La causa por abuso sexual infantil contra una niña de 11 años en Salta, que tiene como imputados a su padre, un tío materno y a su madre por cooperación, sumó en los últimos días nuevas pericias y movimientos judiciales. Uno de los acusados pidió que le otorguen arresto domiciliario, mientras tanto todos continúan bajo la órbita de la Fiscalía Penal 2, Unidad de Delitos contra la Integridad Sexual. El expediente se inició a partir de una denuncia radicada por la mamá de la víctima en una comisaría de barrio San Remo y luego derivó en imputaciones múltiples y detenciones preventivas.
Según consta en la investigación, la niña señaló como agresores a su padre, a su tío materno y también apuntó a su abuelo paterno ya fallecido, además de describir una serie de abusos reiterados desde que tenía apenas 4 años. La pesquisa judicial incluyó informes médicos, psicológicos y sociales, así como declaraciones de la menor y de su entorno familiar, que marcaron un vuelco en la situación procesal de la propia madre. En este contexto, el Ministerio Público tomó como elementos claves el relato de la niña, el resultado de estudios médicos y la conducta de los adultos responsables.
El caso se mantiene activo en los tribunales penales de la capital salteña, con la niña bajo resguardo institucional y la investigación en curso para determinar con precisión la responsabilidad de cada uno de los involucrados. El fiscal Rodrigo González Miralpeix imputó al padre, al tío materno y a la madre por distintos grados de participación en delitos contra la integridad sexual, sobre hechos que se habrían extendido durante varios años.
La denuncia inicial, la internación y los primeros indicios sobre el abuso
La situación salió a la luz cuando la mujer se presentó en la comisaría de barrio San Remo y denunció a su ex pareja, identificado como Marcelo Padilla, por una supuesta violación que habría dejado embarazada a su hija de 11 años. Esa presentación derivó de inmediato en la intervención de la Fiscalía Penal 2 y del sistema de salud público, que activó el protocolo para casos de abuso sexual infantil. A partir de entonces, el expediente fue sumando testimonios y pericias que cambiaron el enfoque inicial de la causa.
Tras la denuncia, la nena fue derivada al Hospital Materno Infantil, donde la atendieron médicos, psicólogos, trabajadores sociales y profesionales del Cuerpo de Investigaciones Fiscales (CIF). En ese ámbito se dispuso que quedara internada, luego de que un médico evaluara que su situación era de riesgo y que necesitaba protección institucional. La medida fue adoptada como resguardo, mientras se empezaban a recolectar datos sobre lo que habría ocurrido dentro del entorno familiar.
En esas primeras horas, los especialistas advirtieron una actitud llamativa en la madre de la menor. Un informe del CIF destacó la falta de reacción emocional frente a un hecho catalogado como gravísimo. La médica que la entrevistó dejó asentado que lo que más le llamó la atención fue la “frialdad de la madre” y remarcó una frase: “Lo real es que no se le cayó una lágrima”. Ese comportamiento quedó incorporado al expediente como un indicio relevante para evaluar la posible responsabilidad de la mujer.
Mientras la niña permanecía internada, el equipo interdisciplinario comenzó con las entrevistas en un ámbito controlado. Allí se tomó su declaración sin presencia de otros familiares, a fin de garantizar que pudiera hablar con libertad y sin interferencias. Desde ese momento, su relato empezó a mostrar contradicciones con lo que había dicho la madre en la comisaría, en especial sobre quiénes estaban al tanto de los abusos y desde cuándo.
El relato de la niña sobre años de abuso y el rol de su madre
En su testimonio, la menor describió un historial de abusos sexuales reiterados que, según dijo, comenzaron cuando tenía 4 años. Contó que al principio fueron tocamientos de su padre, que ella interpretó como un juego, hasta que con el tiempo entendió que se trataba de agresiones sexuales. “Pero yo pensé que era un juego, mi papá pidió perdón. Dijo que no lo iba a hacer, ella pensó que nunca más lo iba a hacer, pero continuó”, relató la niña según consta en el expediente.
La nena ubicó un hecho puntual ocurrido a comienzos de noviembre del año pasado, que vinculó directamente con el embarazo constatado más tarde. De acuerdo con su declaración, ese día, cerca de las 9, escuchó un ruido y creyó que era su mamá, pero luego vio que quien había entrado era su padre. Contó que el hombre la redujo, le bajó la ropa y la violó a pesar de sus pedidos para que se detuviera. En un momento, ella le dijo que su hermano estaba en la habitación de al lado, lo que habría frenado brevemente el ataque, aunque él continuó al ver que el otro chico no reaccionaba porque dormía o estaba distraído con el celular a alto volumen. Antes de irse, el imputado la habría amenazado para que no contara nada. Dos meses después se confirmó la gestación.
La niña también indicó que su madre supo de esa agresión pocos días después. Afirmó que habló con ella sobre lo que había pasado en noviembre y que incluso volvieron a conversar en diciembre, cuando la mujer ya sospechaba que podría estar embarazada. “Mi mamá tenía sospechas de embarazo”, declaró la menor, y agregó que su progenitora no quiso denunciar en ese momento para que su abuela y sus tías pasaran las fiestas de fin de año “feliz”. Esa frase se transformó en uno de los elementos analizados por la fiscalía para valorar la conducta de la mujer.
En el marco de las pericias psicológicas y sociales, la madre reconoció ante profesionales del CIF que evaluó denunciar a su ex pareja a fines del año pasado, pero decidió postergar ese paso. Explicó que no quería que la detención de Padilla se produjera delante de su suegra, que estaba de visita por las fiestas, por lo que optó por esperar a que la mujer se fuera. Además, sostuvo que le preocupaba su situación económica y habitacional, ya que vivía en una casa perteneciente a su suegra y tenía otro hijo con discapacidad. Una de las especialistas le preguntó cuál era su límite, y el informe anotó que la madre asintió ante la idea de que el embarazo fue el punto de quiebre, más que los sucesivos abusos.
Los investigadores advirtieron, además, que la mujer le había hecho a su hija dos pruebas de embarazo: una en noviembre, que dio negativa, y otra en diciembre, que resultó positiva. Para la fiscalía, esos datos demostraban que la madre contaba con indicios firmes de que la niña estaba siendo abusada y, sin embargo, recién presentó la denuncia a comienzos de enero en la seccional de barrio San Remo. Este lapso entre la sospecha y la presentación formal se incorporó como un elemento de peso en la imputación por “cooperación” en delitos contra la integridad sexual.
Imputación a la madre y alcance de la acusación judicial
Con los informes médicos y psicológicos ya sumados a la causa, y con la declaración ampliada de la menor, la Fiscalía Penal 2 modificó el enfoque inicial. El fiscal Rodrigo González Miralpeix decidió imputar no solo a Marcelo Padilla, sino también a un tío materno y a la madre de la niña. En el caso de la mujer, la acusación fue por “cooperación” en delitos contra la integridad sexual, figura que prevé penas elevadas y que se aplica cuando se considera que un adulto permitió o facilitó que se consumaran abusos.
La decisión de avanzar contra la madre se tomó luego de que la menor contara que su progenitora conocía no solo el hecho de noviembre, sino también otros abusos ocurridos cuando ella tenía 4 y 7 años. La niña mencionó agresiones por parte de su padre, de su abuelo paterno —ya fallecido— y de su tío materno. De acuerdo con la valoración de la fiscalía, la madre habría encubierto o minimizado esas situaciones, concentrando inicialmente la denuncia en su ex pareja y omitiendo la información sobre otros posibles agresores dentro de la familia.
En función de estos elementos, se ordenó la detención de la mujer en el mismo Hospital Materno Infantil, donde acompañaba a su hija internada. Personal policial ingresó a la habitación, le informó que debía prestar declaración y luego la trasladó a una comisaría, donde quedó detenida con prisión preventiva. La Justicia evaluó que existía riesgo de fuga y de entorpecimiento de la investigación, por lo que consideró necesario mantener la medida cautelar.
La conducta del padre tras la denuncia y su posterior detención
Mientras se analizaba el rol de la madre, la Justicia avanzaba también sobre el padre de la nena. Apenas tomó conocimiento de que había sido denunciado, Marcelo Padilla dejó de manera repentina el hostal donde se alojaba desde que había sido expulsado de la vivienda familiar. Cuando la policía llegó al lugar para detenerlo, ya no estaba y, además, un familiar se había presentado antes para retirar sus pertenencias. Para los investigadores, esa secuencia fue evaluada como un intento de eludir a la Justicia y ganar tiempo para esconderse.
Se montó entonces un operativo de búsqueda hasta que, finalmente, Padilla fue detenido el 5 de enero, cuando salió de una vivienda alquilada donde se encontraba refugiado. De acuerdo con la causa, uno de sus hijos declaró que, antes de la aprehensión, recibió un mensaje de su padre que decía: “Perdoname hijo, te falle, le falle a todos”. Ese texto quedó incorporado como elemento indiciario del estado de situación del imputado en los días previos a su captura.
En paralelo a la detención del padre, la fiscalía amplió la acusación penal y se centró en reconstruir la cronología de los ataques relatados por la niña. La menor aseguró que los abusos de su padre se producían, en general, cuando su madre se iba o estaba ocupada. “Cuando mi mamá se iba o estaba ocupada”, declaró, eran los momentos en los que él aprovechaba para agredirla. También señaló que, en algunas oportunidades, su tío materno la violaba, alternando con su padre en los ataques sexuales.
La niña contó que a los 7 años, cuando vivían en la casa de ese tío materno, también fue víctima de abuso por parte de él. Dijo que le avisó a su madre lo que había pasado, pero que en ese momento no se hizo ninguna denuncia formal. Según su relato, la reacción de la mujer fue limitarse a hablar con el tío, pedirle que no se acercara más y, luego, mudarse a otro lugar. “Solo le dijo a mi tío que no se me acerque más y nos mudamos y me dijo que no lo vea, que no lo hable”, recordó la menor en la entrevista con las especialistas.
Vida cotidiana, interrupción del embarazo e impacto familiar
La investigación también se concentró en cómo fue cambiando la dinámica dentro del hogar después del hecho de noviembre. Según la nena, cuando la madre se enteró de la violación, se peleó con Padilla y lo echó de la casa. Sin embargo, él continuó yendo a la vivienda, ya que allí funcionaba su taller de chapa y pintura. Para intentar cuidar a la niña, la mujer empezó a cerrar la puerta con pasador cuando se iba a trabajar al centro. Pero, de acuerdo al testimonio de la menor, el hombre utilizaba al hermano de la víctima —quien tiene retraso madurativo— para que le abriera la puerta.
“Mi mamá cerraba con pasador la puerta y se iba al centro a trabajar y como mi papá quería violarme, le pedía a mi hermano que abra la puerta. Le conté eso y comenzó también a poner llave y lo amenazó con que lo iba a denunciar, pero él entraba por la puerta de atrás que da a un patio”, afirmó la niña ante los equipos técnicos. Estas declaraciones fueron tomadas por la fiscalía para profundizar la acusación contra el padre y sostener la necesidad de mantener medidas de coerción fuertes.
Luego de la detención de la madre, el impacto en la menor fue seguido de cerca por los profesionales del Hospital Materno Infantil. De acuerdo con los registros, la niña continuó internada y se le practicó la interrupción del embarazo. Los informes consignaron que la ausencia de su madre no le provocó manifestaciones visibles de angustia y que, durante gran parte del proceso, se mantuvo acompañada por un hermano mayor, que permaneció casi de manera constante a su lado.
En una de las entrevistas, la nena expresó cómo fue procesando lo que vivía. Señaló que hubo un período en el que decidió no hablar más porque percibía que su madre no reaccionaba frente a sus advertencias. “Hubo un tiempo en que me quedé callada porque mi mamá no hacía nada, a los 10, sentí que mi cuerpo estaba agotado”, dijo ante las especialistas. Esa frase fue incorporada para mostrar el efecto acumulado de los abusos en su salud física y emocional.
Avance de la causa y pedido de arresto domiciliario
Con todos estos elementos, la fiscalía sostuvo que existían riesgos procesales tanto respecto de la madre como del padre de la menor. En el caso de ella, se ordenó la prisión preventiva por “cooperación” en delitos contra la integridad sexual, ante la posibilidad de que se fugara o interfiriera con el avance de las pesquisas. En relación con Marcelo Padilla, el Ministerio Público incorporó a la causa las circunstancias de su intento de ocultamiento previo a la detención, así como el mensaje enviado a su hijo.
En los últimos días, la defensa de uno de los imputados presentó un pedido formal para que se le otorgue el beneficio del arresto domiciliario. La solicitud fue ingresada el 10 de febrero y tiene como objetivo que el acusado cumpla la detención en su domicilio, bajo supervisión, mientras continúa el trámite de la causa. El planteo quedó a consideración de la Justicia, que deberá resolver si mantiene la prisión preventiva efectiva o habilita el cambio de modalidad.
Mientras se analiza ese pedido, la Fiscalía Penal 2 sigue trabajando con los informes del Cuerpo de Investigaciones Fiscales, los estudios médicos y los testimonios tomados a lo largo de la instrucción. La causa permanece en etapa de investigación, con los tres principales acusados imputados por distintos hechos de abuso y con la niña bajo seguimiento de equipos especializados del sistema de salud.

