Un caso de adopción conmovió a Salta Capital: Joel, un adolescente de 13 años que vivía en el Hogar Escuela, fue incorporado legalmente a la familia de dos de sus maestros, con quienes había tejido un fuerte vínculo en el aula. El joven contó que se enteró de la noticia en un juzgado, cuando un juez le informó que esos docentes pasaban a ser sus nuevos padres. Después de la confirmación, pidió ir al cementerio para visitar la tumba de su madre biológica y de su abuelo.
El recorrido de Joel dentro del sistema de cuidado estatal arrancó cuando un familiar lo llevó al Hogar Escuela de Salta Capital y no volvió a buscarlo. Desde entonces, su día a día se organizó entre la convivencia institucional y las clases en la escuela primaria del mismo establecimiento, donde conoció a quienes más tarde serían sus padres adoptivos.
En paralelo, este caso volvió a poner sobre la mesa el lugar de niños y adolescentes más grandes dentro de los procesos de adopción, un tema que suele tener menos visibilidad que el de los bebés, a pesar de los llamados de organismos y especialistas para ampliar la mirada social.
El camino de Joel del Hogar Escuela a la adopción de sus maestros
Joel recordó que llegó al Hogar Escuela porque una tía lo dejó y nunca regresó. Según relató, en ese momento era un chico tímido y muy reservado, pero igual decidió sumarse a la escuela primaria que funciona dentro del mismo lugar. Lo movía, según dijo, las ganas de estudiar y de mantenerse ocupado.
Fue en esas aulas donde se cruzó con los dos docentes que marcarían su vida. Joel comentó que “mi papá era el profesor de folclore y mi mamá, mi profesora de lengua”. Con esas palabras resumió cómo se dieron los primeros contactos, siempre en el marco de las clases y de las actividades escolares cotidianas.
Con el paso del tiempo, el trato entre alumno y docentes se volvió más cercano. Ya no se limitaba solo a los contenidos escolares, sino también a charlas, acompañamiento y seguimiento de su situación personal. Ese vínculo terminó abriendo la puerta a que la pareja de maestros empezara a pensar en la posibilidad concreta de la adopción.
Antes de dar cualquier paso formal, los docentes hablaron con sus hijos biológicos. De acuerdo con el testimonio dado a conocer, la familia discutió el tema y los chicos apoyaron la idea de sumar a Joel al hogar. Con ese respaldo, la pareja se presentó ante la Justicia para iniciar los trámites legales y avanzar con la adopción plena del adolescente.
La decisión del juez, la emoción de Joel y el pedido de ir al cementerio
El momento clave se dio en un despacho judicial, donde Joel fue citado y encontró a sus dos maestros esperándolo. Él mismo relató que el juez le señaló quiénes estaban afuera y, cuando respondió que los conocía, le anunció: “Bueno, ellos son tus nuevos padres”. El adolescente contó que, de la emoción, reaccionó empujando sin querer al magistrado y salió corriendo para abrazar a la pareja.
Con la resolución ya firme, el joven planteó un pedido puntual a su nueva familia: ir al cementerio. Quería pasar por la tumba de su madre biológica y de su abuelo. Explicó que había tenido un sueño relacionado con su abuelo y que sintió que, a partir de la adopción, “ahora podía ir a verlo” y despedirse como no había podido hacerlo antes.
Joel también recordó que, durante su estadía en el Hogar Escuela, no tuvo la posibilidad de asistir al sepelio de su mamá. Esa deuda emocional quedó muy presente en su memoria y terminó influyendo en que, apenas escuchó al juez confirmar la adopción, pensara en ir a ese lugar como una de sus primeras decisiones importantes dentro de su nueva realidad familiar.
La despedida en el cementerio y el mensaje de los padres adoptivos
En diálogo con el medio salteño Con Criterio Salta, Joel contó cómo vivió la visita al camposanto. Dijo que, cuando llegó a las tumbas, no pudo contenerse y empezó a llorar sin parar. Según su relato, sus padres adoptivos lo abrazaron y le dijeron: “Llore, hijo, saque todo lo que lleva adentro”, acompañándolo durante todo ese momento.
El adolescente definió esa jornada como una instancia en la que “lloré y saqué todo lo que tenía adentro”, en referencia a la carga de emociones que arrastraba desde la muerte de sus familiares y su ingreso al Hogar Escuela. En tanto, los padres adoptivos de Joel comentaron que el proceso legal de adopción les resultó accesible y señalaron que muchos chicos y adolescentes, como él, necesitan una familia que los acompañe y les brinde un hogar estable.

