A 39 años de la visita del Papa Juan Pablo II a Salta

A casi cuatro decadas de la llegada del papa Juan Pablo II a Salta, se reconstruyen las gestiones y momentos centrales de aquella jornada de 1987.

A 39 años de la histórica visita del papa Juan Pablo II a Salta, la provincia vuelve a poner el foco en aquella jornada del 8 de abril de 1987, cuando el Pontífice aterrizó en el aeropuerto local y fue recibido por una multitud que lo esperaba en el Hipódromo de Limache. En ese viaje, el llamado “papa viajero” permaneció poco más de 12 horas en suelo salteño, en el marco de su recorrido por la Argentina. El recuerdo de ese paso por Salta se mantiene muy presente y, según señalan quienes participaron, gana peso con el paso del tiempo.

La llegada de Juan Pablo II a Salta no fue casual ni improvisada, sino que respondió a gestiones que se iniciaron más de un año antes en el Vaticano. Aquella será recordada como la primera vez que un Sumo Pontífice rezó ante las imágenes del Señor y la Virgen del Milagro, figuras centrales de la fe local. Los testimonios recopilados destacan tanto el impacto religioso como el movimiento social que generó la presencia del jefe de la Iglesia Católica en la provincia.

El paso del papa Juan Pablo II por Salta se enmarca en una etapa de grandes viajes pastorales del Pontífice por distintos países, pero para los fieles salteños quedó asociado, sobre todo, a la posibilidad de mostrar su devoción y a la larga preparación que hizo posible su llegada.

Las gestiones para que el Papa Juan Pablo II incluyera a Salta en su visita

La presencia del Pontífice en Salta tuvo como punto de partida una audiencia en Roma en enero de 1986. El 14 de ese mes, el entonces gobernador de la provincia, Roberto Romero, y su esposa, Elena Di Gangi, viajaron al Vaticano y solicitaron un encuentro con Juan Pablo II. La audiencia les fue concedida durante esa estadía.

En esa reunión, Romero le planteó al jefe de la Iglesia Católica, en nombre de los fieles salteños, el pedido de que sumara a Salta en el viaje que tenía programado a la Argentina para el año siguiente. De acuerdo con los relatos posteriores, el Papa escuchó con atención el planteo y, con un trato descripto como cercano y sencillo, aseguró que consideraría el pedido.

Durante ese diálogo, Juan Pablo II manifestó un aprecio particular por los católicos de la provincia, a quienes definió como la grey católica “de esa querida provincia argentina, tan rica en fe cristiana”. A partir de ese primer contacto surgió la idea de organizar una peregrinación de fieles salteños hacia Roma, con el objetivo de lograr un compromiso más concreto sobre una eventual visita a Salta.

La peregrinación salteña a Roma y el pedido formal de visita

Con la meta de reforzar el pedido, se organizó una peregrinación masiva desde Salta hacia el Vaticano en octubre de 1986. Tras completar los trámites necesarios, el 8 de octubre de 1986 partió desde el aeropuerto El Aybal, hoy llamado Martín Miguel de Güemes, un avión con unos 300 peregrinos rumbo a Roma.

En esa delegación viajaban sacerdotes, funcionarios, dirigentes laicos, periodistas, sindicalistas y representantes de pueblos originarios, lo que mostraba la amplitud de sectores interesados en que el papa Juan Pablo II incluyera a Salta en su agenda. La comitiva fue encabezada por el entonces arzobispo de Salta, monseñor Moisés Julio Blanchoud.

Una semana después, el 15 de octubre de 1986, Juan Pablo II recibió en audiencia en el Vaticano a los integrantes de la peregrinación salteña. Durante ese encuentro, los representantes de la provincia le entregaron al Pontífice un álbum con alrededor de 500 firmas, mediante el cual le solicitaban formalmente que visitara Salta en abril de 1987 y honrara a la comunidad con su presencia.

El regreso a Salta y la confirmación de una visita histórica

Tras la audiencia en Roma, los integrantes de la delegación volvieron a Salta con la sensación de que el esfuerzo había dado resultados. Los testimonios de la época señalan que, si bien no hubo una confirmación inmediata, la recepción del Papa y sus palabras alentaron las expectativas sobre la incorporación de la provincia en el itinerario argentino.

Ese proceso de gestiones y peregrinaciones culminó en la madrugada en la que, por primera vez, un Papa rezó ante las imágenes del Señor y la Virgen del Milagro, consideradas sagradas por los fieles salteños, en el marco de la visita que Juan Pablo II realizó a Salta el 8 de abril de 1987.

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