A 50 años del secuestro de Miguel Ragone en Salta, ocurrido el 11 de marzo de 1976, el paradero del exgobernador sigue siendo un misterio. Aunque la Justicia federal determinó responsabilidades por el secuestro y desaparición, nunca se pudo establecer qué pasó con su cuerpo ni cuál fue su destino final. El caso, que tuvo lugar en la capital salteña y derivó en un fuerte impacto político y social, continúa abierto en la memoria colectiva y se mantiene como uno de los hechos más significativos de la historia reciente de la provincia.
El operativo del 11 de marzo de 1976 y el violento secuestro en plena calle
La mañana del jueves 11 de marzo de 1976, el médico y exgobernador salió de su casa de Pasaje Gabriel Puló, en la ciudad de Salta, manejando su Peugeot 504 para ir a trabajar. De acuerdo con los testimonios recogidos entonces, a pocos metros de su domicilio comenzó a ser seguido por dos autos: un Chevy rojo o anaranjado y un Ford Falcon gris, en los que viajaban varios hombres.
Según relataron testigos, los vehículos lo alcanzaron sobre calle Del Milagro, donde se produjo la emboscada. Los autos lo cruzaron, lo chocaron y lo obligaron a frenar. Varios hombres bajaron de uno de los rodados, lo sacaron por la fuerza del Peugeot y lo pasaron al asiento del acompañante, mientras otro de los atacantes tomaba el volante. En medio del forcejeo, uno de los mocasines de Ragone quedó tirado en el pavimento, detalle que después sería clave en la reconstrucción.
En la vereda de una pequeña despensa de calle Del Milagro estaba Santiago Arredes, de 66 años, quien alcanzó a ver parte de la secuencia. Uno de los captores le disparó directo al pecho y lo mató en el lugar. Arredes era comerciante y hermano de Roberto Arredes, integrante de la cúpula de la Policía de la provincia y Comisario Inspector. Esa relación familiar llevó a suponer que el comerciante podría haber reconocido a alguno de los atacantes, lo que explicaría la violencia con la que fue asesinado.
Minutos después, las balas también alcanzaron a una trabajadora de la zona. Se trataba de Margarita Martínez de Leal, empleada de la empresa Bettella, quien al escuchar los tiros salió de su oficina para ver qué pasaba. Fue herida de gravedad y trasladada de urgencia al Hospital San Bernardo, donde quedó internada.
Los testigos coincidieron en que los hombres que participaron del secuestro vestían de manera elegante, se movieron con rapidez y actuaron con precisión, como si se tratara de un operativo planificado al detalle. Tras el ataque, los vehículos escaparon por calle Gurruchaga hasta empalmar con la avenida Yrigoyen rumbo al sur. Delante iba el Peugeot 504 con Ragone en el asiento del acompañante, custodiado por dos hombres, mientras un tercero manejaba. Detrás, el Chevy y el Falcon siguieron la marcha, con ocupantes que parecían ir fuertemente armados.
Hallazgo de los autos, versiones sobre el cuerpo y primeras medidas judiciales
Pocas horas después del secuestro de Miguel Ragone, el Peugeot 504 apareció abandonado en el conocido “camino del matadero” de Cerrillos, la traza que actualmente vincula la RN68 con la RP49. Dentro del vehículo se hallaron dos pertenencias del médico: un mocasín y un llavero. El auto fue retirado de inmediato y llevado a la ciudad para quedar resguardado en la Seccional Primera.
Al mediodía de ese mismo día, el hijo del exgobernador, Miguel Ragone (h), se presentó en la Central de Policía y radicó formalmente la denuncia por el secuestro. Para entonces ya se habían desplegado amplios operativos y rastrillajes en distintos puntos del Valle de Lerma, que se intensificaron a partir de la denuncia familiar y de la conmoción que generó el caso.
En el marco de esos operativos, una patrulla policial encontró un auto abandonado en un camino de Coronel Moldes, cerca del embalse Cabra Corral. Era el Chevy que, según los testigos, había intervenido en el operativo de captura. Ese hallazgo alimentó una versión que comenzó a circular con fuerza en ámbitos policiales: que Ragone habría sido ejecutado y su cuerpo arrojado al embalse Cabra Corral, entonces en pleno proceso de llenado.
Periodistas de la época consignaron que, en los pasillos de la Policía, se repetía que el cuerpo del exgobernador estaba en el fondo del dique, lo que explicaría la presencia de buzos trabajando en la zona. Al mismo tiempo, en círculos políticos se mencionaban otras posibles localizaciones del cadáver: hornos de cal en La Merced o San Agustín, entierros clandestinos en cementerios del Valle de Lerma o incluso en la provincia de Tucumán. Ninguna de estas hipótesis fue confirmada por las investigaciones posteriores.
Setenta y dos horas después del secuestro fue encontrado el tercer vehículo señalado por los testigos: el Falcon gris que también habría integrado el operativo. El auto fue hallado en la ruta a Cafayate. Para entonces, el paradero de Ragone ya era totalmente desconocido y su cuerpo nunca fue encontrado, ni en Cabra Corral ni en otros de los lugares mencionados.
La causa judicial y la condena al entonces jefe de Policía
Recién 35 años después del secuestro, en noviembre de 2011, la Justicia federal avanzó con una definición clave. En esa fecha, se determinó la responsabilidad del entonces jefe de Policía de Salta, Miguel Raúl Gentil, por el secuestro y desaparición del exgobernador. Gentil ocupaba la jefatura de la fuerza el día del operativo y, según registros de la época, ya en la noche del 11 de marzo de 1976 había informado que en esa jornada se habían detenido 700 personas, alojadas en distintas dependencias policiales.
La causa judicial se concentró en reconstruir los movimientos de esa mañana del 11 de marzo y el accionar de los grupos que participaron en el secuestro. El foco estuvo puesto en los autos utilizados, las rutas de escape, las versiones que circularon sobre Cabra Corral y otros puntos del Valle de Lerma, además de la cadena de mandos que pudo haber intervenido. Pese a la condena a Gentil y a la reconstrucción parcial de los hechos, el destino final de Miguel Ragone sigue sin aclararse medio siglo después.
Impacto político, trayectoria de Ragone y vínculos con Salta
El secuestro se produjo dos días antes de las internas del Partido Justicialista de Salta, previstas para el 14 de marzo de 1976. Ragone competía por la presidencia partidaria encabezando la lista “Lealtad y Lucha-Lista Verde”. La consulta interna finalmente fue suspendida y no llegó a realizarse, en medio de un clima político cada vez más tenso en todo el país.
En esos días, los principales diarios y radios locales registraron un rechazo generalizado al secuestro en la ciudadanía salteña y en gran parte del arco político provincial. En el plano partidario, el Consejo Nacional del Justicialismo y el Triunvirato Reorganizador de Salta hicieron público su repudio al hecho y resolvieron la suspensión del acto electoral del 14 de marzo. También se pronunciaron en contra la CGE, la CGT, las 62 Organizaciones y la mayoría de las fuerzas políticas con presencia en la provincia.
El hecho ocurrió exactamente tres años después de que Ragone hubiera sido elegido gobernador de Salta. En aquellas elecciones provinciales había competido con Ricardo Durand, Miguel Ángel Martínez Saravia y Héctor Cornejo D’ Andrea, logrando una victoria amplia. Otro dato que se remarca al repasar el caso es el vínculo entre Ragone y la víctima fatal de la despensa: Santiago Arredes no solo era comerciante, sino también uno de los fundadores del Club Atlético Libertad, institución en la que el exgobernador había ocupado la presidencia en varias oportunidades. Arredes tenía el número de socio 9 en ese club.
En cuanto a su trayectoria personal, los datos biográficos muestran que Miguel Ragone se dedicó principalmente a la medicina y a la gestión sanitaria. Había nacido en Tucumán el 15 de enero de 1921, donde cursó la primaria y la secundaria. Luego se trasladó a Buenos Aires para estudiar en la Universidad de Buenos Aires, donde se recibió de médico y se especializó en neurocirugía.
Más tarde se radicó en Salta, donde asumió la dirección del Hospital Nacional Neurosiquiátrico “Christofredo Jakob”, centro de salud que en la actualidad lleva su nombre. Se casó con Clotilde Suárez y tuvo cuatro hijos: Clotilde, Alfonso, Miguel y José. Su llegada al gobierno provincial se produjo el 25 de mayo de 1973, cuando inició su mandato como gobernador con una mayoría amplia en la Legislatura.
Con el correr de los meses, ese respaldo legislativo comenzó a debilitarse y, en noviembre de 1974, el Poder Ejecutivo Nacional dispuso la intervención federal de Salta. Menos de dos años después, el 11 de marzo de 1976, se concretó el secuestro que, 50 años más tarde, continúa sin una respuesta definitiva sobre su desenlace.

