por qué lo estaba haciendo. La respuesta atribuida al agresor quedó registrada en la causa: “Es lo que tu hija quería”.
La muerte del hijo menor de la familia fue uno de los puntos donde aparecieron versiones enfrentadas durante el juicio. El cuerpo del niño presentaba un profundo corte en la garganta y heridas punzocortantes en el cráneo y el torso. Jasmine declaró bajo juramento que, después de asesinar a sus padres en el subsuelo, Steinke le ordenó matar a su hermano. En cambio, Steinke sostuvo ante los jueces que él se quedó en la puerta del cuarto mientras la chica degollaba al niño.
Según esa versión, apoyada por su defensa, la adolescente dijo que no quería que su hermano creciera huérfano después de la muerte de sus padres. El expediente reflejó así una disputa central sobre quién ejecutó ese tramo del triple crimen, aunque ambos quedaron vinculados penalmente a la secuencia completa del asesinato múltiple.
Después de los homicidios, siempre según la causa, los dos tuvieron relaciones sexuales dentro de la vivienda. Más tarde fueron juntos a una fiesta barrial. Varias personas notaron que Steinke tenía un ojo inflamado y enrojecido, lesión atribuida a la pelea con Marc en el sótano. También advirtieron que la pareja se besaba de una manera que generó incomodidad entre los presentes. Durante esa misma noche, hablaron abiertamente con varias personas sobre los asesinatos.
La fuga duró poco y la causa terminó con condenas diferentes
La huida empezó al amanecer, cuando dejaron Alberta en una camioneta pick-up manejada por Kacy Lancaster, una joven de 19 años ligada al entorno de Steinke. Más adelante, ella fue procesada por encubrimiento agravado, acusada de ayudar en la fuga y de desechar material incriminatorio en áreas rurales. El escape se terminó un día después de haber abandonado la escena del crimen.
Equipos tácticos detuvieron a Jasmine y a Steinke en Leader, un paraje rural de Saskatchewan ubicado a 130 kilómetros de Medicine Hat. Ya detenidos, y en medio del fuerte rechazo público, Steinke le propuso matrimonio a la adolescente, que aceptó de inmediato. Según el expediente, los dos siguieron conectados por cartas enviadas entre penitenciarías y prometieron casarse cuando terminaran sus condenas. Además, Steinke hizo una confesión detallada ante un oficial encubierto que se hacía pasar por otro preso.
La situación judicial de Jasmine quedó condicionada por su edad. La Ley de Justicia Penal Juvenil de Canadá impide que los menores de 14 años reciban penas equivalentes a las de los adultos y fija un máximo de diez años de internación en centros especializados. Aunque durante el juicio sostuvo que era inocente, en julio de 2007 fue declarada culpable de tres cargos de asesinato en primer grado. En ese momento, con 13 años, pasó a ser la persona más joven condenada en Canadá por asesinatos múltiples.
La sentencia dispuso que los primeros cuatro años los cumpliera en un pabellón psiquiátrico de máxima seguridad. Los profesionales de salud mental que la atendieron elaboraron diagnósticos que hablaban de un trastorno de conducta agresiva combinado con un trastorno negativista desafiante. Con el tiempo, los informes enviados al tribunal describieron una resocialización gradual.
Sobre la base de esa evolución, en 2011 recibió permisos especiales para cursar legalmente en la universidad Mount Royal, en Calgary. A comienzos de 2012, peritos forenses informaron que presentaba señales innegables de remordimiento por los crímenes cometidos contra su familia. En el caso de Steinke, en cambio, no había atenuantes vinculados a la edad. Su defensa intentó sostener que no había planificación y que todo ocurrió de manera repentina cuando se topó con Debra Richardson en el sótano.
Esa estrategia perdió fuerza por la confesión obtenida por el agente encubierto. Finalmente, en noviembre de 2008 fue condenado por los tres cargos de asesinato agravado a tres cadenas perpetuas sucesivas, sin acceso a salidas laborales hasta completar 25 años de prisión. En cuanto a Jasmine, las últimas restricciones legales sobre su vida terminaron en mayo de 2016, cuando cesó el control judicial. En esa audiencia final, algunos testigos dijeron que no lloró ni mostró señales de pesar y que solo agradeció al magistrado que revisó su situación.
Altos oficiales de la policía que participaron de la investigación señalaron después, en entrevistas, que la joven había manipulado el sistema legal psiquiátrico. En la actualidad vive en Canadá, sin restricciones legales y con un nuevo apellido, en una zona protegida. Esos son los últimos datos públicos que quedaron asentados sobre uno de los casos de asesinato y triple crimen más impactantes que involucró a una nena de 12 años y a un hombre de 23.

El caso que sacudió a Canadá: la historia de una chica de 12 años con un joven de 23 años que terminó en un triple crimen
