Agostina Páez sigue bajo control judicial en Brasil mientras la Justicia define si puede volver a la Argentina

La causa por racismo contra Agostina Páez en Brasil suma presión social y un pedido formal para que el expediente pueda continuar en la Argentina.

La situación judicial de Agostina Páez en Brasil sigue abierta y bajo la lupa: la joven argentina, acusada por presuntos gestos y expresiones racistas en un bar de Río de Janeiro, permanece en esa ciudad con una tobillera electrónica y control judicial, mientras un juez evalúa si autoriza o no que regrese a la Argentina. El expediente, que se encuadra en la legislación brasileña contra el racismo, concentra atención pública tanto en Brasil como en nuestro país y deja en suspenso la posibilidad concreta de que Páez pueda abandonar territorio brasileño en el corto plazo.

De acuerdo con lo que explicó la abogada brasileña Carla Junqueira en una entrevista televisiva, el caso no se investiga como una falta menor, sino dentro de un marco legal agravado que equipara la injuria racial con el delito de racismo. La letrada sostuvo que hay registros de cámaras de seguridad del local donde, según la fiscalía, se observan conductas reiteradas que respaldan la acusación. Mientras tanto, un pedido de cooperación internacional ya fue activado para que, eventualmente, el proceso pase a la Argentina, aunque esa posibilidad todavía está en estudio.

El episodio que originó la causa tuvo lugar en un bar de Ipanema, una de las zonas más concurridas de Río de Janeiro, y derivó en la apertura de un expediente penal. En ese marco, se investiga si Páez, de nacionalidad argentina y oriunda de Santiago del Estero, profirió comentarios y realizó gestos de contenido racista dirigidos a empleados del establecimiento. La causa se apoya en denuncias del personal y en imágenes que ya forman parte del expediente.

Brasil aplica una ley más dura por injuria racial y racismo

Según explicó Junqueira, el proceso contra Agostina Páez en Brasil se tramita bajo una legislación que endureció las penas por injuria racial. La abogada recordó que, desde una reforma aprobada en los últimos años, las ofensas racistas, los insultos y las burlas discriminatorias se incorporaron al mismo régimen penal que el crimen de racismo, lo que elevó el estándar de gravedad de este tipo de conductas.

En ese marco, la especialista detalló que la figura que se le atribuye a la joven argentina se considera un delito penal grave. La normativa prevé penas de prisión que van de dos a cinco años, sin posibilidad de sustituir la condena por multas y sin acceso a fianza para recuperar la libertad en caso de encarcelamiento. Esa combinación de factores, explicó, marca una diferencia respecto del tratamiento que tenían casos similares años atrás en Brasil.

Junqueira remarcó que este cambio legal se acompaña de un clima social que exige aplicar la ley sin flexibilizaciones. Comentó que, en el debate interno brasileño, el racismo aparece como un tema de alta sensibilidad y que existe una fuerte demanda ciudadana para que se cumplan las sanciones previstas. En ese contexto, la causa que involucra a Páez se convirtió en un ejemplo seguido de cerca por medios y redes.

La abogada sostuvo además que, de acuerdo con la información que maneja, hay alrededor de 300 personas de nacionalidad brasileña detenidas por delitos vinculados al racismo o a conductas encuadradas en la injuria racial. Ese dato, señaló, es uno de los argumentos que alimentan los reclamos para que el caso de la joven argentina tenga un tratamiento similar al de los ciudadanos locales.

La prisión preventiva, el rol de las amigas y la decisión de usar tobillera

La causa judicial que hoy mantiene a Agostina Páez controlada con tobillera electrónica en Brasil atravesó varias etapas en poco tiempo. Junqueira reconstruyó que, en un primer momento, la fiscalía pidió prisión preventiva para la joven ante lo que consideró una interferencia en la investigación. Ese planteo fue aceptado inicialmente por el juez a cargo.

La abogada relató que, según la interpretación de la fiscalía, algunas amigas de Páez habrían hablado con mozos y otros empleados del bar después del incidente, lo que fue calificado como un intento de entorpecer el avance de la causa. Sobre esa base, el juez dispuso la prisión preventiva como medida cautelar, antes de que se resolviera su estado actual.

Sin embargo, esa decisión fue revisada más adelante. Junqueira indicó que se evaluó la capacidad del sistema penitenciario de Río de Janeiro para garantizar la seguridad de la imputada dentro de un penal común. Las autoridades concluyeron que, para resguardar su integridad, sería necesario mantenerla en aislamiento, algo que el juzgado consideró desproporcionado para una medida preventiva.

La letrada citó el razonamiento central del tribunal: disponer un aislamiento prolongado en esta etapa procesal se interpretaría como un anticipo de una eventual pena y no como una herramienta cautelar. Por esa razón, el juez decidió revocar la preventiva y reemplazarla por un esquema de libertad restringida, que incluye el uso de tobillera electrónica y la obligación de permanecer en Río de Janeiro mientras continúe el proceso.

La estrategia de la defensa y las pruebas de la Fiscalía

En paralelo al debate sobre las medidas cautelares, se desarrolla una disputa jurídica sobre cómo encuadrar los hechos ocurridos en el bar de Ipanema. De acuerdo con lo que contó Junqueira, la defensa de la joven sostiene como primera tesis que su comportamiento habría sido una reacción a una provocación previa y no un acto con motivación racista.

No obstante, la fiscalía plantea una versión distinta y apoya su acusación en material fílmico obtenido dentro del local. Junqueira señaló que las cámaras de seguridad registran momentos anteriores al gesto que se viralizó en redes, y afirmó que en esas imágenes se escucharían reiteradas expresiones como “mono y negro de mierda”, colocadas en un contexto temporal previo al gesto que circuló públicamente.

Para el Ministerio Público, esa secuencia sirve para argumentar que no se trató de una sola reacción aislada a un hecho puntual, sino de una conducta sostenida a lo largo de la permanencia en el bar. La fiscalía busca demostrar que hubo repetición de insultos y no un único episodio, lo que refuerza su postura de encuadrar los hechos dentro del marco del racismo y la injuria racial agravada.

Junqueira agregó que, incluso si se comprobara que existieron provocaciones iniciales en contra de la joven, ese elemento no funcionaría como una justificación jurídica para eximirla de responsabilidad por un posible delito de racismo. Según su explicación, cualquier situación de maltrato previo debería ser objeto de otra denuncia y seguir un carril judicial distinto, sin alterar el análisis sobre los hechos que se investigan en este expediente.

Imagen pública, posible regreso y cooperación con la Argentina

El caso de Agostina Páez en Brasil también tuvo una fuerte exposición mediática y en redes sociales. Entre las imágenes que cobraron relevancia se difundió una foto en la que se ve a la joven abrazando a su padre Mariano en Río de Janeiro, luego de que se conociera la salida del régimen de prisión preventiva. Esa escena se produjo cuando ya estaba vigente la decisión de reemplazar la detención en un penal por la tobillera y el control judicial.

Pese a esa flexibilización en las condiciones de detención, la joven continúa sometida a distintas restricciones, entre ellas la obligación de permanecer en la ciudad y mantener el dispositivo de monitoreo electrónico. La investigación penal sigue en marcha y todavía resta definir la situación procesal de fondo, así como el marco exacto en el que será juzgada la conducta que se le atribuye.

Uno de los puntos que más atención genera, tanto en Brasil como en la Argentina, es la chance de que Páez pueda retornar a su país mientras sigue la causa. Junqueira explicó que la legislación contempla un mecanismo de cooperación jurídica internacional que abre la puerta a una transferencia del proceso, siempre que haya coordinación entre el Ministerio de Justicia de Brasil y la Fiscalía Federal argentina.

Según detalló, ese esquema permitiría que la joven se radique en la Argentina y cumpla allí eventuales obligaciones procesales, como presentaciones periódicas y la continuidad del monitoreo mediante tobillera. Sin embargo, subrayó que se trata de una opción prevista en la norma, no de un derecho automático, por lo que depende de la decisión del juez brasileño que supervisa el expediente.

El pedido formal y la mirada sobre la condición de extranjera

De acuerdo con la información aportada por la abogada, el pedido de cooperación internacional ya fue presentado y se encuentra a estudio del juzgado. Junqueira sostuvo que el magistrado aún no resolvió si habilitará el traslado del proceso y, en consecuencia, si permitirá que Páez viaje a la Argentina mientras se define su situación penal. Hasta ahora, no hay una confirmación de que ese cambio pueda concretarse en el corto plazo.

La letrada también se refirió a las lecturas que vinculan el avance de la causa con la condición de extranjera de la imputada. Afirmó que, según su visión, el trato que está recibiendo se asemeja al que enfrentaría un ciudadano brasileño acusado por un delito de racismo en circunstancias comparables. “No es porque es extranjera o argentina. El brasileño racista tendría el mismo repudio social”, expresó.

En esa línea, Junqueira describió que el racismo se convirtió en un tema particularmente sensible en la agenda pública brasileña, con fuerte presión para que las autoridades apliquen la ley de manera pareja. Mencionó que esta lectura coincide con lo señalado por el cónsul argentino en Río de Janeiro, Jorge Perren, quien indicó que no le constaba la existencia de animosidad específica en la detención de la joven. Por el momento, el expediente continúa bajo análisis judicial en Brasil y se mantiene vigente la obligación de permanecer en Río de Janeiro con tobillera electrónica.

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