A dos décadas de la fuga de Marcelo Alejandro Torrico del penal de Villa Las Rosas, el caso sigue siendo uno de los episodios más recordados de la crónica policial de Salta. La evasión ocurrió en la madrugada del 1 de enero de 2006, mientras cumplía prisión perpetua por el crimen de los hermanos Octavio y Melani Leguina, y derivó en una extensa búsqueda que terminó meses después en la Ciudad de Buenos Aires. Los detalles del operativo, las sospechas sobre personal penitenciario y el impacto social mantienen vigente el debate en torno al funcionamiento del sistema carcelario.
A 20 años de la fuga de Torrico del penal de Villa Las Rosas, el expediente continúa presente en la memoria colectiva de Salta por dos motivos centrales: el asesinato de los hermanos Octavio y Melani Leguina y las dudas que quedaron en torno al accionar de parte del personal penitenciario durante el escape. La evasión ocurrió en pleno festejo de Año Nuevo de 2006 y derivó en una de las persecuciones de prófugos más prolongadas de la provincia, que recién terminó a fines de agosto de ese mismo año en la estación Retiro, en la Ciudad de Buenos Aires.
El trasfondo de esta historia es el crimen que tuvo como víctimas a los dos chicos Leguina, quienes asistían a La Casita de Belén, un espacio comunitario del barrio San José donde se brindaba comida y merienda a niños de familias con necesidades básicas. Con el paso del tiempo, la vinculación de los menores con ese lugar solidario y las circunstancias del asesinato consolidaron el rechazo social hacia Marcelo Alejandro Torrico, que llegó a ser señalado entre los presos más repudiados por la sociedad salteña.
Cuando se produjo la fuga, el condenado estaba alojado en Villa Las Rosas cumpliendo prisión perpetua. Compartía celda con otro interno, Diego Enríquez. Ambos abandonaron el penal aquella madrugada y se marcharon de la ciudad en plena investigación judicial, lo que generó un fuerte eco mediático y una rápida reacción de las autoridades de seguridad.
La fuga de Torrico en Año Nuevo y la ruta de escape hasta Bs.As
La fuga de Torrico se concretó durante la madrugada del 1 de enero de 2006, mientras gran parte de la ciudad celebraba la llegada del nuevo año. En ese contexto de ruido de cohetes y reuniones familiares, dentro del penal se habría activado un plan que, según las reconstrucciones posteriores, contó con colaboración interna. La evasión de Año Nuevo se transformó en el inicio de casi ocho meses de búsqueda intensa en distintas provincias del país.
En los primeros días tras la fuga, la versión oficial que se difundió indicaba que Torrico había logrado sortear las medidas de seguridad saltando una tapia del penal. Esa explicación se mantuvo durante años como el relato predominante sobre cómo habría escapado del predio carcelario. Sin embargo, con el tiempo surgieron otros datos que pusieron en duda ese esquema inicial y abrieron una discusión sobre la participación de personal penitenciario.
Fue el propio Torrico quien, en una declaración posterior, aseguró que no había huido por el muro sino que “salió por la puerta principal, luego de que un guardiacárcel le retirara el candado”. Según su relato, la salida se habría dado sin alarmas internas, ni persecuciones inmediatas, lo que convirtió la fuga en una retirada directa hacia el exterior del penal, sin obstáculos visibles.
De acuerdo con la información que se conoció con el correr de las investigaciones, las miradas se posaron sobre un agente penitenciario identificado por el apodo de “el amigo”. Ese funcionario fue señalado como quien habría abierto el pabellón donde estaban alojados Torrico y Enríquez, presuntamente a cambio de beneficios económicos y bienes materiales como televisores y una motocicleta. El acceso, según esas versiones, fue liberado alrededor de la medianoche, lo que permitió que los internos abandonaran sus celdas.
De de Villa Las Rosas al barrio Santa Ana y el viaje hacia Retiro
Una vez que dejaron el pabellón, los dos reclusos habrían seguido con el plan desplazándose por los techos de Villa Las Rosas hasta salir del predio. Fuera del penal, se dirigieron hacia el barrio Santa Ana, donde Torrico mantenía una relación de pareja. En esa vivienda reunieron distintas pertenencias y organizaron la salida de Salta, con rumbo a Buenos Aires, mientras avanzaban las primeras medidas judiciales y administrativas para esclarecer la fuga.
La presencia de Torrico fuera de la provincia generó una búsqueda que se extendió durante casi ocho meses. En ese lapso, las autoridades de seguridad dispusieron operativos y controles en distintos puntos del país, mientras que se multiplicaron las consultas de vecinos e investigadores sobre su posible paradero.
Impacto político, recompensa y captura de Torrico en Retiro
La fuga de Torrico tuvo un fuerte impacto en la agenda pública, tanto por el antecedente del crimen de los hermanos Leguina como por las sospechas de colaboración interna en el penal. Ante la gravedad del episodio, el Gobierno de Salta ofreció una recompensa de 50 mil pesos para quien aportara datos concretos que permitieran ubicar al prófugo. Durante ese período, el condenado fue incluido entre los delincuentes más buscados del país.
La detención finalmente se produjo a fines de agosto de 2006, en la estación de trenes de Retiro, en la Ciudad de Buenos Aires. Torrico fue reducido por personal de la Policía Federal en momentos en que intentaba cometer un robo en un local de venta de teléfonos celulares dentro de la terminal. El procedimiento se concretó luego de tareas de seguimiento y trabajos de inteligencia que se venían realizando desde hacía varios meses.
Tras su captura, se organizó el operativo de regreso a Salta bajo estrictas medidas de seguridad. Para el traslado se utilizó un avión provincial, en el que viajó custodiado por personal policial y judicial. En esa instancia intervino el doctor Duwa, mencionado como responsable de acompañar el retorno del condenado desde Buenos Aires hasta la provincia.
Tiempo después de la recaptura, se conocieron nuevos testimonios sobre cómo fueron esos momentos. En una entrevista emitida poco más de un año después, en el programa televisivo “Somos la Mañana”, el licenciado en seguridad y exdirector de investigación de la policía, Vicente Cordeyro, quien había trabajado como custodio del detenido, recordó el reencuentro. Relató que, según su experiencia, “cuando le quitaron las esposas, Torrico se abalanzó, abrazó y agradeció. Dijo que en la cárcel debía favores y que temía ser asesinado”.
En paralelo, se supo que su excompañero de celda en Villa Las Rosas, Diego Enríquez, también había logrado huir aquella noche del penal. A diferencia de Torrico, cumplió su condena y, de acuerdo con lo informado en su momento, se encontraba próximo a recuperar la libertad.

