Arturo, el perro de Córdoba que quedó solo después de que su dueño fallecido fuera internado, pasó 25 días en la puerta del hospital Arturo Illia de La Calera. Allí se volvió una imagen conocida para médicos, enfermeros y otros trabajadores, que lo veían esperar siempre en el mismo sector. Como el animal seguía sin irse y no aparecía ningún familiar que lo reclamara, el personal decidió mover una campaña en redes sociales. La búsqueda dio resultado: una vecina llamada Guadalupe se ofreció a adoptarlo y el perro comenzó una nueva etapa en una casa, ya lejos de la guardia donde había permanecido casi un mes.
La historia empezó cuando el animal llegó junto a su dueño al centro de salud. Según relataron los trabajadores, el hombre fue internado y murió pocos días más tarde. Desde ese momento, el perro siguió volviendo al hospital y se quedaba cerca del acceso de ambulancias, como si aguardara el regreso de la persona con la que había llegado.
Como nadie conocía su nombre, en el lugar empezaron a llamarlo Arturo, por el nombre del hospital. Con el paso de los días, dejó de ser solo un perro que andaba por la zona y se convirtió en una presencia habitual dentro de la rutina diaria del personal.
Arturo se quedó en la puerta donde vio por última vez a su dueño fallecido
Durante casi un mes, la escena se repitió una y otra vez en el hospital Arturo Illia de La Calera. El animal aparecía en la entrada, sobre todo en el sector por donde ingresan las ambulancias. Para quienes trabajaban ahí, no era un movimiento casual, sino una conducta sostenida desde el día en que el hombre fue atendido en ese establecimiento.
Uno de los trabajadores contó a El Doce.TV: “Siempre estaba en la puerta de la ambulancia, calculamos que estaba esperando al dueño y el dueño no regresó nunca”. Esa frase resumió cómo entendían en el hospital lo que pasaba con el perro, que seguía rondando el mismo punto donde había acompañado por última vez a su dueño.
Además, el personal señaló que el aspecto del animal mostraba que había sido cuidado. Por eso mismo, mientras seguía deambulando por el predio, también comenzó a recibir atención de quienes estaban en el centro de salud. Lo veían dócil, tranquilo y muy cercano a la gente.
Con el correr de los días, Arturo se fue integrando a la vida cotidiana del lugar. Una trabajadora lo describió así: “Compartía desayunos con el personal, es muy amigable”. Esa relación hizo que la preocupación creciera, porque no se trataba ya de un perro cualquiera que pasaba por el hospital, sino de un animal que llevaba semanas solo y sin un destino claro.
El hospital Arturo Illia buscó una salida y una campaña en redes cambió la historia
La permanencia del perro en el predio obligó al personal a pensar qué hacer. Según relataron, antes de la publicación en redes evaluaron distintas alternativas para resolver la situación. Había inquietud por encontrar una respuesta concreta, tanto por el cuidado del animal como por su presencia constante en la zona de guardia.
Sobre esas gestiones previas, uno de los trabajadores explicó a El Doce.TV: “Íbamos a hablar a la municipalidad, íbamos a hablar a los bomberos porque andaba acá y no sabíamos qué hacer”. Sin embargo, la salida que finalmente abrió una puerta fue otra: mostrar el caso en internet para que más vecinos supieran lo que estaba pasando.
Una de las personas que trabaja en el hospital recordó cómo nació esa iniciativa: “Dije, yo lo voy a publicar en las redes. Le saqué una foto y la subí. No pensé nunca que iba a tener esta movida”. A partir de esa publicación, la historia de Arturo empezó a circular por La Calera y en otros sectores cercanos.
Esa difusión también permitió que más gente aportara datos o se interesara por el perro. De acuerdo con una trabajadora, el animal no se quedaba únicamente en el hospital, sino que a veces aparecía en otras zonas. “Él se va de acá del hospital, aparece cerca de los barrios cerrados. De allá empiezan a buscarle dueño también”, relató.
Antes de la adopción definitiva, Arturo pasó por distintas manos hasta llegar a Guadalupe
En medio de la búsqueda, el perro pasó por dos casas distintas. Mientras tanto, desde el hospital siguieron de cerca cada novedad, atentos a que la solución fuera estable. La campaña ya había logrado que mucha gente conociera el caso, pero todavía faltaba que alguien se hiciera cargo de manera definitiva.
La propuesta que terminó de resolver la situación llegó cuando una mujer llamada Guadalupe se comunicó para adoptarlo. Desde el hospital contaron ese momento con alivio. “Guada dijo que ella lo quería adoptar”, señalaron. Así, Arturo dejó atrás la puerta del hospital y fue trasladado a su nuevo hogar.
Con la adopción también vino un cambio de nombre. En su nueva casa, Arturo pasó a llamarse Arthur. Según contaron quienes siguieron el caso, las primeras horas de convivencia fueron intensas, algo que consideraron parte del proceso normal de adaptación del perro a un ambiente distinto.
Desde el hospital comentaron: “Anoche sí sabemos que hizo algunos destrozos”. En ese primer tramo de la convivencia, una cucha nueva y algunos sillones no resistieron. Aun así, quienes estuvieron en contacto con la familia adoptiva remarcaron que se trataba del período inicial de acomodo.
Otra trabajadora resumió esa etapa con una frase breve: “La adaptación es tremenda”. También contaron que Arthur comenzó a convivir con un golden retriever de edad avanzada. Sobre esa relación, agregaron: “Le está sirviendo para levantarle el ánimo”.
Después de la campaña impulsada por el personal del hospital Arturo Illia, el perro que había quedado solo tras la muerte de su dueño pasó a vivir con Guadalupe y con otro animal en su nueva casa.

Arturo, el perro de Córdoba que esperó a su dueño fallecido en el hospital y encontró un nuevo hogar
