Un alumno de 14 años del colegio secundario Hipólito Yrigoyen, en pleno centro de Salta, fue sorprendido la semana pasada cuando intentaba ingresar a clases con un machete dentro de la mochila. El arma blanca fue secuestrada en el momento y se dio intervención inmediata a la Policía y a organismos de minoridad, pero el estudiante no será expulsado. En cambio, continuará en la escuela y tendrá un seguimiento especial del Ministerio de Educación, que dispuso un dispositivo de contención y mediación para sostener su trayectoria escolar.
El hecho, que se suma a otros episodios similares con machete en el ámbito educativo salteño, encendió nuevas alarmas sobre la conflictividad que llega a las aulas. Sin embargo, las autoridades remarcaron que el objetivo central es que el alumno permanezca dentro del sistema, con acompañamiento profesional y articulación entre escuelas cercanas. Además, se acordó con la familia medidas puntuales para su regreso a clases, en un contexto marcado por la vulnerabilidad social y barrial.
La situación fue explicada por Susana Urdinez, mediadora educativa de la Unidad de Prevención y Abordaje de la Conflictividad Escolar (UPACE), quien detalló cómo actuó el colegio, qué se resolvió con el alumno y su familia, y qué tipo de trabajo interinstitucional se pondrá en marcha entre el Hipólito Yrigoyen y el colegio Benjamín Zorrilla, también del centro de Salta.
Alumno con machete en la mochila: cómo fue el operativo
El episodio ocurrió en el turno vespertino del colegio Hipólito Yrigoyen, cuando los estudiantes se preparaban para entrar al edificio. El machete fue detectado mientras el alumno hacía la fila para ingresar a clases. Según relató Urdinez, un preceptor se dio cuenta de que la mochila del chico tenía un “bulto extraño”, por lo que lo derivaron a la dirección para revisar sus pertenencias.
Una vez en la oficina directiva, abrieron la mochila y encontraron el machete. De inmediato, se secuestró el arma blanca y se avisó a las autoridades correspondientes. La Policía se hizo presente en el establecimiento y también se dio intervención a organismos de minoridad para evaluar la situación del adolescente, que vive en la zona este de la ciudad de Salta.
El estudiante, que cursa primer año y sale del colegio cerca de las 23, fue retirado más tarde por su abuelo, con quien convive. Pese a la gravedad de portar un machete, desde la institución aclararon que el chico no tuvo ninguna reacción violenta. Urdinez describió que “no hubo resistencia, al contrario, estaba muy tímido, muy retraído, muy avergonzado, con una actitud muy pasiva” y que se lo notaba con “mucho miedo”.
Durante la intervención inicial, el alumno explicó a las autoridades por qué decidió llevar el machete. De acuerdo con lo que transmitió la mediadora, el joven manifestó que se sentía amenazado por personas de su barrio, en la zona este, y que por eso optó por ingresar al colegio con esa arma en la mochila.
Seguimiento, contención y trabajo entre escuelas tras el caso del machete
Tras el operativo en la escuela y la intervención de los equipos técnicos, el Ministerio de Educación y las autoridades del Hipólito Yrigoyen definieron que el alumno no será expulsado ni se le aplicará una sanción formal. La medida adoptada fue activar un dispositivo de acompañamiento y mediación para que el chico continúe estudiando. Urdinez remarcó que “la expulsión no existe ya. Hay una política de contención, de incorporación nuevamente al sistema educativo”.
Como primer paso, se acordó con el abuelo del estudiante que dejara de ir unos días al colegio, hasta que regresara su padre, que trabaja en la mina. Con el retorno del progenitor, la institución convocó a una reunión conjunta con el tutor y el alumno para definir cómo seguirá la escolaridad y qué tipo de apoyos se van a implementar en adelante.
El contexto familiar del chico fue otro punto central en el análisis del caso. La mediadora indicó que el adolescente “vive con un abuelito de 85 años”, sin su madre y con antecedentes de consumo problemático, mientras que el padre pasa largos períodos fuera de la ciudad por razones laborales. Sobre la noche del hecho, Urdinez recordó que el abuelo llegó al colegio varias horas después, cuando el joven ya no estaba en el edificio: “Apareció como a las 11 de la noche, tocando timbre en toda la cuadra para ver dónde estaba su nieto, no entendía nada”, contó.
Desde los equipos de mediación escolar se interpretó que este episodio refleja una situación de fuerte vulnerabilidad social. Urdinez señaló que “la violencia se aprende y estamos sumergidos en una sociedad absolutamente violenta. Todo impacta en la escuela”, al marcar que muchos conflictos que viven los chicos en sus barrios se trasladan luego a las aulas.
Antecedentes y plan interinstitucional en el centro de Salta
El caso de este alumno con machete en el Hipólito Yrigoyen no es el primero registrado en el sistema educativo salteño. Urdinez recordó un antecedente ocurrido hace un año en Villa Esmeralda, donde otro estudiante ingresó a una institución con un machete y generó temor entre docentes y compañeros. En esa oportunidad, el alumno continuó con sus estudios en modalidad a distancia.
En paralelo al seguimiento individual del joven de 14 años, el Ministerio de Educación dispuso un trabajo conjunto entre el Hipólito Yrigoyen y el colegio Benjamín Zorrilla, ubicado a pocas cuadras, también en el centro de la ciudad de Salta. La decisión se tomó luego de que la directora del Zorrilla advirtiera sobre conflictos y peleas entre grupos de alumnos de ambas escuelas, muchas veces originadas en problemas barriales o discusiones en redes sociales que terminan impactando en el ámbito escolar.
Frente a este escenario, se resolvió implementar un abordaje interinstitucional. Según explicó la mediadora, “se va a hacer un trabajo interinstitucional para que puedan conocerse y generar lazos”. El esquema incluye espacios de diálogo, mediación y actividades compartidas entre estudiantes de los dos establecimientos, con el objetivo de desactivar tensiones y prevenir nuevos episodios de violencia vinculados a alumnos de estas instituciones del centro salteño.
La tarea estará a cargo de la Unidad de Prevención y Abordaje de la Conflictividad Escolar (UPACE), el equipo en el que trabaja Urdinez y que fue creado para reforzar el trabajo del Programa de Orientación Escolar (POE). La mediadora explicó que “somos un equipo que viene a apoyar al POE” y que la idea no es solo intervenir cuando la violencia ya se desató, sino adelantarse.
En esa línea, Urdinez subrayó que “la mediación es preventiva, hay que adelantarse a los hechos de violencia” y precisó que UPACE también realiza instancias de capacitación y acompañamiento para docentes y directivos. Esas acciones apuntan a mejorar las herramientas institucionales para manejar conflictos, evitar que escalen y sostener la continuidad pedagógica de los estudiantes involucrados.

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